El nombre de Judas suscita animadversión en la mayoría de las personas, con independencia de cuales sean sus creencias. La expresión “ser un Judas” es interpretada por todos como el símbolo de la traición más deleznable. Es comúnmente aceptado que Judas Iscariote traicionó a Jesús entregándolo a los sumos sacerdotes que, a su vez, lo entregarían a los romanos. Esta es la historia oficial; la que aparece en los Evangelios. Pero aquello que los creyentes no cuestionan, para alguien que lo observa libre prejuicios y reuniendo las escasas piezas que tenemos del puzle, piensa que la historia pudo ser muy distinta.

¿Quién era Judas Iscariote?

Parece razonable que antes de juzgar unos hechos conozcamos los personajes y el contexto histórico que vivieron. Sin duda es algo que ayudaría mucho a la comprensión de los acontecimientos. Desgraciadamente es poca la información que se posee, ya no solo de Judas Iscariote, sino de todos los personajes. La fuente principal es el Nuevo Testamento, por lo que cualquiera que pretenda un estudio objetivo, sabe que tiene que atenerse a unos textos claramente condicionados por los intereses de quienes los redactaron.

Judas Iscariote era hijo de Simón Iscariote, circunstancia que ha llevado a muchos historiadores a considerar que el apelativo “Iscariote” hacía referencia a Keryot como su pueblo de origen; un emplazamiento que se hallaba en las inmediaciones de Hebrón. Otra teoría que, probablemente sea la correcta, nos habla de la relación entre Iscariote y sicario, término, este último, que hace alusión a la sica, un puñal curvo muy utilizado en la época por los sicarium, una facción que, por su actividad, nos puede poner sobre la pista de quien era en realidad Judas Iscariote.

Los sicarios eran la facción más radical del movimiento zelote. Los zelotes constituían un movimiento político nacionalista de Judea fundado por Judas el Galileo. Como es fácil deducir, sus enemigos naturales eran los romanos, aunque tanto los fariseos como los saduceos, así como cualquier colaborador de las fuerzas ocupantes, también debía contarse comno enemigo.

Si damos por cierta la pertenencia de Judas Iscariote a este movimiento radical, no tiene sentido que la traición se debiera al pago de unas monedas, tal como se afirma en el Evangelio de Mateo, poniendo estas palabras en boca de Judas: “¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata”. Para cualquier activista radical es impensable traicionar la causa por un pago que tampoco era nada del otro mundo.

Traición y muerte de Judas Iscariote

Los Evangelios se muestran de acuerdo sobre la traición de Judas Iscariote a Jesús, aunque en este sentido es interesante señalar que la traducción que se hizo del verbo original griego “varadidomi” fue traicionar, cuando en realidad significa entregar. Es obvio que una interpretación prejuiciosa permite salvar este pequeño obstáculo etimológico. Algunos estudiosos convienen en que, efectivamente, Judas entregó a Jesús a los sacerdotes, pensando que estos jamás iban a entregarlo a su vez a los romanos.

Pero si hay consenso evangélico en cuanto a la traición, no ocurre lo mismo por lo que respecta a su muerte. Según el Evangelio de Mateo, a Judas se le concede un pequeño eximente a modo de arrepentimiento, por lo que al darse cuenta de lo que ha hecho toma una drástica decisión: “Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó”. Para el apóstol Pedro, lo que aconteció después no deja espacio alguno al arrepentimiento. En el Libro de los Hechos se dice: “Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron”.

El factor judío de Judas Iscariote

El antisemitismo suele escudarse en el odio a los judíos aduciendo que ellos fueron quienes mataron a Jesús. Del mismo modo que se pretende que Judas encarne lo judío en cuanto a un hecho diferencial con respecto al resto de los apóstoles. Mientras que todos ellos eran de Galilea, Judas era natural de Judea. Pero todos estos argumentos caen inmediatamente en el absurdo cuando sabemos que todos los protagonistas, incluido Jesús, era judíos. Y por otra parte, los únicos que no lo eran, los romanos, fueron quienes realmente acabaron con la vida de Jesús mediante la crucifixión; que era el método con el que los romanos ajusticiaban a los bandidos o los insurrectos.

Posteriormente la iglesia medieval cargó las tintas sobre la culpabilidad de Judas en la muerte de Jesús, incrementando el odio a los judíos y dotando de mayor fuerza narrativa al mito del sacrificio con la incorporación de la figura demoníaca representada por Judas. La vinculación tardía de Judas en este entramado que, muy probablemente, nunca se produjo, puede inferirse de las diatribas del apóstol San Pablo que, una vez convertido en ferviente cristiano, lanzaba contra los judíos. San Pablo nunca mencionó la figura de Judas ni señaló a los judíos como los asesinos de Jesús.

El Evangelio de Judas

El texto original del Evangelio de Judas, desgraciadamente, no ha llegado hasta nosotros, pero sí una copia escrita en el dialecto sahídico del idioma copto. Este códice está datado entre los años 220 y 340. El texto original pertenece al año 130 aproximadamente. Este códice, descubierto en la década de los 70 del siglo pasado, se hallaba en bastante mal estado y tras diversos avatares, la organización National Geographic Society, en el año 2006, se encargó de la restauración y traducción del texto, un trabajo que culmino con el documental “The Gospel of Judas”.

El aspecto más interesante de este Evangelio consiste en las revelaciones que Jesús hizo a Judas Iscariote, supuestamente, tres días antes de la Pascua. En este Evangelio, Judas no aparece como el traidor, sino como el discípulo favorito de Jesús. Y lo que es más relevante, la entrega de Jesús no es un acto de traición; Judas entregó a su Maestro siguiendo los dictámenes del propio Jesús. En palabras de Jesús: “Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones, y vendrás para reinar sobre ellos”. También deja clara su preferencia por Judas cuando manifiesta: “Tú los superarás a todos ellos. Porque tú sacrificarás el hombre que me cubre (...). La estrella que indica el camino es tu estrella”.