Pasó otro 12 de octubre y en el marco de debate que la fecha genera, se destaca el pensamiento de Juan Domingo Perón, fundador de un movimiento político - el Justicialismo -, que influyó de manera fundamental desde la segunda mitad del siglo XX en la Argentina y en Hispanoamérica.

El discurso de Perón: homenaje a Cervantes y al 12 de octubre

El 11 de octubre de 1947 el General Juan Domingo Perón, en su carácter de presidente de la República Argentina, dio un discurso en la Academia Argentina de Letras, en Buenos Aires, con motivo de un homenaje al cuarto centenario del nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra y a la efemérides del 12 de octubre, llamado en esa época - y hasta no hace mucho en la Argentina -, "Día de la Raza" o "Día de la Hispanidad", en España. Este discurso ha pasado bastante inadvertido para gran parte de los historiadores de Perón y en casi todos los listados de sus discursos aparece, no por un título que resuma su contenido, sino por el lugar y fecha en los que ocurrió o hacia quienes fue dirigido. El pensamiento de Perón sobre la conquista de América y el rol de España, volcado en este discurso, contradice la versión más difundida por aulas y tribunas, que reprocha con distintos matices aquellas acciones. Pero basta con transcribir la introducción del discurso para comprender la dimensión de su idea sobre el tema: "No me consideraré con derecho a levantar mi voz en el solemne día que se festeja la gloria de España, si mis palabras tuvieran que ser tan sólo halago de circunstancias o simple ropaje que vistiera una conveniencia ocasional. Me veo impulsado a expresar mis sentimientos porque tengo la firme convicción de que las corrientes de egoísmo y las encrucijadas de odio que parecen disputarse la hegemonía del orbe, serán sobrepasadas por el triunfo del espíritu que ha sido capaz de dar vida cristiana y sabor de eternidad al Nuevo Mundo."

Espíritu contra utilitarismo

Perón continúa expresando su pensamiento, poniendo a la Argentina en un lugar preponderante en este homenaje y dice que en medio de la confusión impulsada por la fuerza y el dinero, se opone la supremacía del espíritu, encarnada en Cervantes y la Madre Patria. En este doble homenaje, Peron hace referencia a un paralelismo entre el Quijote y los gauchos de las pampas, como un encuentro entre el idealismo y el realismo de la tierra, no exenta del riesgo de asumir la aventura y el afán de justicia.

La obra heroica de España en América

El discurso de Perón prosigue con la exaltación a la raza latina como un concepto espiritual y no biológico, la que se expresa en la obra civilizadora de España en América, llevada a cabo por un puñado de soñadores, y que en este sentido, no tiene parangón en la historia de la humanidad. Entre otras actitudes de esa empresa se destaca el impulso de cumplir con el mandato póstumo de la reina Isabel, de evangelizar a los pueblos, y no venir por la avidez de ganancias, sino por el legado de no destruir, sino ganar al indio y dignificarlo como ser humano en la fe. Se destaca una frase reveladora del discurso, respecto de la conquista de España y de la Leyenda Negra: "... su empresa fue desprestigiada por sus enemigos, y su epopeya objeto de escarnio, pasto de la intriga y blanco de la calumnia, juzgándose con criterio de mercaderes lo que había sido una empresa de héroes. Todas las armas fueron probadas: se recurrió a la mentira, se tergiversó cuanto se había hecho, se tejió en torno suyo una leyenda plagada de infundios y se la propaló a los cuatro vientos." Perón dice que el propósito de los detractores de España era, por una parte, injuriar la cultura heredada y común de los pueblos de Hispanoamérica y por la otra, generar una sensación de inferioridad espiritual en estos pueblos para difundir una idea de incapacidad para administrar sus intereses.

La obra civilizadora de España en América

Dice Perón que España levantó templos, universidades, difundió la cultura y formó personas, y al fundir su sangre con América, dejó su sello en su esencia y naturaleza. Reconoce también la existencia de yerros aunque los justifica por que la empresa fue llevada a cabo por hombres falibles. Equipara también al Quijote con la empresa integradora de América, como el emblema que representa la historia, la religión y el idioma, unidos para hacer pertenecer a Hispanoamérica a la cultura occidental y latina, a través de la vertiente hispánica. Es en ese momento en el que nombra los fundamentos del decreto del año 1918, que estableció el Día de la Raza, firmado por el que fuera presidente del país - perteneciente al partido opositor Unión Cívica Radical -, Hipólito Irigoyen, en el que refiere a "La España descubridora y conquistadora" y de "como volcó sobre el continente... el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios..."

Porvenir enraizado en el pasado

Refiriéndose a la herencia de España, destaca Perón a autores como Menéndez y Pelayo y a Renán, con frases suyas que tienen que ver con la conservación de la tradición y cultura latinas heredadas por un pueblo, como requisitos necesarios para no quedar vacíos de coherencia y carentes de la validez de sus ideas. En este sentido Perón recuerda su propio plan de acción de gobierno, pergeñado en noviembre de 1944, en el que destaca su objetivo de "cambiar la concepción materialista de la vida por una exaltación de los valores espirituales."

Grandeza de España

En la continuidad del largo discurso, Perón exalta a Cervantes como poseedor de una notable conciencia social y como prototipo del católico, para pasar luego a referirse a la grandeza de España por su geografía y las empresas que emprendió durante su historia. Por último Perón refiere a la identidad pacifista de América y España y a la Argentina como tierra de libertad, cerrando el discurso con una metáfora: como miembro de la comunidad occidental pide la "resurrección del Quijote y del Cid Campeador".