El psicólogo norteamericano Daniel Goleman correlacionó inteligencia y emoción. Siguiendo la misma lógica Sheree Conrad y Michael Milburn, docentes e investigadores de la Universidad de Massachussets, en EE.UU., señalaron que las personas necesitan entender la importancia de la conexión entre inteligencia y sexualidad.

¿Qué significa ser sexualmente inteligente?

Francis Bacon (1561–1626) escribió que “es imposible amar y ser sabio”. Sin embargo, se equivocó. Su idea se sustenta en el mito de creer que si comprendemos cómo funciona algo dejaremos de gozar de su misterio y el éxtasis no será tal.

La realidad es que quienes tienen más respuestas sanas son aquellos que pueden vivir su sexualidad de manera más plena, están menos atados a mitos y complejos de culpa surgidos en supersticiones y conceptos erróneos, comprensibles en generaciones pasadas, pero innecesarios en el mundo en que vivimos.

Conrad y Milburn señalan que “ser sexualmente inteligente significa no sólo conocer todos los factores biológicos que afectan a nuestro comportamiento sexual”, lo que es finalmente, el mínimo de lo aceptable, sino que además, trae aparejada la necesidad de “reconocer y aceptar las verdad acerca de qué es lo que hace que cada uno de nosotros, y de nuestras parejas, se sienta satisfecho como ser sexual”.

La mayoría de las personas tienen un razonable conocimiento sobre biología sexual, que en general se aprende en clases de biología y ciencias naturales en clases formales en primaria y secundaria.

Lamentablemente algunos consideran que sólo dicha información es “educación sexual”, cuando no es más que transmisión de conceptos fisiológicos básicos.

Sabiduría sexual

Conrad y Milburn desarrollaron el concepto de que el erotismo de cada individuo está determinado por el coeficiente de su inteligencia sexual, aspecto tan importante y básico como la inteligencia emocional.

Eso implica que las personas con menos desarrollo inteligente de su sexualidad no sólo sufren conflictos y problemas personales, también no logran disfrutar su sexualidad.

Desde la perspectiva de estos autores, es posible no sólo establecer un buen "nivel" de inteligencia sexual, sino que además es un aspecto que se puede desarrollar y potenciar.

Muchas personas, tal vez imbuidos por la cultura de la imagen, lo que Giovanni Sartori, el ensayista italiano llama "el homo videns", creen que sólo los "hermosos", "de cuerpos esculturales" y que son "apetecibles" desde el punto de vista estético, son los que logran vivir una vida sexual plena, aspecto que la industria de la pornografía ha explotado hasta la saciedad.

La realidad es que el desarrollo pleno de la sexualidad no depende ni de la belleza ni de la esbeltez.

De hecho, hay personas de cuerpos esculturales que son frustados sexuales y otros, que no son unos Adonis, gozan de una sexualidad plena y vital.

Del mismo modo como la inteligencia se desarrolla y potencia en el tiempo, la "inteligencia sexual" se puede adquirir y enriquecer con el tiempo.

La cultura de la negación sexual

Muchos han sido formados en una cultura de la negación, que no sólo se expresa en el tipo de vestimenta, en las alusiones esporádicas, en el secretismo, en la represión religiosa y en el hermetismo con el que se tratan los temas sexuales, sino que además, se enseñó que la sexualidad era un ámbito privado que no debía ser abordado de ninguna manera.

Conrad y Milburn descubrieron que muchas personas inteligentes, según la definición de Howard Gadner, es decir, que pueden desarrollarse en diferentes ámbitos con habilidad y un grado de desenvolvimiento relativamente bueno, son personas carentes en el ámbito sexual, viviendo una sexualidad reprimida, frustrada y plena de sinsabores.

Lo paradójico es que en la investigación descubrieron que muchas personas entienden que la sexualidad es vital para su desarrollo como seres humanos, sin embargo, es a la vez causa de estrés, ansiedad y frustración; o, por otro lado, sienten que no tienen suficiente vida sexual, al menos según sus expectativas.

Lo sorprendente fue descubrir que la insatisfacción no era sólo patrimonio de ancianos y personas de mediana edad, sino también de jóvenes que estaban comenzando a experimentar su sexualidad.

Los fundamentos de la inteligencia sexual

Los autores del libro Inteligencia sexual entendieron que se precisan tres elementos básicos para vivir una vida sexualmente inteligente:

  • Las personas sexualmente inteligentes están informados no con conocimientos intuitivos sino con información científica y relevante. No basan sus juicios sexuales en mitos y teorías sin fundamento. Pueden reconocer las mentiras, el folclorismo sexual y tomar decisiones sexualmente inteligentes. La sexualidad es una de las experiencias vitales que nos define como individuos. Es preciso, por lo tanto, que sea vivida de una manera plena.
  • El segundo aspecto consiste en descubrir el propio yo sl. Determinar qué es lo que necesitamos, lo que nos agrada y nos hace plenos. Es decir, descubrir nuestra propia sexualidad, lo que puede ser toda una aventura en términos de análisis y, a veces, incluso dolorosa, al descubrir cómo se tapan los propios deseos sexuales por mitos y conflictos internos.
  • Por último, una persona sexualmente inteligente desarrolla la capacidad de conectarse con otros ra hablar de su sexualidad de manera abierta y clara. Esto es especialmente necesario con la pareja sexual. No basta con comprenderse a sí mismo, es necesario conocer el Yo sexual del alter.

Conclusión

Tenemos suficiente información en la actualidad, como para vivir una vida sexualmente inteligente. No es necesario seguir en el oscurantismo de nuestros antepasados. Algo mucho más hermoso puede ocurrirnos si nos atrevemos a explorar nuestra sexualidad alejado de mitos y folclorismos innecesarios.