Frente al género policiaco tradicional donde prevalece el triunfo de la justicia sobre el criminal —(S. XVIII-XIX— la novela negra surge en los años 20 del siglo XX para plantear todo lo contrario: policías o detectives inmersos en crisis personales, reflejan una sociedad corrupta en la que prevalece la injusticia.

El panorama de la novela negra se ha incrementado en los últimos años, más aún con la insólita incorporación de autores de ambos sexos de países escandinavos donde no se creía que hubiera tan poderosas cloacas sociales para que germinara este género.

Reino Unido siempre fue un buen lugar para matar... "artísticamente", pues desde tiempo inmemorial, la pareja del crimen y el misterio se han llevado tan bien como para crear a Jack el destripador en la realidad y fabular luego cientos de historias, con museos y pubs incluidos, respecto a su final, a esa caza y captura del asesino que nunca se produjo. Y precisamente ahora, desde que en 1999 escribiera su primera novela, "Todo lo que muere", el irlandés John Connolly, viene a desarrollar con máximos atributos la unión del horror con la intriga en un mundo donde determinados asesinos pueden unirse a nobles causas, mientras otros son auténticos monstruos colgados de sádicos placeres.

Un hombre que llora

Si su primera novela parte del asesinato de la mujer e hija del detective protagonista para introducirse en mafias que se corrompen por amor fraternal, la segunda, "El poder de las tinieblas", profundiza en otro tipo de organización mafiosa internacional. Una y otra permiten un desarrollo de crecientes emociones, a veces realmente muy duras para el lector desprevenido, sobre todo cuando los niños son víctimas de las mayores aberraciones. El terror fluye por estas páginas de la mano de su protagonista: Charlie "Bird" Parker, bautizado como el genial pero siempre atormentado músico de jazz, al que Clint Eastwood dedicó una de sus más importantes películas, Bird.

Esta vez, Charlie Parker es un Bird con el alma destrozada y el cuerpo en acelerado proceso de autodestrucción, como aquél, pero sin música celestial que le redima. Un hombre duro que a menudo llora. Un hombre justo que a menudo no lo es. Un hombre con un pasado tenebroso, pero, eso sí, siempre muy bien informado, que es otra de las características de este autor que domina la documentación a un nivel muy alto; cifras, estadísticas, advertencias sociopolíticas y perlas ambientales como ésta en "Todo lo que muere":

  • Nueva Orleans es asimismo la central del homicidio, con unos cuatrocientos avisos de Código 30 —el código del Departamento de Policía Local para el homicidio— anuales. Quizás resuelven la mitad, lo cual deja a gran número de personas sueltas por las calles de Nueva Orleans con las manos manchadas de sangre. Es un dato que las autoridades urbanas prefieren no dar a los turistas, pese a que tal vez muchos de éstos visitarían la ciudad de todos modos.

Niños verdugos

Y los crímenes que se cometen están muy ligados a otras ciudades del gran país, y entre ellos destaca la caza y captura de menores de ambos sexos para servir de distracción a gente de mucho dinero: la tortura es una de sus prácticas preferidas, después de las violaciones, y todo entre niños o adolescentes abandonados a su suerte, desamparados. Y junto a niños víctimas de pederastas revulsivos, verdugos menores de edad: "Un chico de trece años, en un bosque, había golpeado con unas rocas a un niño menor hasta matarlo. Fueron las palabras de su abuelo las que me quedaron grabadas. `Dios mío´, dijo. `Tendría que haber existido algo que yo hubiese podido ver´."

Con realismo bien cargado de documentación, estas novelas pueden atormentar al lector, quien toma conciencia del horror cotidiano, sin lugar a fantasías demoniacas; pero, eso sí, siempre se filtran historias de amor que buscan remansos de paz; hombres singulares que se aman entre sí, como la pareja estable entre Louis, un asesino negro, y Ángel, un ladrón especialista en allanamiento de morada, y las relaciones con mujeres del ex policía protagonista. Estos tres personajes son amigos, aparecen en todas las novelas: buscan justicia, les encanta la literatura y también van a teatros algunas veces, comparten comidas, ríen y se protegen. El trío de justos más original de la actual novela negra, hasta el momento en 8 títulos publicados en castellano por Tusquets editores.

Justos y siniestros deambulan por un mundo de terrores cotidianos en los que el sexo, la droga y el poder excesivo lo corroen todo. O casi todo. Siempre hay espacio para algunas redenciones que iluminen humanos senderos.