La intolerancia a la lactosa aparece cuando el intestino delgado no produce suficiente lactasa. La lactasa es una enzima que juega un papel fundamental en el proceso de conversión de la lactosa en sus dos componentes básicos: la glucosa y la galactosa. Se trata de un proceso esencial para que la lactosa pueda ser absorbida por el organismo.

La intolerancia a la lactosa puede iniciarse en cualquier etapa de la vida, aunque es más frecuente en personas de origen asiático, africanos, nativos americanos y personas del área mediterránea.

La intolerancia a la lactosa no supone ningún peligro especial si se controla y es bastante común en los adultos. Se estima que, solo en los Estados Unidos, unos 30 millones de personas, a partir de los 20 años, presentan algún grado de intolerancia a la lactosa.

Causas de la intolerancia a la lactosa

Se puede hablar de intolerancia a la lactosa de origen genético como una de las causas, pero este tipo de intolerancia primaria es poco frecuente. La intolerancia secundaria, mucho más común, puede estar causada por varios factores. Entre ellos están las infecciones en el intestino delgado, bien de virus o bacterias, que pueden dañar las células que lo recubren. La cirugía del intestino también puede acarrear como consecuencia la intolerancia a la lactosa.

Hay que tener presente que la cantidad de lactasa que produce el organismo va disminuyendo a lo largo de la vida, por lo que si la lactosa no forma parte de de la dieta desde el primer momento, la intolerancia, por decirlo así, irá ganando terreno.

Otras causas relacionadas con esta afección son la intolerancia a las proteínas de la leche de vaca, la malnutrición, la intolerancia al gluten o la administración de algunos medicamentos, como la neomicina o la kanamicina.

Síntomas de la intolerancia a la lactosa

Los síntomas serán más o menos evidentes dependiendo de dos factores; el primero es el nivel de lactasa que presente la persona, y el segundo la cantidad de lactosa ingerida. En este sentido es importante señalar que una persona con un nivel de lactasa no excesivamente bajo puede ingerir, por ejemplo, medio tazón de leche sin que se presenten síntomas.

En general los síntomas se presentan al cabo de media hora de haber ingerido productos lácteos. Estos síntomas se pueden agravar si se consumen cantidades grandes de dichos productos, con cólicos abdominales, diarrea, distensión abdominal, náuseas o gases.

En los bebés o niños pequeños puede llegar a producirse un crecimiento lento o pérdida de peso.

Tratamiento de la intolerancia a la lactosa

El tratamiento para la intolerancia a la lactosa se reduce básicamente a la disminución de productos lácteos de la dieta o, si fuera necesario, a su eliminación. Como ya se ha comentado, la mayoría de personas puede tomar lactosa, aunque de una manera restringida. Entre los productos lácteos que se pueden digerir más fácilmente está el yogurt, la mantequilla, los quesos curados, la leche de cabra, helados, leche de vaca tratada con lactasa, productos deslactosados o la leche de soja.

La eliminación de los productos lácteos de la dieta puede comportar carencias de calcio, vitamina D, riboflavina y proteína, de ahí que se le deba prestar especial atención a la manera de incorporar a la dieta estos elementos esenciales.

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