En el mundo antiguo, el Cercano Oriente miraba hacia el Mediterráneo a través de Fenicia. Este pequeño país poseía 200 km de costa y ocupaba una estrecha faja de territorio entre el mar Mediterráneo y los Montes Líbano.

La misma naturaleza del país hizo de Fenicia un pueblo de grandes navegantes. Sus embarcaciones, eran chatas y amplias, con doble fila de remeros y una gigantesca vela cuadrada en el mástil.

Los fenicios eran sumamente hábiles e industriosos, dominados por el afán de acumulación de riquezas. Apoyados en sus grandes conocimientos de navegación, se constituyeron como una verdadera nación de “mercaderes”, dedicándose al comercio y a la piratería.

Lamentablemente, como en en estas actividades solían emplear todos los recursos, buenos y malos, pronto gozaron de la merecida fama de ladrones, embusteros y traidores.

Como se encontraban al cruce de todas las rutas, se mantuvieron al tanto de todos los conocimientos científicos de su época y ellos, por su parte, les aportaron la aplicación práctica que su vida de comerciantes les exigía.

Los fenicios tuvieron ciertos adelantos en algunas ramas de la ciencia. Es así que en geografía y astronomía alcanzaron el máximo desarrollo con los viajes de sus marinos.

Del mismo modo, la geometría y el dibujo les fueron imprescindibles para las construcciones de sus embarcaciones.

El primer alfabeto

Pero no es de dudar, que el mayor aporte a la civilización humana por parte de los fenicios fue el alfabeto. Al principio, los fenicios adoptaron en su primitiva escritura los jeroglíficos egipcios. Pero luego, su gran espíritu práctico y las necesidades del comercio, les llevó a simplificar estos complicados signos, reduciéndolos a 22 dibujos fundamentales.

Cada uno de ellos representaba un sonido y con su combinación se podían formar todas las palabras. Así hacia el año 1000 a.C. nació el primer alfabeto.

Luego, esta grandiosa invención se propagó pronto por todos los países, de modo que bien puede afirmarse que los fenicios enseñaron al mundo las primeras letras.

Se dice de los Fenicios

Varios documentos datan de ciertos descubrimientos por parte de los fenicios. Por ejemplo, Aristóteles, en su Historia Natural nombra al molusco “Murex brandaris”. De este molusco es del cual los fenicios descubrieron tintes para teñir telas, en especial del color rojo violáceo que distinguía a los fenicios por ser el más usado.

Los relatos cuentan que este descubrimiento se realizó por casualidad a causa de un perro que mordió a uno de estos moluscos, tiñendo de color su hocico. Colores como el blanco, negro y otros matices eran producidos con el tinte del Murex Brandaris.

Se le atribuye a los fenicios también, la invención del vidrio que se manufacturaba a orillas del río Belo. No era utilizado para ventanas ni puertas, porque preferían aberturas al aire, ni tampoco para la manufacturación de recipientes, porque preferían el metal. Era utilizado para cubrir paredes y fabricación de adornos.