Hija de François Clary, rico comerciante de sedas, Julia fue bautizada en Marsella el mismo día que nació, un 26 de diciembre de 1771. No podía imaginar entonces su orgulloso padre que la recién nacida llegaría a ser la esposa de un Bonaparte y ocuparía por ello los tronos de Nápoles y España, disfrutando también del título de princesa imperial francesa.

La familia Bonaparte y los Clary

Ambas familias se conocieron en la misma ciudad de Marsella, a donde llegaron los Bonaparte huyendo de los sangrientos acontecimientos que en 1793 asolaban su Córcega natal.

Los Bonaparte no vivían una situación económica desahogada en esos años. Eran exiliados corsos en una ciudad convulsa tras la revolución.

Los Clary, por su parte, gozaban de una buena posición económica, pero la revolución afectaba a todos. Por ello, cuando José, hermano mayor de Napoleón, medió en la liberación del primogénito de los Clary, éstos no dudaron en abrirles las puertas de su casa, estableciéndose poco tiempo después fuertes lazos familiares entre ellos.

Julia Clary contrajo matrimonio con José Bonaparte el 1 de agosto de 1794, en una ceremonia celebrada en la iglesia de la localidad provenzal de Cuges-les-Pins, trasladándose ambos después al château Sallé, cerca de Antibes, donde habitaban la madre y las hermanas del novio.

Napoleón no pudo asistir a la boda por estar cumpliendo entonces una misión encomendada por la Convención Nacional, pero el matrimonio contaba con sus bendiciones, pues a la importante dote aportada por Julia Clary se unía la excelente posición social de la familia, que disponía de interesantes contactos comerciales, una ventaja a tener en cuenta para las ambiciones del futuro emperador. Había otras razones para mantenerse cerca de la familia Clary, y una de ellas era Désirée, la hermana pequeña de Julia, cortejada por Napoleón durante un tiempo pese al rechazo de la matriarca de los Clary, para quien con un Bonaparte en la familia ya había bastante.

La defensa militar de Napoleón del ataque al Palacio de las Tullerías en 1795, que a punto estuvo de acabar con lo conseguido por la Revolución Francesa años antes, aseguraron su ascendente posición. A partir de este momento, las vidas de José Bonaparte y su esposa Julia irán unidas a la del futuro emperador.

Tras la victoria de Austerlitz (1805), Napoléon se autoproclama rey de Italia y nombra a su hermano José monarca del reino de Nápoles, donde Julia y José Bonaparte sólo residirán dos años, pues las nuevas conquistas del ya emperador francés les convierten en reyes de España. En Nápoles son sustituidos por Murat, esposo de Carolina, una de las hermanas pequeñas de Napoleón y José.

Reyes de España

Comenzaba para Julia Clary una nueva vida como reina de España, aunque nunca llegó a conocer este país. El deseo de José I de afincarse él primero en Madrid para luego recibir a su esposa en una corte formada a su estilo en una capital en paz, no se produjo nunca. La llegada del hermano de Napoleón a España recrudeció la conocida como Guerra de la Independencia.

El sentimiento antifrancés de los españoles, que no aceptaban un rey impuesto desde fuera, y que tan cruelmente plasmó Francisco de Goya en sus pinturas, era muy intenso. No era un buen momento para que la esposa de José I se trasladase con dos niñas pequeñas, Zenaida y Charlotte, de siete y seis años de edad entonces. Ya habían sufrido bastante con la muerte, poco después de nacer, de su primera hija, Julia Josefina.

Su marido había recibido el apodo de “Pepe Botella” y Julia Clary el de “reina intrusa”, no siendo reconocida por muchos historiadores, que ni siquiera la incluyen en la lista de las reinas de España. Fue la primera consorte real española que no pertenecía a la nobleza, de cuyos miembros recibió duras críticas pese a no haberla conocido nunca, aunque no por ello dejaron de asistir a las fiestas palaciegas que el rey José I organizaba en Madrid con ocasión del cumpleaños de su esposa. Fue una reina ausente, pero no olvidada. Mantuvo una constante correspondencia con su esposo, pese a los rumores ciertos, de las continuas infidelidades de José I.

Una de sus amantes fue María Teresa Montalvo, una hermosa viuda cubana que murió joven. Después la hija de ésta captó el interés de rey, que también cortejó a nobles y cantantes de ópera. Entretanto la nueva reina española residía en el Palacio de Luxemburgo, en París, donde su carácter discreto y elegante estaba al servicio de su lejano marido.

Durante esos años, fue Julia el enlace entre José I y su hermano Napoleón, que no permitió el abandono del trono español que ambos le pidieron en 1811 cuando se reunieron en París tras el bautizo del primer hijo varón del emperador. El fracaso de esta petición volvió a separarles. Julia siguió en París, mientras José se trasladó nuevamente a España donde el rechazo a su persona aumentaba día a día hasta hacerse insoportable en 1812, tras la constitución de las Cortes de Cádiz.

La guerra acabó con la firma del Tratado de Valençay en 1813, que permitía el regreso de Fernando VII como soberano a España y la vuelta de José I a Francia.

No llegó a París con las manos vacías, ya que a las numerosas obras de arte confiscadas en los palacios españoles se sumaban varias joyas, entre ellas la famosa perla conocida como “la peregrina”, que pertenecían a la Corona Española y fueron entregadas por el ayuda de cámara de José Bonaparte a su esposa Julia Clary.

El exilio de los Bonaparte

Una nueva etapa comienza para ambos cuando José es nombrado lugarteniente del Imperio, cargo que le convertía en emperador de Francia en ausencia de Napoleón. No permaneció mucho tiempo en él, ya que tras la firma del Tratado de Fontainebleau en 1814 y el exilio del emperador a Elba, su familia hubo de abandonar Francia.

José y Julia se trasladaron a Suiza, aunque no estuvieron mucho tiempo juntos, ya que él se instaló Estados Unidos, donde gracias a lo confiscado en España pudo vivir con holgura durante algún tiempo bajo el nombre de conde de Survilliers, el mismo título que usó Julia Clary durante su exilio en Suiza, donde permaneció hasta su traslado a Florencia. Allí murió a los 74 años de edad, un año después que su esposo José, fallecido también en esta ciudad italiana, y cuyo cuerpo fue trasladado a una sepultura permanente en Los Inválidos en París. Julia Clary fue enterrada en Florencia, en la Iglesia de la Santa Croce, junto a su hija Charlotte, que había muerto años antes.