"Juventud, divino tesoro ... ", dijo el poeta y estaba en lo cierto. Todo lo puede, casi nada se le resiste y cuánto llega a alcanzar, para bien o para mal. De su criterio, acertado o no, depende el éxito de lo que acomete que sin duda siempre se verá aumentado por el arranque y valor de la solidaridad entre ellos.

Forma de pensar, afinidad en el vestir y similitud en sus actuaciones son características propias de los jóvenes de todos los tiempos en las distintas épocas en las que les ha tocado vivir. Años pasados no son mejores que los actuales, sencillamente son diferentes.

La calidad siempre marca una diferencia

En todo lo que nos rodea, a simple vista, se puede apreciar lo bueno de lo mediocre y en nuestro afán de superación, natural e instintivo, procuramos sobresalir personal o profesionalmente y en ello radica la noble y legítima competencia, que da como fruto la admiración de todos.

Es admisible, cómo no, la sana envidia que proporciona oír a la persona que habla correctamente, expresándose de forma adecuada, con razonamientos lógicos, buena dicción, moderada inflexión en sus palabras, sin voces y con la envoltura propia de una indiscutible calidad que marca, en todo momento, la diferencia.

Un escrito correcto es una maravilla

Grato a la vista y sorprendente para el lector que tiene la suerte de poder leer una carta, un documento o cualquier escrito con letra clara y uniforme, texto centrado respetando invariablemente los bordes del papel, total corrección gramatical en su contenido y sin ninguna falta de ortografía. ¡Parece un milagro! y, al contrario, debería ser lo normal, lo cotidiano, en especial para una juventud que destacando en otros terrenos, aquí deja bastante que desear.

Cuestión de moda mal entendida, falsos e ingenuos prejuicios porque la mayoría así lo hace o intolerable dejadez e indiferencia en jóvenes actuales que todo lo tienen y que disponen, por añadidura, de los mejores medios y aparatos técnicos para mover el mundo. Una falta de ortografía debería avergonzar al que la comete en tan magnánimas condiciones.

Lenguaje inadecuado de los jóvenes españoles, el informe PISA

En su artículo periodístico titulado La revolución del lenguaje móvil, Fernando Vilches manifiesta que esta forma de expresión, tan usada por la juventud contemporánea, tiene como "finalidad el comunicar lo máximo en el menor tiempo posible". Ahora bien, es lógico pensar si semejante ahorro, posiblemente válido entre ellos jóvenes practicantes, representará algo beneficioso para los demás en el futuro, ya que el presente es francamente descorazonador.

En especial, cuando se reconoce que la comprensión lectora de los alumnos españoles de 15 años de edad ha bajado doce puntos en comparación con el año 2000, encontrando más dificultades para entender un texto y que, el Informe PISA, uno de los más fiables de carácter internacional, en su reciente publicación, constata que en España el nivel general está muy por debajo de la media europea, viéndose estancada la educación española seguramente porque abundan los estudiantes repetidores que ya alcanza la cifra del 36 por ciento.

Lo bueno escasea, el aprendizaje de la lengua

Aunque de cada cien de nuestros jóvenes estudiantes sólo tres merecen ser considerados como "muy buenos" , no parece acertada la justificación de "contar con un sistema educativo muy duro y exigente", según declaró el pasado día 7 de diciembre, Mario Bedera, secretario de Estado de Educación. Más bien, a juicio de profesores y psicólogos, se debería pensar en un cambio en los métodos a emplear, en las materias a impartir en especial la gramática y, por supuesto, una notable descarga en las tareas escolares domésticas.

En el colegio es donde, en laboriosa y respetada armonía, radica el éxito de una enseñanza ejemplar. Dictados frecuentes en clase, análisis gramatical y sintáctico a menudo, lectura a viva voz con la participación continua de todo el alumnado y siempre con la activa y permanente corrección por parte del profesor que cuidará el más mínimo detalle. Así, se aprende.

Los profesores deben dar ejemplo

Poco hay que llame tanto la atención, en todos los órdenes de la vida, como la influencia de una persona sobre las que tiene a su cargo. ¡Qué cambios puede conseguir con su actitud y con sus propósitos! Si el profesor se esmera, no sólo en enseñar, sino en hacerlo con total exposición correctora, hablando siempre en nuestro precioso y preciso idioma, no empleando nunca palabras malsonantes, ni vulgarismos y descartando, en todo momento, la rutina y latiguillos tan de moda, habrá conseguido la admiración y el respeto de sus alumnos.

Los alumnos, a su vez, querrán presumir ante otros compañeros o amigos de ser "especiales", apartarse de ese amorfo montón que poco a poco se irá integrando y formarán la emblemática muestra de una juventud que hable, lea y escriba muy bien, para orgullo de todos.