Imagine que es su aniversario. Llega a casa y se sienta en ese sofá que tantas conversaciones ha escuchado. Entonces aparece su pareja con un un paquete en la mano; es su regalo. Lo abre y es un elegante bolso. O un hermoso cinturón de piel. O tal vez sea un bonito bolígrafo junto a un reloj de última generación. O puede que sea un despertador de diseño. ¿Tendría motivos para desconfiar? Aparentemente no, ¿verdad? Pues a partir de ahora quizás sí debería hacerlo, y es que por alguna razón cada vez son más los estudios, como el realizado por el portal de viajes Trivago, que señalan a los españoles como los más celosos de Europa.

Cuando los celos borran la confianza

Dijo el dramaturgo francés Molière que “el celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor”. Sería un buen punto de partida para dar la bienvenida a un negocio que se lucra de aquellos amantes que se alimentan de los celos: el espionaje conyugal. Y es que ese bonito bolso podría ser en realidad un GPS que se encargará de vigilar sus movimientos; y el cinturón, el bolígrafo y el reloj podrían incluir un grabador espía oculto que permitirá registrar todas sus conversaciones. El despertador de diseño, por otro lado, podría estar dotado de imagen y voz. Son las llamadas armas o gadgets de espionaje del siglo XXI, que se pueden encontrar en el mercado desde el módico precio de 50 euros las más sencillas hasta llegar a los 2.500 euros las más sofisticadas.

Internet al alcance del celoso

El espionaje es un delito penado con hasta cinco años de cárcel. Así lo recoge el código penal español, pero eso no impide que por Internet circulen cientos de páginas dedicadas al tema: programas, ideas, consejos y distintos objetos están al abasto de cualquiera para que pueda enterarse de todos los movimientos de su pareja.

El periodista Francesc Canals, autor del reportaje España, un país de infieles por naturaleza, pone al descubierto como el espionaje conyugal “es un fenómeno subterráneo, a menudo caracterizado por su discreción y anonimato” pero que a su vez “cuenta con un gran número de adeptos y practicantes en nuestro país”.

Canals, director del Observatorio de Internet y la Agencia para la Picaresca, afirma además que “hurgar en la lista de SMS enviados o recibidos, espiar la correspondencia que recibe el cónyuge, leer los papeles o anotaciones que nuestra pareja olvidó en el bolsillo del pantalón, u oler la ropa en busca de una fragancia y olor ajenos se han convertido en prácticas habituales que se repiten diariamente en miles de hogares de todo el país”. Y es que, según afirma el periodista, “para muchas almas celosas saber con quién se relaciona nuestro cónyuge puede llegar a convertirse en un auténtico tormento personal”.

Espías móviles y test de infidelidad

Son muchas las empresas que han visto un suculento negocio en la venta de dispositivos de todo tipo. Con Internet como aliado cualquiera puede entrometerse en la vida de su pareja desde el anonimato y la discreción siempre que cuente con los gadgets adecuados.

Entre estos artilugios se encuentra el Blue Tooth Spy, un programa que permite monitorizar el teléfono móvil del cónyuge. Su funcionamiento, explica Canals, es sencillo: “tras instalar este dispositivo en el móvil de la contraparte afectiva recibiremos una copia de todos los SMS enviados o recibidos desde su terminal”.

Pero no es el único. Sys_Keylog Advanced es una aplicación que sirve para registrar cualquier tipo de información que se introduce a través del teclado del ordenador: correo electrónico, chat, messenger, direcciones web, contraseñas y programas ejecutados, mostrando en un archivo log toda esta información detallada por usuario, fecha y hora. Un poco más sofisticado pero de igual éxito es el Check Mate, un producto que se utiliza para probar científicamente la existencia de una infidelidad. El director del Observatorio de Internet lo describe como “un compuesto químico que permite saber si el cónyuge ha mantenido relaciones sexuales durante las últimas 48 horas”.

En la misma línea está el spray revelador, un producto químico que permite leer el interior de sobres y cartas sin necesidad de abrirlas. “El líquido rociado se evapora en unos 30 segundos sin dejar ningún tipo de rastro en la superficie de papel”, dice Canals. A parte de eso, las ofertas son infinitas y uno puede encontrarlas con solamente teclear la palabra “espionaje” en la Red, con más de dos millones y medio de resultados, y donde aparecen opciones para todos los gustos.

Penas de hasta cuatro años de cárcel

Hurgar en la carpeta de elementos recibidos, mirar el historial de páginas visitadas o intentar acceder al hilo de conversaciones mantenidas suponen “auténticas vulneraciones a la intimidad”. Pero tal y como afirma Francesc Canals, “en muchos casos el cónyuge se declara moralmente autorizado a entrar en la cuenta de e-mail de su pareja sin saber que está incurriendo en la comisión de un delito de revelación de secretos y exponiéndose en caso de litigio a una fuerte sanción por parte de un juez”.

En este sentido, el Código Penal de 1995 vigente todavía hoy en España pese a la reforma de 2010 se muestra intransigente con el espionaje. El artículo 197.1 no deja lugar a dudas: “el que para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico (...) será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses”. Por otro lado, el artículo 197.3 deja claro que “se impondrá la pena de prisión de dos a cinco años si se difunden, revelan o ceden a terceros los datos o hechos descubiertos o las imágenes captadas”.

Muchas veces la propia moral actúa de disfraz para dar el visto bueno a las acciones. Pero la experiencia demuestra que la confianza sigue siendo la base de una relación, y cuando esta confianza se va deja vía libre a los fantasmas. Y estos inevitablemente terminan por romper una relación que desde el momento en que uno traiciona al otro, deja de tener sentido.