Bailarinas Parabólicas, Pau-pérrima, ¡Era una broma, mamá! son los nombres de algunas de las jóvenes compañías asturianas que están acercando las artes escénicas contemporáneas a los espectadores de esta región. Inquiquinante danza, con Manuel Badás a la cabeza, es una de estas compañías.

Inquiquinante, algo así como “el que molesta”

Inquiquinante crece a pasos agigantados. Su comienzo en 2008 con la video creación “Take me into your skin” fue solo el primer peldaño de la larga escalera que se extiende ante sus pies y que seguirá creciendo gracias al trabajo honesto y serio que desarrolla Manuel Badás, principal miembro de la compañía. El paso más grande que ha dado Inquiquinante vendría respaldado por la residencia otorgada por el Teatro de la Laboral en el año 2010 y que ayudaría al desarrollo de su pieza más significativa: “Recoge mi alma y bésala”.

El trabajo de Inquiquinante surge del cuerpo y a través de él busca nuevos lenguajes para crear “estados físicos” que reflejen “estados del alma”. El cuerpo es el centro de su trabajo interdisciplinar.

Manuel Badás, inquiquinador

El bailarín asturiano cabecilla de Inquiquinante ha tenido dividido su corazón entre Asturias y Francia. Su formación como bailarín comienza en Asturias pero pronto escapa hasta Francia para perfeccionar su danza y trabajar con compañías importantes del panorama galo. Sin embargo, vuelve de cuando en cuando a Asturias para bailar con compañías como Zig-Zag danza. Finalmente, Badás se establece en Asturias y desde aquí gira y girará con la mochila de Inquiquinante danza.

Recoge mi alma y bésala, por favor

En esta pieza, el coreógrafo abre su corazón y se desnuda por completo ante la mirada cercana de los espectadores que asisten al encuentro con Manuel como si de voyeurs se tratara. Las acciones performativas, las coreografías agresivas, los textos directos y los videos transparentes provocan en el espectador la sensación de asistir a una ceremonia sexual en la que el artista nos invita a participar para purgarle-nos de su-nuestro dolor. Con humor, ternura e ironía, Badás danza su dolor en este espectáculo.

El propio Badás reconoce la influencia de la artista Angélica Liddell "creadora a la que admiro por toda la honestidad que se respira en su trabajo" a la que pudo disfrutar en el Teatro de la Laboral con su obra “La casa de la fuerza”. Y los espectadores que conozcan el trabajo de la Liddell encontrarán lugares comunes con el idioma de Badás. Los textos, que son desnudos autobiográficos que se agarran al corazón del espectador a través de la poesía, el uso purgatorio de la autolesión y del agotamiento físico y el universo sonoro de “Recoge mi alma y bésala” (Con Vivaldi a los violines) nos llevan a conectar el trabajo de Manuel con el de Angélica. Sin embargo, no debemos olvidar que los dos creadores trabajan desde lugares diferentes, los lenguajes no son iguales y por tanto, los dos artistas, aunque abrazados, se distancian. Un elemento que los une es el trabajo desde la honestidad, la verdad y la entrega absoluta al espectador.

Aún hay más

Después de “Recoge mi alma y bésala” el trabajo de Inquiquinante sigue adelante y con la producción de Factoría Norte han creado la pieza “Pequeñas muertes”. En este espectáculo, Manuel no está solo, le acompaña en el escenario Andrea Lebeña, joven bailarina asturiana a la que hemos podido ver en el último espectáculo de Zig-Zag danza “Future Archeology”. En los dos últimos espectáculos de la compañía Manuel ha estado apoyado por Borja Roces, que ha realizado labores de ayudantía de dirección, etc.

Y lo que queda por delante…

El futuro de Inquiquinante parece brillar ante los ojos de Badás. Esta semana, podíamos leer en la prensa asturiana la colaboración recién nacida entre el espacio escénico asturiano El Huerto, dirigido por la coreógrafa Estrella García, y la compañía Inquiquinante danza. Esta noticia ha sido un gran recibimiento por su regreso a Asturias tras la gira realizada con “Recoge mi alma y bésala” por Madrid y Santander. Durante esta gira, Inquiquinante ha sido tocada por la barita de la buena crítica de Roger Salas en el periódico El País.