Puede decirse que Egipto es un oasis de más de 1.000 km de largo y 40 de ancho. En efecto, enclavado en el ángulo nordeste del continente africano, no sería nada más que un pedregoso desierto, continuación del Sahara y de Arabia, si no fuese por el río Nilo que lo atraviesa en toda su longitud de sur a norte, convirtiéndolo en un fertilísimo valle.

Los egipcios tuvieron merecida fama en el mundo antiguo por el caudal de sus conocimientos científicos. Las clases dirigentes, principalmente la casta sacerdotal, sobresalieron en el cultivo de diversas áreas.

Por ejemplo, en las matemáticas, pudieron desarrollar la base de los cálculos necesarios para sus monumentales construcciones. Según se desprende de antiquísimos papiros, poseían una especie de álgebra con la que obtenían las fórmulas geométricas de superficies y volúmenes.

En astronomía no se quedaban atrás. Dividían el año en 12 meses iguales, a los que agregaban 5 días libres de más. Estudiaron y dieron nombres a los planetas y a las estrellas visibles.

En el área de la física desarrollaron con notable éxito, un sistema de hidráulicas necesario para la canalización y regulación de las aguas del Nilo.

Mientras que en química, pudieron desarrollar fórmulas propias y secretas, obteniendo esmaltes y colores que se mantienen inalterables hasta nuestros días, así como también, las sustancias necesarias para el embalsamiento de los cadáveres.

El área de medicina se encontraba a cargo exclusivo de los sacerdotes, y se encontraba íntimamente relacionada con la magia y con la hechicería.

Los egipcios pudieron sacar provecho de su entorno natural para otros inventos. En lo que respecta a la escritura, aprovechaban una caña que crece abundantemente en El Nilo, cuyas capas desplegadas eran encoladas y prensadas, fabricando así los papiros sobre los cuales escribían con punzones de madera con tintas de varios colores. Aún en nuestros días, luego de 4.000 años, guardan todo su brillo.

Escritura egipcia

Fueron los creadores de un sistema de escritura sumamente original. Para las tumbas y templos, escribían de derecha a izquierda, dibujando pequeños signos con las siluetas de los objetos a los que referían. Estos signos ejecutados con gran habilidad, eran denominándolos jeroglíficos.

Pero en los papiros se solía emplear otro sistema de escritura: la hierática, que no era otra cosa que los mismos jeroglíficos, pero de trazos más simplificados.

A partir de la 20ª dinastía, los signos se fueron simplificando aún más, formándose la escritura demótica o popular, así llamada por emplearse principalmente para los usos de la vida diaria.

De modo que estos sistemas no eran tres escrituras diferentes, sino los mismos jeroglíficos pero con trazos mas o menos simplificados.

La escritura egipcia fue uno de los grandes secretos de la historia, hasta que en el año 1.800 los arqueólogos franceses agregados a la expedición de Napoleón hacia Egipto, hallaron en las proximidades de Rosetta una piedra de granito con inscripciones escritura demótica y en griego.

Llevada la piedra a Francia y tras grandes esfuerzos, el arqueólogo Champollion logró descifrar la inscripción y establecer definitivamente la clave de los jeroglíficos. Con ello nació la egiptología, una nueva rama de la historia.