A principios de los 60's, la pareja swinger salió a la luz cuando los movimientos hippies reconocieron públicamente el intercambio de parejas. Tanto la ideología dominante como la moral cristiana consideraron a este tipo de experiencia sexual una conducta de poca cordura, propia de jóvenes confundidos e intoxicados por las drogas.

Más adelante, cuando parejas de jóvenes profesionales, sensuales y exitosos, legalmente casados descubrieron los encantos del matrimonio abierto, entendido como una relación donde ambos cónyuges se dan la oportunidad de tener relaciones paralelas sin romper sus vínculos, la psicología y sobre todo la sociología, empezaron a investigar los límites y alcances de ambas modalidades de intimidad compartida.

Parejas sin exclusividad

Aunque la concepción tradicional sostiene que el matrimonio debe fundarse en la monogamia, cuando el amor que se profesan los miembros de una pareja es francamente compatible con su mutua disposición a explorar sus experiencias sexuales en total libertad, la infidelidad no puede tener lugar como problema conyugal aunque legalmente pueda constituir una causa de adulterio.

En esos casos, que en los hechos forman auténticas minorías eróticas, el intercambio de parejas mediante la consensuada construcción de un vínculo de matrimonio abierto puede ser una opción viable para enriquecer la vida emocional y sexual con pocos riesgos de daño.

En otra modalidad, la publicidad de empresas especializadas en el ejercicio de la sexualidad compartida recomiendan que la experiencia swinger, sin vínculos emocionales, es la mejor opción cuando la rutina se apodera de una relación de pareja. En estos casos, la investigación documenta que, generalmente, el promotor de esta forma de intimidad suele ser el hombre, apoyado en la presunta fantasía masculina, que inconscientemente supone más sexy a la mujer del prójimo.

Como pude verse, tanto la experiencia swinger como el matrimonio abierto no son opciones viables para todas las parejas. Se requiere de una firme estabilidad emocional y de cierta madurez psicológica que permita tomar este tipo de decisiones con asertividad.

Cuestionamientos al liberalismo sexual

Los críticos del intercambio de parejas consideran que no ofrecer ni demandar la exclusividad sexual al cónyuge se debe a que estas personas desde muy jóvenes presentan diversas resistencias para enamorarse profundamente. Asimismo caracterizan que ese liberalismo en la vida íntima implica cierta hostilidad inconsciente hacia el género opuesto.

Más allá de los cuestionamientos, la existencia abierta o clandestina de las minorías eróticas basadas en la apertura de las parejas y de su intercambio recíproco, precisa liberarse de tabúes y romper con las reglas convencionales de la sexualidad.

Cabe subrayar que algunas actividades de intercambio de pareja están muy bien organizadas como negocio. En EEUU hay alrededor de 400 clubes y más de 600 en Europa. En la mayoría de las grandes ciudades existe al menos un club permanente aunque frecuentemente mantenga un bajo perfil para no llamar la atención.

Riesgos de la apertura conyugal

Los riesgos de fracaso tanto de la pareja swinger como del matrimonio abierto se deben a que a menudo uno de los cónyuges se empeña en persuadir al otro de participar en ese tipo de experiencia. En efecto, si uno de los miembros cede simplemente por complacer sin tener necesidad alguna de esa apertura conyugal, un quebranto emocional, no previsible por ambos, puede sobrevenir.

Generalmente el intercambio pleno no solo sexual sino de sentimientos, suele confundir a quienes llevados por un mero espíritu de aventura, disfrutan gratamente su experiencia pero se llenan de celos evidentes al percatarse que a su pareja le va muy bien en sus encuentros.

En esos casos, los daños a la autoestima también pueden darse aunque ambos consortes tengan pleno convencimiento (racional) de los riesgos emocionales implícitos en un intercambio de parejas. Esto suele ser así porque los “saldos” entre las ganancias y los costos emocionales pueden ser negativos para uno o para ambos.

Dependiendo del grado de madurez de los consortes, cuando el intercambio de pareja o el matrimonio abierto no funciona, los cónyuges, llenos de ansiedad y de rabia, se culpan uno al otro y terminan odiándose y agrediéndose mediante malos tratos propios de la violencia psicológica.

Cuando el daño es severo, los protagonistas de la pareja swinger o del matrimonio abierto pueden tener graves dificultades para reestructurar su vida sexual sin el apoyo profesional de la psicoterapia.

Silencio de la psicología ante el intercambio de parejas

Ante quienes sostienen que la experiencia swinger y el matrimonio abierto pueden constituir dos aberraciones y no un par de preferencias sexuales, sus defensores opinan que son dos modalidades lícitas para enriquecer la vida conyugal sin engañar a la pareja ni cometer adulterio.

Algunos varones entusiastas consideran que gracias a estas dos opciones, los casados pueden tener relaciones íntimas con otras mujeres sin lastimar los sentimientos de sus parejas que, según sus testimonios, a menudo llegan a disfrutar más que ellos mismos este tipo de experiencias.