Las imágenes registradas anoche por las cámaras de televisión, en la sede social que el Club Atlético Independiente tiene sobre la Avenida Mitre, en la localidad de Avellaneda, hablan por sí solas: Javier Cantero, presidente de la entidad, estaba brindando una entrevista para la señal de noticias C5N, cuando fue increpado por Pablo Bebote Álvarez, indicado como el jefe de la barrabrava roja.

En el entredicho, en el cual el líder violento solamente atinó a decirle, en reiteradas oportunidades, "mentiroso" a Cantero, fue éste el que lo acusó de "ladrón", argumentando un pago de una suma cercana a los 74 mil dólares que el barra habría recibido en los últimos instantes de Julio Comparada a cargo de la institución.

Además, Álvarez, que se encontraba acompañado por varios compañeros de tribuna, realizó la entrega de sus estandartes (banderas y bombos), dejándolos allí. Según el administrador, varios de ellos serán donados al museo de Independiente, como recuerdo de una etapa cerrada en el club, y los restantes se entregarán en manos de socios que "no cobren por ser hinchas".

Pablo Álvarez, un personaje conocido

Bebote, tal como es conocido en el ambiente del fútbol, lidera (o lideró, ya que dice haber renunciado) la hinchada de Independiente desde hace muchos años. Fue justamente durante su etapa cuando se transformó en una de las mas fuertes del país, de la mano de la política.

Fueron, secundando a los de River Plate, la hinchada oficial en la Copa del Mundo de Alemania 2006, y, luego, los cabecillas de la ONG Hinchadas Unidas Argentinas, integrada por simpatizantes de otros tantos clubes, siendo el aliento en la Copa América de Venezuela 2007, y, finalmente, en la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010. Todo esto con apoyo del kirchnerismo, ya que el propulsor de dicha organización fue el dirigente Marcelo Mayo, ligado directamente al oficialismo nacional.

Gestiones antagónicas a la de Cantero

Sin duda que lo de Javier Cantero es extraño en Argentina, ya que la mayoría de las barras, por no decir todas, son reconocidas (puertas para adentro, hacia afuera son negadas) por las propias autoridades de las instituciones deportivas.

El caso mas notorio pareciera ser el de River Plate, cuya barra, denominada Los Borrachos del Tablón, se ha adueñado del club. Tal es así, que varios de sus líderes, sobre todo en la gestión de José María Aguilar, y, en menor medida, en la de Daniel Alberto Passarella, fueron contratados como empleados.

Los riverplatenses son los que mas desmanes han ocasionado en los últimos años, desde 2007, cuando se enfrentaron sus comandantes (los hermanos Schlenker, por un lado, y Adrián Rosseau, por el otro), dejando un muerto como saldo trágico de aquella disputa, además de decenas de batallas, dentro y fuera de los estadios.

Los de Boca, bautizados el Jugador Número 12, no se quedan atrás: en el transcurso que Rafael Di Zeo encabezó, los xeneizes se desempeñaron en diversos hechos de violencia, entre los que se recuerda el choque frente a los de Chacarita Juniors, en un cotejo amistoso en La Bombonera en 1999, transmitido por televisión, y que, ocho años mas tarde, los hermanos Di Zeo, y otros mas, fueron condenados por dichos sucesos, dejándole el trono a Mauro Martín, el actual jefe.

Por su parte, hay algunos que prefieren admitir la connivencia, como lo hizo Raúl Gámez, que presidió Vélez Sarsfield en dos etapas (1996-1999 y 2002-2005), siempre confesando haber sido barrabrava en otras épocas, y bajo su mandato aceptó facilitarle micros y entradas a su hinchada organizada, a cambio de "mantenerlos controlados".

Gámez fue durante largo tiempo el principal opositor de Julio Humberto Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino ininterrumpidamente desde 1979, lapso en el cual ocurrieron un centenar de muertes en partidos correspondientes a su organismo, y en el cual las barrabravas dejaron de ser grupos de fanáticos exaltados para transformarse en empresas que se enriquecen con el negocio del fútbol.