What is Dead May Never Die, tercer episodio de la segunda temporada de Juego de tronos, marca el fin de las presentaciones y de los preludios antes de que se desate el auténtico choque de reyes que da título al segundo de los libros de Canción de hielo y fuego, la saga escrita por George R. R. Martin. Tyrion Lannister sigue siendo lo mejor con diferencia, pero este episodio está llamado a marcar definitivamente la frontera del despegue de una serie que está creciendo entrega a entrega.

El bautismo ritual de Theon Greyjoy

Dirigido por Alik Sakharov (es el primer episodio del que se hace cargo este realizador uzbeko, que ejerció de director de fotografía en cuatro anteriores) y escrito por Bryan Cogman (que ya se hizo cargo del cuarto de la primera temporada), What is Dead May Never Die (Lo que está muerto no puede morir) posa su mirada sobre las Islas del Hierro y los Grejoy. La frase está extraída del bautismo ritual al que se somete Theon (Alfie Allen) para demostrar la lealtad a su padre (Patrick Malahide) en la guerra que ya está en marcha.

Con What is Dead May Never Die parece cerrarse una etapa en Juego de tronos. Por supuesto, esto no se confirmará hasta el próximo episodio, pero es cierto que hasta ahora todo se ha intuido más que visto. El juego de tronos se ha visto sobre el tablero, pero realmente aún no en el campo de batalla. El choque de reyes ha estado más latente y en las palabras de los protagonistas que con la sangre en la tierra. Plantear ese escenario, casi siempre con maestría, ha llevado toda la primera temporada y los tres primeros episodios. El final de este tercero ya anticipa que el nivel de intensidad está a punto de crecer todavía más.

Tyrion sigue mandando en la serie

Asumiendo la certeza de ese planteamiento, asombra aún más el efecto que causa el personaje de Tyron Lannister, impecablemente interpretado por Peter Dinklage. Lo suyo hasta ahora es precisamente el juego de tronos, y en este tercer episodio vuelve a dar muestras de su genio, en especial con una triple conversación, montada con categoría, con un cada vez más inquietante Lord Varys (Conleth Hill), un comedido Lord Baelish (Aiden Gillen) y el Maestre Pycelle (Julian Glover), auténtico objetivo de las maquinaciones de Tyrion (atención al brillante momento de las monedas).

El éxito de Dinklage está en que sigue mostrando las diferentes caras de Tyrion, la dulce y amable con Shae (Sibel Kekilli) y la manipuladora en la corte y con su hermana Cersei (Lena Headey). Eso le convierte, con poco margen para la duda, en el elemento más indispensable de esta serie y en el centro de todo lo que sucede en Desembarco del Rey. Ese escenario se utiliza en este episodio para dar dos escenas a Sansa Stark (Sophie Turner), en las que se echa en falta la sutileza con la que sí describía su situación George R. R. Martin en el segundo de sus libros.

Entra Brienne de Tarth

La gran novedad de este capítulo, además de exhibir nuevas escenas de contenido sexual con Renly Baratheon (Gethin Anthony) como protagonista, es la introducción de Brienne de Tarth. Gwendoline Christie, como se hizo notar en los comentarios que suscitaron las primeras fotos suyas que se hicieron públicas, no termina de parecer físicamente el personaje descrito en las novelas, la actriz es mucho más atractiva que la mujer de la que se habla en el papel impreso. Lo que los medios de la HBO sí han conseguido, a la espera de verla en combate y sin su yelmo, es que su tamaño sea el adecuado. La comparación con Catelyn Stark (Michelle Fairley) no deja lugar a las dudas.

El protagonismo de los Stark, que tan evidente parecía en el libro de Juego de tronos y en la primera temporada de la serie, ya no es tan pronunciado pero sigue latente. Este tercer episodio de la segunda temporada, no obstante, muestra a casi todos los hijos de Ned Stark y clarifica en cierta medida una de las escenas del segundo episodio, la que tiene que ver con la relación entre Bran y su lobo huargo, Verano. Esa escena, como ya apuntaba el capítulo anterior, The Night Lands, evidencia el necesario recorte de personajes que la serie ha tenido que hacer para llevar el libro a la pequeña pantalla, algo que, de momento, no afecta a la fluidez de la historia.

Añadidos del libro, sexo y violencia explícitos

Con este tercer episodio se confirma que la serie tiene la intención de que su segunda temporada sirva para hacer una adaptación más personal de las novelas de George R. R. Martin. Las escenas de las Islas del Hierro con los Greyjoy como protagonistas forman parte de una de las elipsis narrativas de Choque de reyes (y, seguramente, el mejor instante hasta el momento con el personaje de Theon, brillantemente subrayado por la música de Ramin Djawadi), y otro añadido permite dar una frase a Myrcella Baratheon (Aimee Richardson), la hija de Cersei.

Escenas como el duelo ante el rey Renly siguen demostrando que Juego de tronos ha crecido en esta segunda temporada en el aspecto visual, logrando una épica que en la primera tanda de episodios costaba verse. Ahora no hay miedo a los planos abiertos y a las grandes concentraciones de extras. Miedo a mostrar sexo, incluso homosexual, y violencia no ha habido en ningún momento, y la explícita conclusión de este tercer episodio vuelve a confirmarlo.