Son dos las identidades que la segunda generación de inmigrantes musulmanes sienten como propias: la de origen y la de destino; y son dos las Italias que los recibieron: la primera, donde llegaron sus padres, acogedora y en crecimiento; la segunda, la actual, una sociedad más cerrada, un poco racista y bastante más pobre.

La Unión Europea y los inmigrantes

Integrar significa sumar, unir, manteniendo lo que uno es y tratando de aprender las novedades positivas. Si para integrarse se deben quitar el velo, para ellos no es integración.

Las recomendaciones del Consejo de Europa del 84 dicen que la segunda generación son los hijos de inmigrantes que han cumplido en el país de llegada una parte de su escolarización o formación profesional. Lo que determina el pasaje de la primera generación a la segunda es haber vivido parte de la sociabilización en el país de destino.

La integración de los jóvenes musulmanes en Italia

Los musulmanes G2 reivindican una doble pertenencia, para ellos la palabra inmigración significa una especie de empobrecimiento. Los jóvenes no piden absorción y homologación, sino reciprocidad. Viven en un país que hoy tiende a rechazarlos, sobre todo, si son musulmanes. Se sienten doblemente penalizados: por ser extranjeros y, además, musulmanes. No se conforman como sus padres, los cuales desempeñaban las tareas más humildes; ellos pretenden un buen trabajo y su sueño es el título universitario. Los jóvenes no niegan la responsabilidad de sus propias comunidades “es un poco culpa nuestra que después de 20 años, aún no nos hayamos abierto”, expresan en una investigación realizada por Abis, Análisis y Estrategia a pedido de la asociación Genemaghrebina.

Mientras hoy viven en un país envejecido, algunas de sus naciones están viviendo una nueva época y esto los tienta a emprender el regreso.

La relación de los padres musulmanes con sus hijos nacidos en Italia

Todos se definen musulmanes creyentes y el Islam es la referencia cultural y moral. Algunas jóvenes dicen que llevar el velo es una elección personal, que nadie las obliga a usarlo. Aunque en algunas comunidades, como la paquistaní, existe una gran presión, al límite con la obligación, por parte de la familia. Se registran quiebres entre la cultura de origen y la adhesión a modelos culturales de la sociedad italiana, sobre todo los seculares. Muchas veces padres e hijos viven en conflicto permanente porque la transformación de la nueva identidad trastoca el equilibrio de una tradición consolidada.

La comunidad paquistaní

Los paquistaníes son los más impermeables al mundo externo, viven aislados y se hace evidente la menor integración de las mujeres que viven casi exclusivamente dentro de la comunidad familiar. “Las mujeres paquistaníes, admite un entrevistado, son libres según nuestra cultura, no según la cultura italiana”.

La libertad de culto y la política italiana

Muchos musulmanes lamentan que la libertad de culto afirmada en la Constitución italiana, permanezca solo en el papel: son pocas las mezquitas y los lugares para las oraciones. Usar el velo puede transformarse en un hecho discriminatorio; si desean trabajar en un comercio, generalmente se les prohíbe su uso y solo lo pueden mantener si realizan tareas de limpieza.

Los G2 están alejados de la política, solo muestran algún interés por los partidos de izquierda cuando hablan del voto administrativo para los inmigrantes.

Hay mucho desconocimiento sobre las diferencias culturales que atraviesa la sociedad italiana actual. Es un largo camino el que lleva a difundir una idea de civilidad, donde la doble identidad de un ciudadano no sea una extrañeza temporal, sino un conjunto en un mundo plural en el que hay que convivir.