La segunda mitad de la vida es una etapa ampliamente estudiada pero, sin embargo, poco considerada en cuenta por los adultos. Creemos que la adultez nos vuelve maduros, coherentes y sabios, y que ya no tenemos que atravesar crisis existenciales como en la adolescencia. Nada más lejos de la realidad.

Se considera “mediana edad” al baremo entre los 35 y los 50 y muchos años. Entre esas edades, muchas personas, por no decir la amplia mayoría, atraviesan tarde o temprano por una crisis de identidad que puede llevarles a replantearse su vida pasada y futura de manera más o menos drástica. Lo que en las mujeres suele pasar disfrazado por el cambio hormonal de la menopausia, en los hombres es habitualmente obviado, cuando realmente son los que más acusan ese tránsito de etapas, psicológicamente hablando.

Jung y la crisis de la mediana edad

Carl Jung (1875-1961), el reconocido psiquiatra, psicólogo, escritor y filósofo, investigó y profundizó en la llamada “crisis de la mediana edad”, a la que dedicó un significativo lugar en sus obras.

Decía Jung que la mediana edad es “el atardecer de la vida” y que es tan importante como “la mañana”, es decir, la adolescencia y juventud, pero regida por distintas leyes. De ese modo, tanto para Jung como para muchos otros estudiosos de esa etapa de la vida humana, esos son años en que la persona sufre cambios tanto físicos como psicológicos de vital trascendencia.

Jung escribió que, en esa fase, es relevante darse cuenta de esos cambios, admitirlos y asumirlos como un capítulo más de la vida, y no dejarse llevar por los miedos e insatisfacciones recurrentes que surgen durante esos años de cambios físicos y mentales Es un tiempo no solo de cambio, sino de reajuste de la propia imagen y la propia experiencia. Es cuando, el individuo, empieza a preguntarse qué ha hecho con su vida, quién es y hacia dónde va y, desde luego, hacia dónde quiere ir realmente.

Según Jung, la primera mitad de la vida mantiene al ser humano ocupado en formarse y autoafirmarse, dejando de lado esa otra parte inconsciente que él llama “el ánima o el ánimus”, y que relaciona con los arquetipos maternal y paternal; la segunda mitad de la vida es el momento en que el ánimus y el ánima, esa parte espiritual inconsciente, “en sombra”, vuelve a resurgir y debería ser reconocida y reintegrada en la personalidad del individuo, para poder renovarse y seguir creciendo.

Para Jung, la pregunta correcta ante la crisis, o cambio, de la mediana edad no sería la de “¿qué ha pasado?”, sino la de “¿qué quiero que pase?”. Es decir, Jung aboga porque, ese periodo de la vida, es cuando cada uno de nosotros intenta integrar sus sueños acallados, su potencial negado y sin realizar, sus verdaderos deseos para su vida, a ese “yo” que ha ido forjando durante los primeros años. Es la hora de sentirse uno mismo, de reconocerse, desarrollarse y madurar como ser humano completado.

Buena crisis, mala crisis

Carl Jung decía sobre la crisis de la mediana edad: “Desde la mitad de la vida hacia adelante, solo permanece vital aquel que está preparado para morir con vida.”. Eso significa que, en esa etapa de cambio de visión de las cosas, de renovación de la personalidad, los gustos y las actitudes, quien la supera exitoso es quien admite el final de otras etapas pasadas y acoge con serenidad la siguiente.

Por el contrario, hay personas a quien esa crisis de identidad les confunde e inquieta, pensando en la vejez como algo próximo e inasumible, hasta el punto de que desean volver a la juventud, adoptando actitudes y formas de vestir y comportarse meramente juveniles, que les hacen verse desfasados y no hacen más que complicar su transición a la edad madura. Otros, reaccionan en actitud de huída, y rompen con sus costumbres, su hábitat o incluso sus círculos familiares o sociales. De ahí que exista un alto índice de divorcios, repentinos e incomprensibles para los allegados, en hombres de esa franja de edad. Y algunas personas llevan ese darse cuenta de la nueva etapa al ámbito de la desilusión, la desgana y el sentirse fracasados o insignificantes, o demasiado “viejos” para seguir soñando y teniendo nuevos proyectos, lo que conlleva un encerrarse en sí mismo, renegar del mundo y temer la llegada de enfermedades, la senectud o la muerte.

Película de W. Dyer sobre la mediana edad

Sobre cómo encarar la llegada de una crisis de la mediana edad, el famoso psicólogo, escritor y conferenciante Wayne Dyer, autor del popular libro de autoayuda Tus zonas erróneas, protagonizó una película, el pasado año 2010, bajo el título de El Cambio (The Shift), en la que da una guía práctica e intimista de cómo hacer frente a esas inquietudes y desencantos que pueden presentarse ante la inminencia de la segunda parte de una vida, no siempre satisfactoria. A través de tres historias centrales, paralelamente a una entrevista con el autor, se muestra las reacciones de unos personajes de diversas circunstancias y entornos sociales, y cómo acaban comprendiendo que la madurez no es una renuncia a los sueños de juventud, ni un declive hacia la vejez, sino un nuevo comienzo desde la coherencia, la retrospección y la ilusión madurada.

Y es que, como hemos dicho tantas veces, la palabra “crisis” no es de ningún modo símbolo de caos o malestar, sino de “cambio”, “oportunidad” y conocimiento. Volviendo a Carl Jung, podría aplicarse a lo anterior ésta brillante frase: “Aún una vida feliz no es factible sin una medida de oscuridad, y la palabra felicidad perdería su sentido si no estuviera balanceada con la tristeza. Es mucho mejor tomar las cosas como vienen, con paciencia y ecuanimidad.”