La declaración de la Unión Europea referida a la independencia de Cataluña en cuanto a la inviabilidad de su ulterior reconocimiento como estado, se produjo ayer, a instancias del diputado del PP Luis de Grandes. La falta de reconocimiento automático en estos casos constituye un principio básico de la UE. Vale como ejemplo lo que pasó con Groenlandia, que se separó de Dinamarca y previamente debió excluirse de la Unión Europea.

Este principio se ha mantenido, pese a las varias modificaciones que sufrió el texto del Tratado de la Unión Europea, principio que por otra parte, fue enunciado en su momento por quien fuera presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, en al año 2004.

El principio establece que si una parte de un país integrante de la Unión se separara de ese país, automáticamente ese territorio dejaría de formar parte del organismo. En el mismo sentido se había expresado en la reciente Cumbre Iberoamericana de Cádiz el actual presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso.

Política interna de los países de la UE

Sin embargo este episodio representa una excepción en cuanto materia de consideración por parte de la Comisión, toda vez que el organismo no se entromete en los problemas propios de cuestiones internas o domésticas de los países integrantes.

No es que tenga vedado expedirse sobre el caso indepentista en crisis, pero suponiendo que se hubiera sugerido el tratamiento de Cataluña independiente dentro de la UE, requeriría una solicitud fehaciente en ese sentido del Gobierno español, sin perjuicio de que los parlamentarios representantes del partido gobernante, traigan a colación los precedentes existentes, que hacen a la aplicación efectiva y vigencia del principio.

Precedente de Romano Prodi del año 2004

En su momento un caso similar se trajo en consulta en el año 2004 al entonces presidente de la Comisión, Romano Prodi, atento al requerimiento que una representante británica hizo sobre si un estado miembro se dividía y ese nuevo territorio obtenía su independencia en forma democrática; si en este caso su ingreso no debería ser como si lo solicitara un estado no miembro, desde cero.

Prodi contestó: “Los tratados se aplican a los estados miembros. Cuando una parte de su territorio deja de pertenecer a ese estado, por ejemplo, porque se convierte en independiente, los tratados ya no se aplican en ese territorio.“

En este marco resulta razonable que un territorio que deviene en independiente, se convierte en un país tercero para la UE, por lo que los tratados suscriptos entre sus integrantes no son de aplicación desde el momento de su independencia.

Prodi agregó en esa oportunidad que un estado que solicite el ingreso a la UE – si tuviera los criterios requeridos – debe tener en cuenta que esa solicitud debe ser aprobada por unanimidad de los otros miembros.

Aplicación del Tratado de la Unión Europea

La previsión se encuentra en el artículo 49 del Tratado de la UE y no ha sido modificada por el Tratado de Lisboa, y esto es lo que se reafirmó ayer en el Parlamento Europeo, en boca de Maros Sefcovic, quien representó circunstancialmente a José Manuel Durao Barroso.

En consecuencia, un nuevo estado escindido de un país integrante no puede formar parte de la UE en ningún caso, lo que resulta de la aplicación conjunta de los artículos 52 y del mencionado 49 del Tratado de la UE.

Un eventual nuevo estado debería primero solicitar la adhesión, después contar con la anuencia del Consejo en la que debe haber unanimidad y posteriormente el Acta de Adhesión debe ser ratificada por los

Así resulta del artículo 52 del Tratado de la UE, en el que se enumeran los estados miembros a los que se aplican los Tratados, entre ellos el Reino de España. Por ello, ese hipotético nuevo estado debería, a tenor de lo que establece el artículo 49 del Tratado de la UE, solicitar la adhesión y obtener una decisión favorable del Consejo, por unanimidad, debiendo ser el Acta de Adhesión ratificada por las cortes de todos los países integrantes de la Unión Europea.