Lo curioso es que en el conflicto de Vietnam, la mayoría de las canciones que sonaban representaban una enérgica protesta contra la guerra. Por primera vez en la historia, la propaganda musical de una guerra estaba en contra de la misma, y los soldados comprendían y se identificaban con esos mensajes antibélicos, quizás para sentirse más cerca de casa.

Sexo, drogas y rock and roll

La música funcionó en este conflicto como una evidente vía de escape para el soldado, un efímero refugio en el infierno, complementado por el sexo en lupanares y muchas, muchísimas drogas, que deambulaban libremente por los barracones. Dos dólares costaba una ampolla de heroína en las laberínticas calles de Saigón de principios de los 70, y se estima que el 65% de los soldados consumió algún tipo de psicotrópico mientras realizaban caóticas maniobras en la selva, a las órdenes de incompetentes superiores.

Frente a la ñoñería patriótica que sonaba en las máquinas de discos de los tranquilos clubes de oficiales, es lógico que un soldado raso metido en el barro hasta la cintura se identificara más con el “We Gotta Get Out of this Place” de los Animals.

Good Morning, Vietnam!

Evidentemente, esas canciones protesta no eran vistas con buenos ojos por el Tío Sam, pero a medida que el país se involucraba en el conflicto, nadie pudo evitar que los Djs del AFRTS cedieran a las peticiones masivas de los soldados, hartos de escuchar en las ondas temas como ‘La balada de los boinas verdes’ de Barry Sadler, tan alejados de su realidad.

Estos Djs, repartidos en ocho destacamentos por todo Vietnam del Sur, realizaban emisiones las 24 horas y rápidamente comprendieron, dada la paulatina desmoralización de las tropas, que había que complacer a todo el mundo, desde la esposa del general al soldado negro de 18 años. El objetivo era mantener a las tropas contentas.

Para ello, se empezaron a seleccionar sin censura alguna las canciones de más éxito en las listas de los Estados Unidos y se emitían pocas semanas después en el sureste asíatico, provocando una comunión entre los jóvenes de ámbos lados del océano, igual de drogados y confusos, los dos en su propia guerra, que compartían un mismo mensaje de rebeldía: “Fuck the War”.

Banda sonora para el infierno

No tardaron en proliferar las radios Sony, los estéreos Akai, el comercio clandestino de discos importados y los conciertos del rock and roll de moda interpretado por músicos filipinos. Poco a poco, esa música que se empezó a escuchar a todas horas en trincheras, arrozales, helicópteros y prostíbulos, y se convirtió en la banda sonora perfecta para la guerra, incluso definiéndola.

Si repasamos las listas de éxitos de 1965 a 1975, podemos apreciar como la temática de la guerra se volvía más explícita. En los primeros años de los 60, Vietnam no era más que una lejana escaramuza, pero cantautores de tendencia izquierdista como Bob Dylan y demás émulos ya profetizaban tiempos convulsos con canciones como ‘A Hard Rain’s A-Gonna Fall’ y describían el sentimiento de abandono del soldado en álbumes como “Masters of War”. Donovan, Bob Gibson o Arlo Guthrie aportaron su grano de arena al creciente movimiento antisistema a medida que la guerra acaparaba más minutos en los informativos, con sus respectivos (y lucrativos) himnos: ‘El soldado Universal’, ‘I Ain’t Marching Anymore’ y ‘Alice’s Restaurant’, en la que se llegaba incluso a hacer apología de la deserción.

Los grupos de la invasión británica se apuntaron al carro y canciones como la citada ‘We Gotta...’ de The Animals o ‘Gimme Shelter’ y ‘Paint in Black’ de los Stones tuvieron una enorme popularidad entre los soldados, más como una expresión de su experiencia personal que como actitud política, además de suponer rentables ingresos para las casas discográficas, que comenzaron a olerse un cambio en los gustos de la juventud al comprobar como de pronto oscuros y ruidosos himnos convivían en las listas con los dulzones hits de la Motown, aunque temas como ‘Nowhere to Run’ de Marta Reeves, con un claro doble sentido, eran escuchados masivamente.

Guerra lisérgica

Poco a poco, los nuevos sonidos psicodélicos fueron acaparando los mejores puestos en estas listas y llegaron a Vietnam. Los casos del ‘Unknown Soldier’ de The Doors o ‘For What is Worth’ de Buffalo Springfield son paradigmáticos, pues la juventud se identificó de inmediato con ellos, tanto en Saigón como en Oklahoma.

Los temas de la Creedence nunca mencionan Vietnam, pero el mensaje era cristalino: ‘Fortunate Son’, ‘Who’ll Stop the Rain’ o ‘Run Through the Jungle’ no paraban de sonar en las ondas del sudeste asiático.

Los numerosos soldados negros se inclinaban más hacia el jazz, el funk y el soul, pero sentían un afecto especial por el ex-soldado Jimi Hendrix, que se escuchaba por igual en los equipos de negros y blancos. Fue en esa época cuando el enquistado racismo en Norteamérica (trasladado a Vietnam) se comenzó a ver como un problema económico y político. Todo el mundo parecía estar en guerra a finales de los 60 y Marvin Gaye, estrella de la Motown, intentó describir esta situación en el excepcional “What’s Going On”, atrayendo la complicidad de los combatientes, que se preguntaban precisamente lo mismo.

Con los Beatles y los Stones arengando a las masas a rebelarse (‘Revolution’, ‘Street Fighting Man’), la visión apocalíptica de Hendrix versioneando a Dylan (‘All Along the Watchtower’) y el descontento de la comunidad negra militando contra la guerra (‘Ball of Confusion’ de Temptations, ‘War’ de Edwin Starr), esos soldados colgados de ácido encontraron el sonido perfecto para complementar el infierno y la desmoralizacion que suponía arrasar aldeas con napalm y molestar a ancianos, mujeres y niños sospechosos de pertenecer al Vietcong.

Los años 70

El cambio de década también supuso un claro cambio de actitud. Se dio paso a sonidos más duros y letras mucho más pesimistas en los que el cada vez más largo conflicto de Vietnam era el protagonista.

La oscuridad del “Paranoid” de Black Sabbath, la ironía de himnos como el ‘American Woman’ de The Guess Who o la ofensa directa en temas tipo ‘Vietnamese Baby’ de los New York Dolls, favorecerían el caldo de cultivo para la llegada del Punk y el Metal.

Los soldados, ya conscientes de ser marionetas de oscuros poderes y hartos de estar aislados en una guerra ya perdida tan lejos de casa, escuchaban el “Closer to Home” o el “Survival” de la GrandFunk y canciones country tradicionales, igual de contestatarias que cualquier himno pop. De la súplica ‘Give Peace a Chance’ de los Beatles se pasó a la exigencia con el ‘Bring The Boys Back Home’ de Freda Payne.

La música tras la guerra

En casa, la ingente cantidad de veteranos con síndrome post-traumático no le hicieron ascos a la violencia sonora de The Stooges, tan conceptualmente cercana al infierno que habían vivido, o a la evocación enfurecida del ex-combatiente en el ‘Lost In The Flood’ de Bruce Springsteen, que abraza de nuevo el concepto tradicional de virilidad romántica, muy alejada del sensible poeta californiano.

Una vez acabada la guerra en 1975, los soldados regresaron a sus lugares de origen. Sin desfiles ni honores, enfrentándose a la marginalidad y la búsqueda de un empleo precario, la mayoría se ocultaron de nuevo en su mundo interior, sumergiéndose en la banda sonora de la guerra que habían vivido.

La música era algo que el veterano llevaba dentro, una rebeldía que conservaba en su interior, pero de la que raramente hablaba”, afirma el soldado John Hoffecker, que sirvió con el 1º Comando Logístico en Qui Nhon en el 68. “La música entraba más adentro”.