Una de las enormes virtudes de Juego de tronos es que no ha perdido nada de aquello que hace de ella una gran serie y, al mismo tiempo, ha ido corrigiendo algunos defectos que tenía. Walk of Punishment confirma esas sensaciones. ¿Que faltan sucesos trascendentes? No hay más que ver el final de este capítulo. ¿Que hay personajes que no se han adaptado con justicia? Se arregla poco a poco, como está sucediendo con Robb Stark. Y todo ello manteniendo el vigor en los diálogos, los de Tyrion sobre todo, y la espectacularidad en los escenarios, los que rodean a Daenerys por encima de los demás.

'Walk of Punishment', espléndido comienzo, gran final

Walk of Punishment (Camino de castigo) es el título del tercer episodio de la tercera temporada de Juego de tronos. David Benioff, uno de los creadores de la adaptación televisiva de las novelas de George R. R. Martin, debuta como director en el único episodio de esta temporada en la que se colocará detrás de las cámaras. El guión es de Benioff y D. B. Weiss, como en el primero de esta tanda, Valar Dohaeris, y en otros catorce de las dos primeras.

De este tercer episodio, impactan el comienzo y el final. Son la mejor muestra de que estamos ante una fantasía sucia y violenta, alejada del brillo de las armaduras y los combates estilizados. Cruenta en sus hechos y en sus imágenes. Adulta en todos los sentidos. Y, como saben los lectores de los libros, el drama comienza una escalada inmensa justo en la parte de Tormenta de espadas que se adapta en esta temporada de la serie. Será difícil superar el formidable impacto que provoca el final de este episodio, aunque hay material en las novelas para hacerlo.

Los límites del sexo

Este tercer episodio también dará argumentos para el debate en torno la gratuidad del sexo y los desnudos de la serie. Viendo otros aspectos que se quedan en las páginas del libro y no llegan a la pantalla, la larga escena de Tyrion (Peter Dinklage) y Podrick (Daniel Portman) con las prostitutas de la casa de Lord Petyr Baelish (Aidan Gillen) se antoja bastante superflua e innecesaria. Gratuita, sin duda, y un reclamo sexual para que se hable de la escena y de la serie.

Lo cierto es que no necesitaba una escena así porque, sin ella, se puede decir que este tercer episodio es el mejor de lo que llevamos de tercera temporada. Por la cantidad de hechos trascendentes que acontecen en sus 54 minutos, por la forma en que aparecen plasmados y por lo bien repartidos que se encuentran entre los diferentes y cada vez más dispares escenarios que aparecen en Juego de tronos.

La mejora de Robb, la continuidad de Tyrion

A Robb Stark (Richard Madden) le ha pesado tener en la serie más edad de la que tenía en los libros porque ha perdido peso y presencia. La tercera temporada le está dedicando tiempo para restaurar ese fallo en la adaptación. Después de que fuera aclamado como Rey en el Norte hace ya muchos episodios, puede que sea en éste cuando por fin se le vea en su pose más regia y trascendente. Tanto su madre, Catelyn Stark (Michelle Fairley), como su esposa, Talisa (Oona Chaplin), se benefician de este lavado de imagen.

Si en este aspecto hay ganas de agradar al aficionado a Canción de Hielo y fuego, con Tyrion Lannister, aún lamentando la exagerada sutileza de su herida en el rostro, hay una continuidad formidable. Otra vez, y ya van muchas, la mejor escena del episodio es suya. La tensión que se respira, sin necesidad de diálogos en la formación del consejo en torno a Tywin Lannister (Charles Dance) es formidable. Como también la evolución del personaje de Jaime (Nikolaj Coster-Waldau), que crece episodio a episodio.

Espectacularidad en torno a Daenerys

Ausente en el segundo de esta temporada, Dark Wings, Dark Words, Daenerys (Emilia Clarke) vuelve a lo grande. En primer lugar, porque la planta que tiene es cada vez mayor, sobre todo ahora que cuenta con la compañía de Jorah (Iain Glenn) y Barristan (Ian McElhinney). No le hacen falta ni sus dragones, al menos no visualmente, para que sus escenas sean espectaculares. Los escenarios en que se está desarrollando su parte de la historia son sublimes y están formidablemente utilizados.

También espectacular, por la acción, es la presencia en este episodio de Theon Greyjoy (Alfie Allen). Su trama es la que más se ha decidido avanzar en la serie con respecto a los libros y constituye ahora mismo el mayor misterio de la serie. Con cambios o sin ellos, su parte de la historia está resultando atractiva en esta tercera temporada. Y esa misma impresión deja lo que sucede más allá del Muro. Lo que se ve es tan impactante como lo que se intuye que sucederá o ya ha sucedido fuera de cámara. La imagen más impactante del episodio, además de su final, está en este escenario.

Decepciones y confirmaciones

Menos encanto tiene ya el personaje de Stannis Baratheon (Stephen Dillane), menos noble de lo que se le intuye en la página impresa y de momento la mayor decepción de los últimos episodios. No exactamente una decepción pero sí un problema se ve ya con la edad de los actores más jóvenes. Arya Stark (Maisie Williams) es el personaje en la que se evidencia de forma más clara. Ya no parece la niña capaz de hacerse pasar por un niño que describen los libros.

La mejor noticia que deja Walk of Punishment es que se confirma que la serie mantiene el nivel y las expectativas de que lo que está por venir, lo que cuenta George R. R. Martin de aquí en adelante, encuentre una adaptación fiel y sólida. A pesar de sus defectos, Juego de tronos sigue siendo la mejor muestra de fantasía realista que se ha visto en los últimos tiempos, sea en cine o en televisión.