La dinámica laboral dentro de las organizaciones se caracteriza por una exigencia constante de eficiencia, eficacia y por lo mismo efectividad, para cada uno de los miembros que la componen.

Sin embargo, esto no es una tarea fácil, se requiere no solo de la voluntad y determinación, también que las estructuras directivas y de toma de decisiones estén compuestas de hombres y mujeres que entienden a la perfección su labor y juegan papeles que van mucho más allá de ser quien da las órdenes o asigna responsabilidades.

Un buen líder garantizará el cumplimiento de objetivos de la organización

La vida laboral moderna requiere líderes que, por sus características y personalidad, conduzcan al logro de objetivos y sacar el mayor provecho del talento humano que le rodea en pro del desarrollo organizacional.

Actualmente, los procesos productivos demandan poner a la persona adecuada en el puesto adecuado, eso garantiza el cumplimiento de objetivos. Por ello, la designación de mandos en las organizaciones se está convirtiendo en todo un reto, pues deben ser personas con una preparación, personalidad, compromiso e imagen pública que haga valer el poder que se les ha otorgado.

¿Jefes o líderes? ¿Qué es lo que requieren las organizaciones?

En todas las organizaciones es necesario establecer mandos que vigilen el desempeño y trabajo de los miembros en todos los niveles. Las jefaturas son necesarias pues además se encargan de detectar y resolver conflictos, todo ello en la búsqueda constante de la productividad en su área. Sin embargo, la dinámica de trabajo actual ha roto numerosos paradigmas y las diferentes concepciones de lo que es el trabajo.

La demanda de resultados se vuelven más acelerada y el trabajo no previsto es el pan de cada día, por lo que los miembros de las organizaciones trabajan bajo presión a todas horas, lo que de manera inevitable afecta no solo su salud, física, mental y estado de ánimo sino también su productividad.

Cambios en el paradigma laboral, el líder frente al jefe

Ante este panorama resulta evidente que la concepción de un jefe cuyo papel se limita a ordenar, presionar y exigir de manera visceral o autoritaria ya no encaja en la realidad laboral moderna, pues provocan que los miembros pierdan aspectos fundamentales como lo son el valor y el sentido que le da al trabajo, así como la falta de identidad hacia la organización misma.

De ahí que actualmente se considere el cambio de paradigmas laborales; el cambiar a los jefes por líderes que no solo promuevan el cumplimiento de los objetivos organizacionales en tiempo y forma, sino que además generen ambientes de trabajo donde se reconozca a cada uno de sus miembros y su contribución a en los procesos productivos promoviendo así el llamado “amor a la camiseta” que tanta falta le hace a las organizaciones.

Los jefes y su papel en las organizaciones

Sin duda, uno de los elementos fundamentales para diferenciar a un jefe de un líder es la asignación del mando y los elementos que lo sustentan. El jefe es un personaje que se limita a supervisar que sus colaboradores trabajen y esperar resultados.

El problema de tener una visión tan corta, es que los jefes caen en una percepción inconveniente de lo que es su función, lo que les lleva a tener actitudes que poco ayudan a desarrollar ambientes de trabajo favorables para la organización, como son la falsa sensación de omnisciencia, el regaño paternal (a veces público) basado es la mera señalización de errores de sus allegados, el adjudicarse trabajo que no le corresponde bajo la premisa con visión víctima de que “nadie más lo puede hacer”, y el estructurar sus peticiones con el principio lingüístico de que “yo necesito que hagan…”

Lejos de lo que se piensa, estas actitudes de un jefe no necesariamente conducen al logro de objetivos, al contrario, el jefe de estas características suele tener poco control de las situación al tratar de acaparar todo lo que hay a su alrededor, además de generar climas de desconfianza, frustración y resentimiento en la gente que está a su cargo, lo que lo empuja a necesitar la reivindicación de su mando en niveles más altos de la organización.

¿Qué es un líder y cuáles son sus características?

Dados los resultados que ofrece tener jefes en los mandos de las organizaciones y la necesidad de aumentar el potencial y la productividad de cada uno de los colaboradores en las áreas de trabajo, es conveniente reconocer lo que es un líder la gran aportación que pueden hacer en los entornos laborales.

De entrada, un líder es un personaje que tiene poder e influencia sobre los demás, esto depende en gran manera de su imagen pública, que por sus características resulta apreciadas y reconocidas; aunque hay personas que nacen con el liderazgo, también se puede generar en personas específicas capacitándolos para que cumplan con una imagen basada en un elemento fundamental: la congruencia.

Los actos lingüísticos y su influencia en el liderazgo

Rafael Echeverría en su obra Ontología del Lenguaje, señala que una persona cultiva su imagen pública cuando manifiesta una congruencia en lo que clasificó como “actos lingüísticos básicos” en su comunicación con los demás. En lo que respecta al liderazgo y su imagen pública, quedarían establecidos de la siguiente forma:

  • Declaraciones.
Un líder cumple con todo lo que declara, pues tiene el potencial y autoridad para llevar a cabo sus declaraciones sin caer en compromisos incumplidos que afectan el tiempo y las expectativas de los demás.

  • Afirmaciones.
Un líder habla de cuestiones que le constan o de las que tiene pruebas fehacientes, su comunicación no está basada en rumores o “radio-pasillos”, con eso fomenta la confianza en sus allegados.

  • Juicios.
El líder no hace interpretaciones viscerales de lo que hacen o dicen los demás, basa sus juicios en la autoridad que le da su conocimiento en el tema, de ahí que reconozca la labor y la opinión de los diferentes expertos que hay a su alrededor.

  • Promesas.
Un líder hace compromisos claros, especifica lo que está prometiendo en cantidad, estándares de calidad y plazos de entrega, todo esto con base en al conocimiento y capacidades de él y su equipo de trabajo.

  • Peticiones.
El liderazgo se realza cuando la persona a cargo sabe que la importancia de solicita cualquier cosa a su equipo de trabajo tiene establecidos, como las promesas, estándares de calidad y tiempo bien especificados. Con esto el líder hace que aumente el grado de responsabilidad y el espíritu de equipo.

  • Ofertas.
Sin duda un líder hacer sabe que los ciclos coordinadores de acciones se estructuran también cuando en el liderazgo se sabe especificar lo que se puede ofrecer y los compromisos que se adquieren cuando las ofertas en la organización son aceptadas, pues se convierten automáticamente en promesas a cumplir.

La escucha y la confianza, elementos que dan reconocimiento al líder

Además de los actos lingüísticos señalados, la imagen pública que conduce al liderazgo se cultiva también de promover ámbitos de escucha, es decir, que el líder sabe y reconoce que las personas que están a su alrededor requieren ser escuchadas por él, no solo por el reconocimiento a su dignidad, sino también porque tiene la oportunidad de conocer nuevas perspectivas y hasta ideas para hacer más eficiente el trabajo.

El líder enseña, pero también aprende de los demás sin menoscabar de ninguna manera su autoridad ante el grupo, de eso no se preocupa, porque la percepción que se tienen de él y la confianza que se le tiene le dan un sustento sólido.

Qué será entonces lo más conveniente en las organizaciones modernas ¿Jefes o líderes? En la productividad de tener a uno o al otro está la respuesta.