España, tierra de tradiciones, cuenta con la ancestral figura de la señora, cabeza o ama de casa o familia. Casi un título, con un valor y fuerza moral que solo ellas saben inculcar, porque esas cualidades las vieron desde pequeñitas en sus madres, las disfrutaron y haciéndolas suyas de forma instintiva ya que al ser ellas ahora esposas y madres, con enorme orgullo y satisfacción desean que la cadena continúe y que sus hijos, al recoger el testigo, mantengan siempre viva la bonita imagen de una casa acogedora y de una familia inmensamente feliz.

Calor de hogar

Todos trabajan, el padre en su ocupación habitual, los niños en el colegio. Y en casa, esa mujer, que parece que no trabaja porque no sale cada mañana con un horario fijo. Esa mujer que, desde que se levanta, no para un momento. Esa mujer que, incansable y metódica, efectúa las tareas domésticas, tan rutinarias como pesadas.

Y siempre de buen humor, aunque a veces, un ligero suspiro delate que ya está terminando, pero no va a descansar. Ahora le espera la compra, de forma que tiene que arreglarse para ir al mercado y eso requiere tiempo y alegría para ir guapa, ya que la mujer de casa conoce que la buena presencia física es patrimonio de ella y de su familia y que, con todo, no hace otra cosa que aumentar constantemente el calor de su hogar.

Tareas fijas y situaciones imprevistas

Al ama de casa no le arredra ni el trabajo cotidiano ni las dificultades que, a veces, le acarrean las situaciones imprevistas, de cualquier tipo. Se sobrepone y las supera siempre con éxito. Se diría que nació para vencer obstáculos y además, en todo momento, sabe sonreir.

Persona de tal capacidad, talante y donosura bien merece un reconocimiento por parte de todos, comenzando como es lógico, por los miembros familiares más cercanos. Que no se limiten a felicitarla en su cumpleaños. Debe existir un algo especial, diario y permanente que valore su tesón. Que ella perciba de continuo que la labor que realiza con toda su alma es comprendida y apreciada por los suyos ... por su marido y sus hijos.

Remuneración al ama de casa

Parece inconcebible que cualidades como capacidad organizativa, disponibilidad laboral y eficiencia familiar a lo largo del día y año tras año, pasen desapercibidas por los que podrían hacer algo para compensar semejante labor social y económica.

Con solo pensar un poco, cerrando los ojos para reflexionar y no para olvidar, se impone la creación de una remuneración estatal, comunitaria o de cualquier otro tipo, fundada sobre esquemas familiares u otros marcadores significativos.

La amable y trabajadora ama de casa no debería encontrarse sola en este empeño porque su capacidad y acción operativas no puede salir de sus dominios, de lo que ella tan bien conoce, su casa.

Alguien debe "echarle una mano", ayudarle para que, aún en los momentos difíciles actuales, su labor, su maravillosa labor, siga adelante.

Jubilación para las amas de casa

Por supuesto, la argumentación anterior tendría, como resultado final, una especie de jubilación para ellas. Dejarían de añorar, ya entradas en su edad madura, esa retribución para su ficticia jubilación, porque ellas jamás dejan de trabajar.

Pero qué alivio recibir algo, aunque sea una pequeña cantidad como homenaje a su labor incansable, como testimonio a su permanencia tan digna como silenciosa, como proclama ante el mundo entero de su capacidad, entereza y valía.