
- Josep Maria Flotats - Red Teatral
La mecedora reúne a tres hombres en una editorial en crisis. Un lector editorial (alguien que lee originales y da el primer visto bueno o malo a su posible edición) que acaba de ser despedido irrumpe en la casa del director para saber el motivo de su despido. En medio de ese encuentro inesperado aparece un tercer personaje: un ilustrador especializado en producir las portadas y cubiertas para los libros.
Cuando esto se produce el espectador ya sabe que los dos primeros no logran comunicarse adecuadamente y que la situación de los grandes grupos dedicados a la publicación de libros buscan desesperadamente el abaratamiento de costes, prescindiendo de cualquier valía personal o estima: el mercado se impone, la ley del más fuerte no sólo alcanza a las grandes crisis internacionales económicas de todo tipo y condición, también al silencioso y casi desconocido mundo del libro.
Literatura, dinero, Brisville y teatro de ideas
Con una estructura dramática de creciente interés en manos de buenos personajes, la obra plantea que "el lector ha sido sacrificado a las demandas del mercado, a la exigencia empresarial de mayores beneficios, al desprecio por la calidad". En este conflicto el director confiesa que nunca ha leído los libros que publica; el lector y el ilustrador sobran, y entre encuentros y desencuentros brotan temas a discusión que profundizan en la hostil relación entre el dinero y el ser humano.
Jean-Claude Brisville es un dramaturgo francés nacido en 1922. Conoce muy bien el mundo editorial ya que trabajó con editoriales de proyección internacional como Hachette y Julliard, y fue director literario de Le Livre de Poche. Es un hombre de larga experiencia en el mundo de las artes; como periodista, escritor, guionista cinematográfico, novelista y adaptador de obras teatrales de clásicos, siempre vivamente interesado en el teatro de ideas en la línea heredada de Jean Paul Sartre, de manera que todo conflicto humano pasa por la defensa de una ideología determinada.
Josep Maria Flotats: un coloso en pequeño formato
Desde que se instaló en Madrid en 2002 con la formidable París, 1940, de Louis Jouvet, Flotats pasó de las grandes producciones a un mundo en pequeño formato gloriosamente recibido por el público que llenó todas las funciones también de La Cena y de El encuentro de Descartes con Pascal Joven, ambas de Jean Claude Brisville: obras de pocos personajes en un único decorado con ideas y emociones sutilmente desarrolladas.
En 2010 fue protagonista y director de Beaumarchais, de Sacha Guitry, en breve temporada en el Teatro Español de Madrid y el Teatro Arriaga de Bilbao: primera vez en castellano en que Flotats se empapa de comedia de enredos y documento histórico, un gran espectáculo con desfile de personajes reales y ficticios al servicio de la gran aventura teatral.
Hasta estos años apasionantes en castellano, Flotats vivió una intensa actividad como actor en Francia y también de director en Cataluña. Actividades a las que ha ido añadiendo tareas en luces, escenografía... y dramaturgia. Nada del teatro le es ajeno, y cada momento escénico por él diseñado tiene una inmensa carga poética y plástica cargada de medida pasión.
Un elenco conmovedor para despertar ovaciones
Es grande la expectación que despierta cualquier espectáculo de Flotats, más aún sin su presencia en escena; por un lado una frustración para sus muchos admiradores, y por otro lado, una variante desconocida en Madrid, en la que el Maestro se rodea de lo mejor, como siempre en los aspectos técnicos, pero a su vez con un protagonista de excepción, con un estilo propio muy marcado y un talento con admirables funciones en su pasado: Helio Pedregal.
Helio Pedregal nos ha puesto de pie muchas veces a lo largo de su carrera teatral llena de aciertos, con especial recuerdo por su interpretación en Panorama desde el puente, de Arthur Miller, dirección magistral de Miguel Narros. Su último gran trabajo fue El pez gordo, de Roger Rueff, dirigido por Juan Carlos Rubio: cada participación de Pedregal es sinónimo de labor de equipo, de una voz cuidada en sensible musicalidad, un modo único de estar en escena aportando sentimientos y distancia adecuada de sus personajes. Tal vez el actor más brechtiano de la escena española.
A su lado, dos jóvenes con muchas tablas, capaces de oscilar de un género a otro con disciplina y riqueza expresiva: Daniel Muriel, cuyo último trabajo fue en el mayor éxito cómico de los últimos años: Toc, toc. Y Eleazar Ortiz, con destacada labor en Retablillo de don Cristóbal, de García Lorca, y Háblame como la lluvia, de Tennessee Williams, ambas dirigidas por Alfonso Zurro.
En el aspecto técnico, el plantel no puede ser más exquisito: versión de Mauro Armiño, un habitual de Flotats, crítico, traductor y escritor de singular talento; Alejandro Andújar, escenografía y vestuario y Albert Faura en la iluminación.
En la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán del 13 de enero al 19 de febrero. De martes a sábado a las 19 horas; domingos a las 18 horas.
