En el brío de su prosa, la energía de su memoria, y la fascinante crónica de la sexualidad femenina, la escritora norteamericana rejuvenece en cada obra. En cada una de sus obras Joyce Carol Oates da la impresión de que su capacidad creativa es un río que la lleva por constantes historias que se enamoran de sí mismas y de sus personajes, incluso cuando son tan áridas y desasosegantes como La hija del sepulturero, tal vez su obra más dura, en ambientes lúgubres y desesperantes.

Sin embargo, es en otras obras donde su capacidad de observación, su peculiar manera de ver y sentir en función de acontecimientos de la realidad, adquieren una trascendencia fuera de lo común acerca de los retratos de mujeres de diferente condición y edad, aunque con general protagonismo de jóvenes.

Una serie de títulos señalan un sendero, no por orden estricto, sino como acercamiento a una de las escritoras más importantes, dueña de una producción muy importante que también incluye ensayos vigorosos como Del boxeo: "El boxeo es una celebración de la religión perdida de la masculinidad, tanto más contundente por estar perdida". "Si no se puede golpear, por lo menos se puede ser golpeado, y saber que todavía se está vivo".

Una obra de 970 páginas para leer de manera sosegada y dejándose envolver con un ejercicio de estilo magistral. Escrita a la manera de las novelas decimonónicas para señoritas virginales, se desarrolla la contrapartida perfecta exhibiendo las peculiaridades sociales y los sentimientos de jóvenes atrapadas por una serie de convencionalismos que hoy provocan estupor, conmoción... y bastantes risas. Una novela que se construye sobre bases sólidas en un envolvente entrecruzar de historias sobre un punto de partida sumamente ingenioso.

Así comienza: "La historia de la notable familia Zinn, que finaliza al sonar la última campanada de la medianoche del 31 de diciembre de 1899, empieza unos veinte años antes, una bella tarde de septiembre en la dorada bruma del otoño de 1879 cuando, para confusa vergüenza y horror de su cariñosa familia y consternación de todo Bloodsmoor, miss Deirdre Louisa Zinn, hija adoptiva de John Quincy Zinn y su esposa, emprendió un precipitado paseo sin compañía alguna y, a plena luz del día, fue raptada en los terrenos de la casa solariega de sus abuelos...".

Una mujer muy dulce muere asesinada y responsabilizan a su amante, el padre de una niña de 11 años solitaria, marginada por su hermano e incomprendida por su madre. Kathy Diehl ha de vivir su propia experiencia llena de ansiedad y pasión y cerrará su ciclo con la misma ilusión con la que empezó, pero con mucha más fortaleza.

"Y de repente sus mandíbulas mal afeitadas, que me ras­paron y me hicieron cosquillas en la cara, se inclinaron para besarme, húmedamente, en la comisura de la boca. Sus movi­mientos eran impulsivos y torpes como los de un hombre que ha vivido largo tiempo por instinto y sin embargo ha llegado por fin a desconfiar del instinto igual que ha llegado a descon­fiar de su capacidad de juicio, hasta de la idea que tiene de sí mismo. Incluso mientras papá me besaba, bruscamente, con un poco más de fuerza de la debida, un beso que él se proponía que yo no olvidara pronto, me estaba apartando de él porque había surgido entre los dos una avalancha de sangre caliente".

El periplo hacia la liberación de Kathy tiene en cuenta también a un importante personaje masculino de edad próxima a la suya, pero de ambiente e historia muy distinta. Los lazos más sorprendentes adquieren una suerte de milagroso contrapunto del horror y la belleza, con un paulatino acercarse al erotismo hasta que este estalla fiero y radiante.

Una de sus obras más breves, de una transparencia fascinante porque bordea asuntos inquietantes y espinosos como la soledad de una adolescente hija de padres terriblemente egocéntricos cuidando los hijos de una familia rica, indiferente a cualquiera de sus necesidades... y su encuentro con un misterioso anciano.

Comienza como suelen empezar las historias de Joyce Carol Oates: dejando claro lo básico sobre lo que girará y sorprenderá página a página: "Inocentemente. Así comenzó. Cuando Katya Spivak tenía dieciséis años y Marcus Kidder sesenta y ocho".

A partir de aquí una sucesión de emocionantes situaciones hacia un desenlace inesperado. Cuanto menos sepa el lector, más cautivado se encontrará cuando el final lo atrape y le deje en un estado muy diferente al del comienzo: la inocencia de dos seres opuestos con la muerte de por medio, el sexo que se apaga y el sexo que ansía despertar y un extraño amor que deparará una sublime revelación del misterio de la vida y de la muerte.

Joyce Carol Oates: muchos títulos recomendables, pasen, lean y disfruten. En España la edita Alfaguara.