Conocemos muchos insectos por sus efectos negativos. Las termitas destruyen estructuras de madera, las polillas agujerean la ropa de lana y las alfombras, y las abejas y avispas producen dolorosas picaduras. Las langostas del desierto causan daños anuales por miles de millones de dólares al ganado y las cosechas. Los gorgojos son famosos por los problemas que causan a quienes siembran algodón.

Pero más allá de las complicaciones materiales que pueden causarnos los insectos, en todo el tiempo que hemos compartido la Tierra hemos sido víctimas de algunas enfermedades transmitidas por ellos. Los científicos han descubierto qué insectos transmiten enfermedades específicas y esos conocimientos han ayudado a controlar las enfermedades. Los mosquitos, por ejemplo, producen daños mucho más graves que el escozor de una picadura. Pueden infectarse con microorganismos que causan devastadoras enfermedades como el paludismo, la fiebre amarilla y la peste bubónica.

Robert Koch y la peste bubónica

La pandemia más destructiva en la historia de Europa fue la peste bubónica que asoló al Viejo Continente entre los años 1347 y 1351, y a la que se dio el nombre de “muerte negra".

Se trata de una zoonosis (una enfermedad que afecta particularmente a los animales, y que puede ser transmisible al hombre) que infecta a las ratas y cuyo contagio se origina a través de las pulgas. En 1906, el bacteriólogo alemán Robert Koch descubrió que la fuente del contagio en los seres humanos son las pulgas. Si estos insectos pican a una rata infectada, engullen el bacilo junto a la sangre; este bacilo puede permanecer en el intestino de la pulga durante tres semanas y si en ese tiempo el animal pica a una persona, regurgita el bacilo causando la infección.

En la actualidad, según la OMS se registran de 1.000 a 3.000 casos de peste al año en el mundo. Existen focos permanentes en zonas montañosas y desérticas de Brasil y EEUU. La peste sigue activa también en algunas zonas de África, Asia y Sudamérica.

El piojo blanco, transmisor del tifo

Charles Nicolle descubrió en 1909 que el piojo blanco transmite una forma de tifo. El médico y bacteriólogo francés estudió la epidemia de fiebres tifoideas que apareció en la región y observó que las personas enfermas infectaban a otras antes de ingresar al hospital y que la infección dejaba de producirse una vez hospitalizados. Descubrió que la infección se paraba al lavar a los enfermos y quitarles la ropa, intuyendo que el culpable de la infección era un piojo del cuerpo.

Enfermedad del sueño transmitida por la mosca tsé-tsé

En 1924 se descubrió la llamada enfermedad del sueño en habitantes del África central. La tripanosomiasis humana africana es provocada por protistas que son portados por las moscas tsé-tsé. Si una mosca infectada pica a una persona se presenta una hinchazón dolorosa y de color rojo en el sitio de la picadura, la infección se propaga rápidamente por medio de la sangre y cuando alcanza el sistema nervioso central causa los síntomas característicos de la enfermedad del sueño: durante el día aparecen periodos de somnolencia frecuentes y prolongados, y por la noche aparece el insomnio.

La incidencia de esta enfermedad es extremadamente baja en la mayoría de los países del mundo y sólo se encuentra en personas que han viajado o vivido en los países africanos.

Pese a su asociación con la destrucción y las enfermedades, los insectos contribuyen enormemente a la riqueza de nuestras vidas. La agricultura sería muy diferente sin las abejas, mariposas, avispas, polillas y moscas que polinizan muchos cultivos. Un tercio de nuestros alimentos depende de plantas polinizadas por animales, muchos de ellos insectos. Además los insectos producen materiales con valor comercial como seda, cera y miel, e incluso se consideran manjares en ciertos países de África y Asia. Sin embargo, siempre vale la pena tomar las medidas médicas de prevención, necesarias para evitar un desagradable contagio por parte de algún insecto.