Con cierto sabor de decepción se puede evaluar el octavo episodio de la segunda temporada de Juego de tronos, la serie de la HBO basada en las novelas de Canción de hielo y fuego escritas por George R. R. Martin. Y es que si al final del séptimo todas las tramas parecían haber llegado a un punto culminante en el que ya debían estallar, The Prince of Winterfell supone sólo un ligero avance con respecto a aquel. Con las virtudes generales de la serie, pero dejando, de nuevo, con ganas de más.

Escaso avance en ‘The Prince of Winterfell’

The Prince of Winterfell (El príncipe de Winterfell) es el título del octavo capítulo de la segunda temporada de Juego de tronos. Su director es Alan Taylor, que ya se encargó de los dos últimos episodios de la primera temporada y los dos primeros de la segunda. El guión, como en A Man Without Honor y la gran mayoría de las entregas de las dos primeras temporadas, es de los creadores de la serie, David Benioff y D. W. Weiss. El próximo episodio es el que cada temporada se reserva el propio George R. R. Martin.

Juego de tronos siempre mantiene un nivel bastante alto, es una serie técnicamente irreprochable y está formidablemente interpretada. Pero siempre parece estar necesitando un paso más que no termina de llegar. Eso se compensa casi siempre con la inclusión de escenas espectaculares, violentas o trascendentes, y en esta segunda temporada con una más acusada espectacularidad visual, pero no es fácil eliminar la sensación de que todo lo que sucede es una transición. A Man Without Honor dejaba todas las tramas en un momento sin retorno, pero el avance en The Prince of Winterfell es bastante escaso.

Nada nuevo sobre Daenerys

Hay escenas brillantes en este episodio, como es habitual, pero no pasos significativos ni en la historia ni en los personajes, al menos no algunos pasos que cabría esperar conociendo el libro. Especialmente llamativo es el caso de la trama de Daenerys (Emilia Clarke), que sólo tiene una escena en este episodio para reflejar la relación entre la única superviviente de los Targaryen y Ser Jorah Mormont (Iain Glen). Es decir, nada que no se haya ido viendo en esta segunda temporada, e incluso también en el tramo final de la primera. Pasa el capítulo octavo de la segunda temporada y apenas se ha visto a los dragones. Hay que suponer que la escena más espectacular de esta trama no puede demorarse más.

Tyrion vuele a destacar

Y con la vana esperanza de que ésta fuera la trama más cercana al despegue definitivo después de acabar el séptimo episodio, la mirada tiene que volverse al terreno en el que con más seguridad se mueve Juego de tronos: Desembarco del Rey y Tyrion Lannister (Peter Dinklage). Una vez más, el gnomo se apodera de las mejores escenas del episodio, en tonos además tan diversos que casi se puede entender como una compilación de lo que hace grande al personaje y al actor que le da vida con tanta maestría.

Especialmente disfrutable es su tensa conversación con Cersei (Lena Headey), parte de ese odio cruzado que vienen profesándose desde hace algunos episodios. La parte negativa de esa gran escena vuelve a ser lo ya mencionado, que esa parte de su relación ya había quedado establecida en momentos anteriores. Quizá tenga más relevancia ese instante para Cersei, anticipando aspectos de cómo puede ir evolucionando el personaje si la serie respeta lo escrito en las siguientes novelas de George R. R. Martin.

El regreso de Varys

Con el regreso de Varys (Conleth Hill) se cumple otra de las máximas de esta serie, la capacidad de recuperar personajes que han estado hibernando durante algunos episodios con la misma fuerza que tenían antes de irse. Varys es un personaje notable y en esta segunda temporada de la serie, basada en Choque de reyes, su crecimiento tenía que pasar por la interacción con Tyrion. En las pocas escenas que han compartido se ha visto una indudable química. Su conversación sobre los muros de Desembarco del Rey, con la breve participación de Joffrey (Jack Gleason), pasa por ser el mejor diálogo de este episodio.

Junto con algún detalle de esta trama, otra de las que por fin parece avanzar en este octavo episodio es la de Robb Stark. Lejos de poder demostrar su capacidad en el campo de batalla por la ausencia de esas escenas en la serie, la segunda temporada se ha centrado en lo que precisamente formaba parte de las elipsis de las novelas, su relación con Lady Talisa (Oona Chaplin). El avance ha sido lento y, probablemente, no del todo satisfactorio para los aficionados al relato de Martin, pero al menos ya ha dado sus frutos. No así, todavía, el devenir de Jon Nieve (Kit Harrington), que todavía tiene que crecer esta temporada.

Arya y Bran

Los dos hallazgos de la serie con respecto a la novela están en las historias de Arya (Maisie Williams) y Bran. La primera ha encontrado en su interacción con Tywin Lannister (Charles Dance) un magnífico elemento para crecer más allá de las páginas de Juego de tronos. El segundo sólo encuentra protagonismo con cuentagotas en la serie, pero sus escenas suelen ser bastante determinantes. Es un personaje más trascendental de lo que parece para entender muchas de las cosas que suceden en estos instantes, desde las decisiones que adopta Catelyn Stark (Michelle Fairley) a las de Theon (Alfie Allen).

The Prince of Winterfell es un nuevo capítulo de transición, que no consigue sorprender tanto como entregas precedentes de esta segunda temporada y que se mueve sobre una red de seguridad. Desde una perspectiva negativa, cabe dudar sobre el alcance efectivo de los dos últimos episodios, ya que la preparación se extiende demasiado en algunos casos. Desde una vertiente optimista, se puede pensar que hasta aquí han llegado los preliminares y ahora toca disfrutar de algo más de un episodio de clímax constante.