El sexto episodio de la segunda temporada de Juego de tronos, The Old Gods and the New es el esperado punto y aparte en el devenir de la serie, el arranque definitivo del esperado crecimiento de sensaciones. Espectacular, tenso, violento y cargado de momentos inolvidables, es fácil considerarlo como el mejor episodio hasta la fecha, contando también la primera temporada. En especial su primera media hora alcanza niveles extraordinarios, a pesar de las libertades que se toma con respecto a los libros de Canción de hielo y fuego escritos por George R. R. Martin.

David Nutter, director de pilotos

The Old Gods and the New (Los Antiguos Dioses y el Nuevo) es el título del sexto episodio de la segunda temporada de Juego de tronos. Debuta con maestría en la serie David Nutter, veterano realizador televisivo que se dio a conocer dirigiendo episodios de Expediente X y se labró una reputación por encargarse de episodios piloto de series como Dark Angel, Los Soprano o Terminator. Las crónicas de Sarah Connor, además de la cuarta entrega de la aclamada Hermanos de Sangre. El guión de este capítulo corresponde a Vanessa Taylor, que ya escribió la cuarta entrega de esta temporada, Garden of Bones.

Otra batalla perdida

Una de las críticas más repetidas a Juego de tronos es la ausencia de batallas épicas que hagan justicia a Juego de tronos y los siguientes libros de la saga ideada por George R. R. Martin. The Old Gods and the New comienza con una nueva decepción en ese sentido, aunque no tan pronunciada como la vivida con el cuarto capítulo. Sin ser la que se oculta uno de los grandes enfrentamientos de Choque de reyes, una puerta cerrada separa la narración de la acción y recuerda una vez más las limitaciones del medio televisivo a la hora de recrear un mundo tan espectacular como el de Canción de hielo y fuego.

Gran retrato de Theon, Jon Nieve aún espera

Pero, como sucedía en aquel cuarto capítulo, la decepción dura muy poco. Ya desde esa primera escena, el nivel de tensión que adquiere el episodio es desbordante. Más allá de ese primer movimiento, Nutter encuentra formas espectaculares de narrar y convierte a Theon Greyjoy (Alfie Allen) en mejor personaje de lo que llegó a serlo a estas alturas de los libros de Martin. La serie le ha engrandecido, hasta el punto de reflejar a la perfección la eterna contradicción, los miedos y los complejos del apartado heredero de Pike y discípulo renegado de los Stark que quiere honrar a su padre y, en realidad, aspira a parecerse a Ned Stark.

Si esa primera escena en Invernalia ya coloca al espectador al borde del asiento, lo que viene a continuación no desmerece en absoluto. Los impactantes escenarios naturales de Islandia hacen de la acción más allá del muro el mejor método para que el espectador se sumerja en este mundo de fantasía. Jon Nieve (Kit Harrington) es todavía un personaje por crecer, pero su historia engancha. En este capítulo aparece por primera vez Ygritte. La buena interpretación de Rose Leslie no impide la sensación de que su personaje no es tan salvaje como se intuía en el libro. Los próximos capítulos servirán para juzgar esa duda.

Desembarco del Rey y un nuevamente enorme Tyrion

Es la siguiente escena, la que acontece en Desembarco del Rey, la que en realidad eleva el nivel de la serie en todos los aspectos imaginables que puede evaluar en Juego de tronos tanto un espectador ajeno al original literario como un conocedor o aficionado a las novelas de Canción de hielo y fuego. La acción se apodera, por fin, de la pantalla. Los diálogos siguen siendo memorables (ojo, de nuevo, a Tyrion). Se masca el drama, la tragedia y el peligro. Y los personajes crecen con actuaciones memorables que hacen justicia y, en algunos casos, engrandecen las creaciones de Martin en sus novelas.

Si todo eso sucede, Tyrion Lannister (Peter Dinlage) tiene que estar en pantalla. El brutal enfrentamiento entre los Lannister y los hambrientos habitantes de Desembarco del Rey es todo lo que cabía esperarse. Pasan tantas cosas en tan pocos minutos que es aconsejable ver esta escena más de una vez. La rabia de Joffrey (Jack Gleason), el enfrentamiento más que verbal de Tyrion con el rey, el salvajismo de Sandor Clegane (Rory McCann), la crueldad y las nada veladas amenazas de Cersei (Lena Headey) y el pánico de Sansa Stark (Sophie Turner; sin duda, una de las actrices que más ha mejorado) hacen de esta escena, y a pesar de su reducida escala bien disimulada, la mejor de la serie hasta la fecha, la más tensa, violenta y dramática.

Cambios con respecto a ‘Choque de reyes’

La segunda temporada de Juego de tronos se está caracterizando por los visibles cambios con respecto a Choque de reyes, la segunda de las novelas de Martin. Y esos cambios no obedecen sólo a la supresión o extensión de algunos personajes, sino también a un mayor juego con la estructura temporal del libro. Los movimientos de Theon se producían en la novela mucho más avanzada la lectura. Harrenhall con las brillantes escenas entre Arya Stark (Maisie Williams) y Twyin Lannister (Charles Dance) y Qarth son los dos escenarios en los que las modificaciones de la historia son mucho más visibles.

Sin embargo, estos cambios mejoran la estructura narrativa de la serie. Desde luego los que se producen en Qarth, que hacen avanzar ya al fin la historia de Daenerys Targaryen (una cada vez mejor Emilia Clarke), e incluso con el personaje de Robb Stark (Richard Madden). Este es el gran perjudicado por la ausencia de batallas épicas, por lo que su personaje tiene que ir adquiriendo poso y grandeza por otras vías más humanas. La serie lo ha entendido y su participación en éste y el anterior episodio va claramente en esa línea. Y por todas esas razones The Old Gods and the New es un capítulo brillante, magnético y vibrante.