
- Islandia: un país, una revolución - Rkt2312
El 2011 ha comenzado marcado por grandes cambios en el mundo árabe: Túnez encendió una mecha que ya ha prendido en muchos otros países. Sin embargo, los árabes no han sido los únicos: en el seno del mundo occidental, aunque pasando prácticamente desapercibida para los medios de comunicación, Islandia emprendió en 2008 una revolución que logró tumbar un Gobierno, se negó a pagar su deuda externa y hoy reescribe su propia Constitución.
Los islandeses han demostrado que el pueblo unido es capaz de sacudir los cimientos del orden establecido y tomar las riendas de su futuro.
Cuando Islandia vivía en el paraíso
En noviembre de 2007, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) coloca a Islandia en la cabeza de su lista de países con mayor Índice de Desarrollo Humano (IDH), por delante de Noruega, Australia y Canadá. Según la ONU, Islandia era, en este momento, el mejor país para vivir.
La crisis económica mundial se ceba con Islandia en 2008
El año 2008 quedará marcado como el año en que la crisis financiera desatada en Estados Unidos se expandió a nivel mundial. Las consecuencias en Islandia serán desastrosas: el Estado se ve obligado a nacionalizar el segundo principal banco del país, Landsbanki al que poco después seguirán otros dos, Kaupthing y Glitnir. La krona, moneda oficial, se desploma, y en octubre la Bolsa tiene que suspender su actividad tras registrar una caída del 76%, tal y como recoge el periódico El País.
Tratando de hacer frente a la situación, el Gobierno solicita ayuda oficial al Fondo Monetario Internacional, que le concede un préstamo por valor de 2.100 millones de euros; otros países nórdicos colaboran también aportando otros 2.500 millones. El ficticio estado de bienestar islandés, construido sobre burbujas, ha explotado por fin: el país está en quiebra.
En enero de 2009, comienza la revolución
Los islandeses, hartos de la situación, se echan a la calle: las manifestaciones ciudadanas frente al Parlamento en Reikjavik son cada día más multitudinarias. Finalmente, el 26 de enero, tras una semana de protestas especialmente intensas, el primer ministro Geir H. Haarde anuncia la dimisión en bloque del Gobierno, tal y como cuenta El Mundo.
El 25 de abril se celebran elecciones generales, que resultan con la victoria de la coalición formada por el Partido Socialdemócrata y el Movimiento Izquierda-Verdes. Jóhanna Sigurdardóttir es la nueva primera ministra.
Entre 2009 y 2010, Islandia negocia el problema de la deuda
Durante el 2009, la economía islandesa continúa en una situación muy precaria, cerrando el año con una caída del PIB de un 7%. A pesar de ello, el Parlamento aprueba una controvertida ley que propone devolver a Reino Unido y Holanda los más de 5.000 millones de dólares que estos países, cuna de los principales inversores de los bancos islandeses, deben reembolsar a sus ciudadanos en compensación por los ahorros perdidos tras la quiebra.
La medida supondrá que las familias islandesas tengan que devolver esta suma mensualmente, durante los próximos 15 años, al 5,5% de interés.
Ante esta situación, Islandia se echa de nuevo a la calle. El presidente, Olafur Grimsson, se niega a ratificar la ley y convoca al pueblo en referéndum: tal y como recoge El País, el 6 de marzo de 2010. El 93% de los islandeses rechaza devolver la deuda a Holanda y Reino Unido. Ante esta negativa, los acreedores rebajan sus exigencias, aceptando un pago a 37 años y con un 3% de interés. El Parlamento está de acuerdo con estas condiciones, pero en febrero de este año 2011, el presidente Grimsson rechaza sancionar la nueva ley y convoca a los islandeses en referéndum por segunda vez.
Junio de 2010. Los banqueros islandeses, en busca y captura
A principios de 2010 el Gobierno islandés inicia una investigación para encausar a los responsables de la crisis. En junio comienzan a producirse las primeras detenciones de banqueros y altos ejecutivos, y otros antiguos cargos se enfrentan a pleitos de millones de dólares.
En vista de la situación, muchos de ellos deciden huir al extranjero. Pero Islandia no se rinde: en marzo de 2011, tal y como aparece en el periódico El Mundo, nueve personas son detenidas en Londres y Reikjavik en relación con el colapso de los bancos islandeses. Los culpables de la quiebra comienzan a pagar.
Una nueva Constitución para Islandia
Mientras sigue recuperándose de la crisis, Islandia decide renovar su Carta Magna. El pasado mes de noviembre se eligió a los miembros de la asamblea constituyente encargada de hacerlo y, para ello, se recurre directamente al pueblo: los 25 elegidos son ciudadanos de a pie, sin filiación política de ninguna clase, que para presentarse sólo necesitaron cumplir los requisitos de ser mayor de edad y contar con el apoyo de 30 personas.
En febrero de este 2011, la asamblea comienza a trabajar; el proyecto de Constitución que redacte deberá ser aprobado por el actual Parlamento y por el que resulte de las próximas elecciones legislativas. El futuro de los islandeses está de nuevo en sus manos.
Islandia, con sus poco más de 300.000 habitantes, ha resurgido de sus cenizas demostrando al mundo que es posible conseguir cambios de forma pacífica. Unido, el pueblo islandés ha confirmado una vez más que el viejo lema de Liberté, egalité, fraternité continúa, más de dos siglos después, más vivo que nunca.
