Alfred Hitchcock llevaba más de medio centenar de películas a sus espaldas cuando decidió reinventarse. Acababa de rodar Marnie, la ladrona y quería hacer un cambio radical en su carrera y en el mundo del cine. Pero no pudo llegar a hacerlo. Hollywood no se lo permitió.

El proyecto con el que iba a remover los cimientos del cine no tenía un título claro. Pudo ser Frenzy (lo utilizaría después en su penúltima película, Frenesí en España) o Little boy, pero acabó siendo más conocido como Kaleidoscope.

El protagonista iba a ser un asesino en serie cotidiano, basado en varias figuras históricas pero sobre todo en la de Neville Heath, un militar que fue ejecutado por el asesinato de al menos dos mujeres. Hitchcock iría más lejos y rodaría tres asesinatos, con toda su crudeza y de la forma más explícita posible.

Tres asesinatos

El primero de ellos tendría lugar en un bosque, junto a una cascada. El segundo, en un barco de guerra abandonado. Y el tercero, en una refinería. Éste último sería una trampa de la policía, que colocaría a una agente en el lugar de la víctima para tratar de atrapar al asesino.

Hitchcock trabajó en este proyecto durante tres años, entre 1964 y 1967. Redactó completa notas y llegó a rodar cuatro rollos de película, con los que intentó convencer a la Universal de la importancia de un tipo de filme que nadie hasta entonces se había atrevido a rodar.

El estudio no entendió la dimensión del propósito de Hitchcock y tumbó el proyecto. Veía demasiada violencia, sexo y desnudos. Lo veía demasiado explícito. No entendía que el protagonista fuera un asesino, con el que, creían, el público no podría sentirse identificado.

Actores desconocidos

El director británico propuso rodar la película con un coste inferior a un millón de dólares y con actores desconocidos para que el presupuesto no se disparase, pero de nada sirvieron sus argumentos. Kaleidoscope nunca llegó a terminarse y nunca fue la revolución del cine que a Hitchcock le hubiera gustado.

No pasaron muchos años hasta que la violencia y los protagonistas al margen de la Ley comenzaron a ser habituales en el cine. Bonnie y Clyde fue una de las primeras películas en apostar por ese camino y Sam Peckinpah uno de los directores que hizo de la violencia un arte.

El propio Hitchcock dejó después pinceladas de lo que había pretendido, en un tono mucho más ligero, en sus últimas películas, sobre todo en Frenesí, donde su protagonista fue un asesino de mujeres.

"Asesinatos domésticos"

Algunos de nuestros más exquisitos asesinatos han sido domésticos, ejecutados con delicadeza en lugares sencillos y hogareños como la mesa de la cocina”, dijo Hitchcock en 1974, en un discurso que pronunció ante la Asociación del Cine del Lincoln Center de Nueva York. Exactamente eso fue lo que quiso plasmar en Kaleidoscope.

No se conocieron muchos detalles de la película hasta finales de la década de los 90, cuando Dan Auiler consiguió un permiso para sumergirse en los archivos de Hitchcock que su hija Patricia había donado a la Academia de Cine norteamericana. El resultado de su investigación se plasmó en el libro Hitchcock’s secret notebooks, editado en 1999.

Hitch escribió el guión

Así supimos que Hitchcock contactó con varios guionistas para elaborar el proyecto y se decantó finalmente por Benn Levy, con quien había trabajado en su etapa inglesa, concretamente en La muchacha de Londres. El guión que éste le remitió disgustó profundamente a Hitchcock, quien se puso él mismo a escribirlo.

Envió el resultado a su amigo François Truffaut, y aunque durante mucho tiempo se pensó que el director francés no se sintió cómodo con los elevados niveles de violencia y desnudos, no es una creencia del todo correcta.

Nada de "detalles innecesarios"

No me preocupa demasiado porque sé que rodarás esas escenas con auténtico poder dramático y que no te recrearás en detalles innecesarios”, le dijo en una carta, tal y como se relata en el libro de Auiler.

De Kaleidoscope nos han llegado las notas del gran director y algunos fragmentos sin sonido del material rodado, que se pueden ver en los documentales Reputations: Alfred Hitchcock y Dial H for Hitchcock, ambos de 1999.