Es posible que se trate de una leyenda, pero se cuenta que un pastor etíope (hace más de 1.300 años) venía observando que cuando comían ciertos frutos rojos, sus cabras se cargaban de energía. Decidió llevar esa planta a un monasterio y contó su relato a los monjes, estos la cocinaron y así nació el café.

El coñac, las patatas chips y el refresco de cola

Ya durante la Edad Media se procedía a extraer el agua presente en el vino, mediante la cocción, para agilizar el transporte; una vez que el producto llegaba a su destino se le añadía de nuevo. Pero con el tiempo se comprobó que el caldo obtenido al retirar el agua era apetecible y que se podía comercializar, tal cual; de esta forma se descubrió el coñac.

El cocinero George Crum se enfadó muchísimo cuando uno de sus clientes le devolvió, repetidamente, un plato de patatas alegando que no estaban crujientes; Decidió cortarlas extremadamente finas, para mejorar su fritura, y servirlas con una gran cantidad de sal. Su degustación resulto muy sabrosa y las llamadas patatas chips, se hicieron famosas.

La fórmula del refresco de cola, que aún hoy en día es secreta, se vendió exclusivamente en las farmacias durante más de ochos años. Esto fue debido a que la descubrió, accidentalmente, un farmacéutico estadounidense llamado John Stith Pemberton (1831-1888) que trataba de encontrar un medicamento efectivo contra el dolor de cabeza.

Teflón, velcro y fuegos artificiales

Roy J. Plunkett ( Ohio 1910- 1994) realizaba pruebas de refrigeración con polímeros, en su empresa, y sometió tetrafluoroetileno a una gran presión junto con hielo seco. Cuando los retiró, halló en las paredes del recipiente una sustancia blanquecina, tipo cerumen, que se habían generado, por accidente, en el experimento. A este nuevo material, se le llamó teflón y su uso se ha intensificado en el revestimiento de las sartenes, aviones y naves espaciales.

La palabra velcro procede del francés «velours» (terciopelo) y del inglés «crochet» (gancho). En 1941, un ingeniero eléctrico suizo, llamado George Mestral (1907- 1990), se fijó en que las semillas de una planta llamada arctium tenían la capacidad de engarzarse en la ropa y en el pelo de los animales. Examinó, mediante el microscopio, las semillas y descubrió que lo lograban debido a que estaban provistas de filamentos con forma de gancho. Patentó y llevó la idea al mundo textil, fundó su propia empresa y vendió, en 1951, 55.000 kilómetros de velcro.

Otra posible leyenda habla de que hace 2000 años, en China, un cocinero despistado que trataba de hacer fuego mezcló carbón vegetal, salitre y ácido sulfúrico, lo que provocó una explosión considerable. Posteriormente a alguien se le ocurrió introducir el compuesto, en una caña de bambú y hacerlo estallar allí. De esta forma se descubrieron los fuegos artificiales que, en un principio, se usaron para espantar a los espíritus malignos.

Viagra, Penicilina y LSD

En el Hospital de Morriston (Gales) se estaba tratando de diseñar un medicamento para combatir la angina de pecho y la hipertensión. Cuando se empezaron a realizar las primeras pruebas se comprobó, con sorpresa, que el medicamento mejoraba mínimamente la angina, pero producía una considerable excitación sexual en los pacientes varones. La Viagra se patentó en 1996 y se comercializó en EE.UU. en el año 2000.

Corría el año 1928 cuando el científico escocés Alexander Fleming, que había declarado la guerra a la gripe, se quedó absolutamente sorprendido cuando comprobó que un hongo había contaminado, casualmente, una muestra de la bacteria staphylococcus y la había matado. Fleming, con ayuda de un micólogo, estudió a fondo el hongo al que llamaron Penicilina. Se había descubierto un nuevo antibiótico.

El doctor suizo Albert Hofmann trataba de desarrollar un fármaco para inducir los partos, en 1943, cuando probó una pequeña dosis de una sustancia química denominada dietilamida de ácido lisérgico, derivado del cornezuelo del centeno, que le había provocado una mancha. Después de sentir sus efectos, decidió sintetizarla y experimentar con lo que se llamó LSD. Hay que recordar, sin ánimo de provocar, que el doctor Hofmann vivió 102 años.

Rayos X y marcapasos

La Radiología nació a partir de un experimento que el físico Wilhelm Conrad Roentgen (1845- 1923), prusiano de nacimiento y holandés de adopción, realizó cuando sujetaba en su mano un aro de plomo. El científico había observado la capacidad que tenían algunos rayos ( los catódicos) para atravesar materiales como el metal y el papel, aunque no ocurría lo mismo con el plomo. Expuso un aro de este material, sujetados entre sus dedos, a la radiación de Rayos X y comprobó, con perplejidad, que podía ver sus huesos; imprimió la imagen en una placa fotográfica y consiguió la primera radiografía de la historia.

Pocos inventos han sido tan trascendentes y decisivos, como el marcapasos, en la historia de la medicina. El ingeniero norteamericano Wilson Greatbatch (1919- 2011) desarrolló, en 1993, el primer aparato electrónico implantable capaz de normalizar el ritmo cardiaco del corazón. Pero realmente, Wilson, trabajaba en el diseño de un dispositivo capaz de grabar las secuencias de latidos; una equivocación, en la estructura eléctrica, provocó que el aparato tuviera la capacidad de influir en la regularidad cardiaca.

Es innegable que la casualidad ha influido en el logro de muchos descubrimientos que han cambiado el devenir de la humanidad, pero no se puede olvidar que, en la mayor parte de los casos, las personas que los realizaron eran trabajadores incansables que habían hecho de la investigación, la razón de sus vidas.