Viejos amigos, compañeros de travesuras de muy variado tenor, Javier Bardem y Jordi Mollà, en su ya lejana juventud, aparecen en Segunda piel representando personajes muy singulares dentro de las características habituales del cine español. Un guión de la hoy polémica ministra de cultura —siempre excelente guionista y muy buena directora— González Sinde, sobre una idea de Gerardo Vera, se plantea la peculiar capacidad de seducción de un ser en muchos aspectos "angelical", con un poder bisexual excepcional: hace feliz a su mejor amigo, y a su propia esposa, a cada uno aportándole un placer sexual intenso... hasta que ellos, sus mejores amigos-amantes le piden mucho más.

La atracción amorosa, la atracción sexual

Javier Bardem es un médico de éxito, un hombre con un "deje" femenino que adora a Jordi Mollà; a su vez es adorado por Cecilia Roth, una compañera de trabajo. Los dos hombres tienen encuentros íntimos sumamente felices, muy explícitos en la realización de la película, del mismo modo que el personaje que encarna Jordi huye de toda realidad, de toda explicación, del mismo modo que huye de los brazos y la menor cercanía del apuesto doctor, quien ignora que tan brillante amante y encantador amigo ... está casado.

El triángulo se despereza de todas las convenciones del género; el personaje bisexual no traiciona a nadie, es capaz de mantener relaciones sexuales óptimas con ambos, y su esposa es un dechado de encanto y sensualidad... pero lo que no sabe, ni intenta aprender, es amar a ambos o a uno solo libre de toda culpa, de todo castigo, de toda sexualidad... porque sí y porque se siente mancomunado con ambos.

Puede entregar placer y bondad con su cuerpo, pero no con una conducta cotidiana.

El drama bisexual, el drama de un hombre perdido

El personaje en conflicto parece moverse con una voluntad —y una capacidad— sexual óptima que, sin embargo, le impide expresar sentimientos continuos.

Incapaz de servir a cada uno de sus amores y a sí mismo, sinceramente, acabará destruyéndose como un adolescente atribulado, ciego de placer y furia: un niño, quizás, cuya deliciosa y vertiginosa sexualidad se encuentra en apuros al punto de aterrorizarle y destruirle.

Finalmente, amante y esposa rendirán tributo y posible amistad a aquel que tanto les amó sin saber hacerlo.

Gerardo Vera, un creador muy especial

Cuando realizó está película, Gerardo Vera había realizado Una mujer bajo la lluvia y La Celestina, y un año después, Deseo: todas muy interesantes, pero ninguna tan bien rodada, tan redonda en sus aspiraciones, testimonios y logros como Segunda piel.

La desdicha de los amores incompletos y el terror que desprende un amante que basa su existencia en la mentira hacia sí mismo, son temas planteados de un modo admirable con situaciones de sexo explícito en las que todos los actores —además de los mencionados, Javier Albalá en excelente breve participación— exhiben su doble vertiente: buenos recursos profesionales y gran calidez humana dada la amistad habitual entre los mismos.

El arte de embaucar, el arte de amar, el arte de morir de amor

Posiblemente todo lazo amoroso de esta película se encuentre seducido por el encanto y el terror de un hombre joven con sonrisa fácil y sexualidad rica en matices, pero el corazón de su temor, de su falta de decisión última, de su capacidad de sentirse dueño de sí mismo permanecerá siempre oculto, indefectiblemente al margen de la vida cotidiana donde la mayoría de los humanos necesitan una certeza de amor con la mayor precisión posible.

En Segunda piel los cuerpos ardientes de los hombres, y de uno de ellos con su propia y deseada mujer, se exhiben con claridad —evitando la exposición genital, pues lo convertiría técnicamente en cine porno, esto es, fuera de circuitos comerciales—, ya que resulta imprescindible ver físicamente los acercamientos, las pasiones y la capacidad de los amantes para comprender lo que les une y lo que les separa.

Por eso, cuando en el epílogo dos desconocidos rinden tributo al hermoso amante, la vida se les rinde a sus pies, el llanto permanece oculto, caminan por la ciudad de siempre, ahora sin nombre, con los gestos, los amorosos gestos, de aquel que se ha perdido a fuerza de no encontrarse.

Segunda piel, una película muy audaz, dirigida por Gerardo Vera, capaz de rehuir los amores convencionales, para introducirse en un tema estadísticamente mucho más "normal" de lo que se cree. Excelentes actores y un director muy especial que poco después se dedicaría de lleno al teatro con mucho éxito.