Todos hemos experimentado los esfuerzos por aumentar el nivel lingüístico de los idiomas extranjeros durante las vacaciones de verano: cursos en la ciudad en la que vivimos, estancias en el extranjero o un intercambio con un hablante nativo del idioma que queremos potenciar. Este último recurso es especialmente atractivo en familias con hijos adolescentes, ya que uno de los jóvenes de cada familia pasa cierto tiempo en casa de la otra para potenciar el idioma no materno; de este modo, la inmersión lingüística es mayor.

El intercambio lingüístico como tema central de un libro juvenil

Christine Nöstlinger (nacida en 1936) utiliza este tipo de experiencias lingüísticas como eje de una de sus novelas juveniles más brillantes, Intercambio con un inglés. Ewald, un muchacho de trece años, a pesar de sacar unas notas brillantes en conjunto sólo consigue un vulgar aprobado en inglés. Por ello, su madre cree conveniente reforzarle esta asignatura durante las vacaciones de verano.

Después de tantear diferentes opciones, los padres se deciden por un intercambio: una familia amiga, los Stollinka, ha enviado el verano anterior a su hijo Peter seis semanas a casa de una familia inglesa, cuyo hijo Tom va a pasar con los Stollinka este verano como contrapartida de la estancia de Peter Stollinka en Inglaterra. Los Stollinka están dispuestos a que Tom pase las vacaciones con Ewald en lugar de con su hijo.

Un extraño en la familia puede trastocar sus costumbres

Los padres de Ewald están especialmente contentos con esta solución, pues, además de mejorar su inglés, Ewald, de carácter bastante retraído, se podrá relacionar con otro muchacho de su edad.

Los problemas empiezan con la llegada del inglés: en sustitución de Tom (que se ha roto una pierna) llega su hermano Jasper, un adolescente sucio, malhablado y con peores modales. Con estos antecedentes, la convivencia no tarda en verse afectada.

A los pocos días de llegar Jasper, los padres de Ewald están tan hartos del inglés que encuentran aceptable cualquier excusa, por inverosímil que sea, con tal de librarse de él lo más rápidamente posible. Sólo Ewald es capaz de encontrar explicación a la conducta de Jasper, lo que obligará a sus padres a preguntarse si su modelo familiar es el más habitual en la sociedad del siglo XX.

A partir de este momento, toda la familia, incluida Sybille, la hermana de Ewald, procurará facilitarle la vida cotidiana. Un viaje por Austria proporcionará un colofón ideal a la estancia de Jasper como medio de conocer el país en el que está pasando el verano.

El final de su estancia con la familia Mittermeier les permitirá concluir que las apariencias no siempre reflejan todos los valores de cada persona y que Ewald ha conseguido un amigo en Jasper, que le ha ayudado en su proceso de socialización.

Género literario

La obra está escrita en forma de diario por Ewald, que no detallará día a día los acontecimientos, sino que estos le obligarán a profundizar más en unos hechos concretos y a obviar los momentos más repetitivos, descritos brevemente. A lo largo de la narración se incluyen varios diálogos casi teatrales, mucho más efectivos que su mera transcripción en estilo indirecto.

La narración en primera persona le permite presentar los acontecimientos desde su punto de vista, el de un preadolescente tímido, utópico y no siempre de acuerdo con los mayores. A lo largo de la obra, Ewal pasa revista a su relación con sus padres y su hermana Sybille (una quinceañera que se empieza a sentir atraída por el sexo opuesto), con sus compañeros de estudios y, sobre todo, con Jasper, que le obliga a no valorar a las personas únicamente por las apariencias.

Las ilustraciones de la obra, que casi nunca ocupan una página completa, complementan y resaltan perfectamente los momentos más importantes del intercambio. En la elección del estilo de ilustración ha pesado la formación artística de la autora, licenciada en Bellas Artes.