El historiador de la Marina española, Agustín Ramón Rodríguez González, ha realizado aportaciones decisivas acerca de los grandes pioneros españoles con sus trabajos sobre Cosme García e Isaac Peral, entre otros. Ahora publica la primera biografía del extraordinario marino y científico español Jaime Janer Robinsón (11.8.1884-3.3.1924) y con tal motivo le entrevistamos.

Pregunta: Don Agustín, ¿por qué le interesó la figura de Jaime Janer?

Respuesta: Porque fue un gran regeneracionista y como tantos precursores españoles, su memoria había sido injustamente olvidada; tanto que se le discutió el nombre de una calle en Marín, que tenía dedicada desde su muerte.

P: ¿Cómo fueron los años de formación de Janer?

R: Nació en Savannah (Georgia, EE.UU), hijo de Federico Janer y Macías, Cónsul de España en esa ciudad, y de Ana Robinson, ciudadana norteamericana hija de irlandeses. Su padre tuvo distintos destinos (Liverpool, Túnez, Lisboa, etc.) así que la familia, dirigida por la madre, se instaló en Madrid. Ingresó en la Escuela Naval en 1899, concluyendo sus estudios precozmente, con sólo 18 años. Más tarde amplió estudios en la Escuela de Torpedos de Cartagena y en la de Artillería de Costa. Esos estudios abarcaban desde las armas submarinas como minas y torpedos, los explosivos y los aparatos eléctricos para operarlos, hasta el tiro de cañón. con todas las disciplinas anejas: Física, Matemáticas, Aerodinámica, etc.

P: ¿Por qué eligió ser marino?

R: Desde niño quiso ser marino e ingresó en la Armada justo después de la derrota del 98. Su ilusión declarada era contribuir con todas sus fuerzas al renacimiento de la Armada Española, en particular en el ámbito científico y técnico. Los marinos habían sido la élite científica española del siglo XVIII y en el siglo XIX la Marina siguió proporcionando ejemplos de marinos ilustrados como Isaac Peral, José Luis Díez, Fernando Villaamil o Joaquín Bustamante, que no sólo pretendían dotar de nuevas y poderosas armas a su Patria, sino contribuir con sus estudios al desarrollo general del país. Los citados marinos del siglo XIX, fueron los adelantados de la electricidad, diseñando y construyendo muchas de las primeras instalaciones españolas de luz, teléfono o motores eléctricos.

P: ¿Qué aportaciones le debemos a Janer?

R: Su primera labor fue pedagógica y de difusión de lo que llamamos radio, la “telegrafía sin hilos” que popularizó Marconi a partir de su primer mensaje trasatlántico en 1901. En España desde 1903 se empezaron a realizar instalaciones en barcos, pero faltaba el personal adecuado para servir los equipos. Janer tradujo la primera obra básica, en inglés, “Wireless Telegraphy”, manual de instrucciones, que completó con toda una descripción de la teoría, técnica y funcionamiento de los aparatos. Tuvo que inventarse palabras para traducir términos que por aquel entonces no existían en español, e instaló y reparó los pocos equipos que entonces había. Formó parte de la delegación española en el primer congreso internacional que reguló la radio, el de Londres de 1912.

P: ¿Inventó algo más Janer?

R: Tanto Jaime Janer como Leonardo Torres Quevedo se dieron cuenta de las posibilidades que ofrecían las ondas de radio. Torres Quevedo fue el creador del “telekino”, el primer mando a distancia (o por control remoto) del mundo. Ambos, en 1906 presentaron sendos proyectos de dirección de torpedos a distancia, pero fueron rechazados por comisiones que apenas entendían sus propuestas...Y en muchas otras cuestiones Janer fue el entusiasta impulsor de nuevas técnicas, desde la aviación a los "war games" para formar al personal.

P: He leído en su libro que Janer revolucionó el tiro artillero. ¿A qué se refiere?

R: Se debe a Janer luna de las primera direcciones de tiro. Los cañones de entonces ya conseguían lanzar proyectiles a más de diez kilómetros pero los métodos de puntería no habían variado apenas desde Trafalgar, por lo que los cañones sólo hacían blanco a menos de tres ml metros. Al principio la superioridad le negó cualquier apoyo, prefiriendo un sistema inferior, británico. Pasaron años que él dedicó a realizar viajes y publicaciones. Se casó y figuró entre los fundadores de los Boy Scouts españoles. En 1913 empezó a imponer sus criterios en el ámbito de la dirección de tiro, cuando fue destinado al nuevo acorazado “España”, primero de los “dreadnoughts” españoles. Se trataba de buques que podían aprovechar los nuevos sistemas de tiro y alcanzar a sus enemigos desde distancias más del triple que las anteriores y con mucha mayor contundencia. Nombrado director de tiro del acorazado, se hicieron evidentes las ventajas de sus estudios y trabajos. En 1915 publicó tres manuales sobre el nuevo tiro naval, e incorporando los avances y experiencias de la Primera Guerra Mundial, su gran obra Balística Exterior, telemetría y tiro naval, de 1919, obra clásica durante muchos años sobre la cuestión.

Ya consagrado, recibió el encargo de crear en Marín, Pontevedra una Escuela y Polígono de Tiro Naval, que se convirtió en uno de los centros más adelantados del mundo en esa especialidad. En 1922 publicó otro clásico, La estereofotogrametría y su aplicación a la calibración de la artillería, en la que la fotografía instantánea era un poderoso auxiliar, fue su libro número 11.

P: ¿Qué puede contarnos acerca de su muerte?

R: El 3 de marzo de 1924, durante la guerra de Marruecos, un cañonazo marroquí puso término a su vida... Contaba 39 años. Fue enterrado con todos los honores en Ceuta. El ayuntamiento de Marín, en sesión extraordinaria dedició colocar su retrato en el Salón de Plenos, poner su nombre a la avenida principal de la localidad y pedir a la Armada el traslado de sus restos al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, en reconocimiento a su gran labor. Para esto último hubo que esperar ¡42 años! Desde 1966 Janer reposa en dicho Panteón.

Referencia

Agustín Ramón Rodríguez González. Jaime Janer Robinson: Ciencia y Técnica para la reconstrucción de la Armada, Ediciones Navalmil, Madrid, 2012, Introducción del almirante Marcial Gamboa, Prólogo del capitán de navío Angel Liberal. 141 pp. ISBN: 978-84-940845-0-8