Es una actividad tan antigua como la edad del hombre sobre la tierra. Sin embargo, más allá del tiempo transcurrido y de la necesidad de alimentación, la caza mantiene millares de adeptos entre el Homo Sapiens. En la actualidad, se ha constituido en una interesante propuesta turística de muchas regiones de Argentina a través de la caza mayor de jabalíes, ciervos, pumas y otras especies autóctonas.

Paquetes turísticos para cazadores

Astucia, adrenalina, coraje y emociones humanas se camuflan en inhóspitos y entreverados campos de la Patagonia, donde los cazadores pergeñan tácticas de montería y de rececho para enfrentar a preciados trofeos que luchan con bravura e inteligencia.

La caza del jabalí es una de las más promocionadas en provincias como Río Negro y La Pampa, y tal es su encanto a nivel mundial que ya se la menciona en Internet y en paquetes turísticos como: jabalí hunting. Una definición de marketing que busca la atención de asiduos cazadores provenientes de lugares como Europa, Latinoamérica y Estados Unidos.

La presa, virtudes de un adversario temerario

Hábil, tozudo, bravo, áspero, sagaz y desconfiado, el jabalí es originario de Eurasia y fue introducido en Argentina hacia la primera década de 1900 por Pedro Olegario Luro, quien creó el primer coto de caza organizado del país.

Su valor cinegético está dado por el largo de los colmillos, de gran desarrollo en el macho, en el que alcanzan hasta 30 centímetros de longitud. La piara es su unidad social y presenta una alta tasa de reproducción. Es por esto y su expansión territorial descontrolada, que se lo ha llegado a considerar como una plaga exótica.

La edad adulta de los machos o padrillos se alcanza a partir del año de edad y con hasta 150 quilos de peso. Es un animal omnívoro, de cuerpo vigoroso y compacto. Su pelaje puede rotar entre el negro, marrón oscuro o los grisáceos. Sedentario, habita en madrigueras al ras del suelo, en medio de montes tupidos.

El jabalí impone respeto

Como adversario puede ser tan bravo como un demonio. Un largo resoplido indica su alarma ante el peligro, un gruñido grave su desconfianza. Es capaz de huir a gran velocidad en medio de pasadizos inaccesibles. Un entrevero de piquillines, espinosos alpatacos, jarillas y chañares forman su escudo defensivo para dejar atrás y mal herido a cualquier acechador.

Pero si es acorralado y deja de huir, el jabalí es muy peligroso. Cuenta en su haber histórico a algunas arterias femorales de cazadores desafortunados. Y, en mayor número, vidas de perros cuando se los utiliza para cazarlo.

En la noche se desplaza en las sombras y su desconfianza, agudo oído y olfato guiado por el viento, constituyen sus mejores habilidades de alerta. Capacidades que compensan su deficiente visión.

El jabalí impone respeto, comentan los cazadores. Incluso, a veces, en la lucha cuerpo a cuerpo, confiesan que hace sentirles un miedo paralizante que hiela la sangre.

El cazador y el talón de Aquiles de su presa

Tensión, máxima adrenalina, esfuerzo mental y hasta un extenuante esfuerzo físico son las sensaciones que acompañan la cacería del jabalí. Decepción, si el rastreo no da resultado; y gloria, si la presa es un padrillo de esos que todos admiran.

La modalidad de caza conocida como montería, con perros y cuchillo, es la más peligrosa y extenuante. Suelen participar no más de 3 cazadores acompañados de una jauría compuesta generalmente por dogos argentinos que son los perros pesados y cruzas como galgo, ovejero o border collie, que son los perros de punta cuya función es detectar al jabalí y llegar primero a la presa, cansándola, empacándola y reteniéndola hasta que arriba la jauría completa.

El cazador o perrero, debe montar oportunamente al chancho, asegurarlo, y darle muerte con una puñalada directa al corazón, asestada detrás de la paleta.

Un animal muy desconfiado y astuto

La modalidad de caza denominada apostadero, acecho o emboscada se basa en esperar al jabalí en medio de la noche, a que baje a tomar agua o se acerque a algún cebo. Sus puntos vulnerables son el hambre, la sed o el deseo sexual. Es un duelo uno a uno, y por lo general con una única oportunidad para disparar.

No es simple, el jabalí es muy desconfiado y astuto. Esto obliga a los cazadores a desplegar todas sus artes, conocimientos, persistencia y concentración mental. No es una caza apta para ansiosos. Prisa, ruidos, olores personales, cigarrillos y distracciones juegan en favor de la presa.

Cualquier arma y cartucho con la energía terminal adecuada es la herramienta ideal a emplearse con éxito. Entre la elección de los entendidos desfilan marcas como: Magnun, Winchester, Mauser, Government, Ruger y otras. Y siempre está abierta la opción del arco y flecha.

El jabalí es un digno trofeo de caza y ha sido incorporado por la cocina gourmet como una exquisita carne de sabor suave y salvaje.