Nacido en Málaga en 1947, Juan Madrid publica su primera novela en 1980, Un beso de amigo, donde nace Antonio Carpintero, conocido por el nombre que llevaba cuando era boxeador, Toni Romano. Desde entonces protagonizará siete novelas con su aire melancólico, sus amores, angustias y frustraciones.

Tras escribir otras obras, el gran salto a la popularidad se lo dio la serie de televisión Brigada central, 1989, que también tuvo su transcripción literaria en 13 novelas que retratan la vida marginal y policial con muy buena documentación histórica y sociológica y notable cantidad de personajes interesantes, al tiempo que dosifica lo mejor del género policiaco; es una colección agotada en el mercado que Ediciones B ha empezado a reeditar con la publicación del primer volumen: Flores, el gitano. También tuvo mucho éxito la versión cinematográfica de Días contados, en 1994, la gran novela que cuestiona el mito de la feliz transición de la democracia española, pues un fotógrafo de clase media se introduce en la trastienda de aquel esplendor descubriendo un mundo de miseria y explotación.

Buena investigación y entretenimiento de calidad

La realidad cotidiana de sus personajes siempre establece conflictos inquietantes. No le basta al autor con describir con precisión y ricos diálogos ambientes y situaciones, siempre arropa a sus personajes con delicadas o brutales situaciones sentimentales y sexuales, así como complejos conflictos con un lenguaje directo, de gran síntesis, coloquial, pero no por eso con menor riqueza literaria, y a su vez perfectamente ensamblado con un eficaz estilo periodístico.

Dos novelas singulares

En su rica producción hay dos títulos especialmente logrados por la complejidad que acarrean y su inmediata relación con la realidad: Pájaro en mano, 2007, y Adiós, princesa, 2008, ambas de Ediciones B, Pájaro en mano es la última, hasta el momento, de Toni Romano; todo un hallazgo en que la novela negra española llega al corazón del tema de los desaparecidos de la dictadura Argentina (1976-1983): un thriller muy ágil, con mucha acción y excelentes diálogos para dar testimonio de la confabulación entre falsos demócratas de aquí y ex torturadores perfectamente instalados en Europa.

La segunda, Adiós, princesa, está compuesta de varias historias que se cruzan en torno a la relación del príncipe Felipe con una periodista, aportando un desarrollo de intenso suspense donde la ficción complementa una realidad apenas transmitida por los medios de comunicación. El príncipe y la familia real no aparecen como personajes, más bien conforman una sociedad oculta bajo una sórdida corrupción subterránea.

Una historia escalofriante

Dentro de su caudalosa obra quiero destacar un relato breve.

La colección de cuentos de la editorial EDAF, dirigida por Martínez Laínez, La casa ciega, presenta en su número 2 un cuento magistral, ideal para quien quiera introducirse en su larga y apasionante producción. Un cuento en el que unas mujeres que salen de la cárcel y un comisario acaban por encontrarse a través de perversas necesidades de violencia sexual. Una combinación intensa de emociones en la que el autor no juzga a nadie, sigue de cerca la respiración, la transpiración, la ansiedad y los temores de personas que viven al margen de la "supuesta" gente corriente.

En este cuento que se titula Vidas de oficio, destacan dos personajes en cuyas características se reflejan elementos de muchas otras criaturas de la noche: una ex presidiaria amante posesiva de otra mujer, y un veterano y discreto comisario que disfruta sexualmente como masoquista o sádico, anhelando siempre situaciones lo más perversas posibles.

Un breve relato con mucha garra que atrapa al lector invitándole a releerlo de inmediato. Y todo desde un comienzo tan sencillo como este: «Lo primero que hizo Dolorcitas al salir de la prisión de mujeres de Ávila fue alquilar una habitación en una pensión barata...».

Pero material interesante se encuentra en cualquiera de los trabajos de este hombre que parece ligado a las palabras escritas de forma natural, compulsiva, transmitiendo envolventes emociones.

Por ejemplo, y a bote pronto, en Bares nocturnos, pág. 195: ¿Por qué lo habían elegido a él? No era un pistolero, había sido ladrón de hoteles. Costaba trabajo pensar que un antiguo guardia civil dedicado a la seguridad privada no tuviera contactos. Podía alquilar a uno de esos tíos acostumbrado a usar la pistola por casi nada, por seis mil euros".

"Y los había de toda clases y nacionalidades: rusos, albaneses, checos, chechenos, yugoslavos, rumanos, colombianos..., sin contar a los españoles, claro. Todos dispuestos a hacer ese trabajo con más profesionalidad que él y por menos dinero".