El íncubo es el demonio que se alimenta de la energía de la mujer, al igual que el súcubo, toma forma humana, específicamente de varón, que seduce a mujeres para alimentarse de su energía vital, comúnmente a través de relaciones sexuales.

El íncubo en Europa

Al igual que el súcubo su leyenda y nombre proceden de Europa y la cosmovisión católica, la demonología define a este demonio sexual como la representación de la lujuria, íncubo bien del latín incubare que quiere decir “yacer sobre” con referencia al coito, pues se dice que este demonio visita a mujeres dormidas y mantiene relaciones sexuales con ella sobre todo para engendrarle demonios, brujas o niños mal formados.

Aunque al igual que su par femenino, se dice que este demonio absorbe la energía vital de sus víctimas, ya sea absorbiendo su sangre o por medio de la relación sexual. Dejando a sus víctimas extremadamente debilitadas y en algunos casos matándolas.

En un principio la iglesia católica hizo caso omiso a la existencia de un demonio materializado que fuera capaz de copular con los humanos, pero posteriormente en la inquisición fueron no solo aceptados sino muy populares, siendo sentenciados a torturas y a la hoguera a muchas personas que se creían poseídos por uno de estos demonios o uno en persona, por lo que muchos hombres eran sentenciados solamente por ser atractivos.

Aunque obviamente el número de mujeres sentenciadas a la muerte acusadas de ser súcubos, fue mucho más grande que los supuestos íncubos.

Merlín hijo de Asmodeo

Uno de los personajes más representativos de todos los tiempos es el mago Merlín, consejero y druida personal del rey Arturo, con respecto a su procedencia se dice que es hijo de un demonio y una mujer; con respecto a quien era la madre de Merlín existen muchas variantes entre las que se dice que era una monja seducida por el íncubo o una prostituta o la hija de un rey menor.

En todas las variantes lo que no cambia es el padre, un demonio encarnado con forma de varón, por lo que el mago obtendría sus magníficos poderes.

El nombre de este demonio es Asmodeo, espíritu maligno amante de Lilith, la primera esposa de Adán; Asmodeo aparece en el libro de Tobit y también en el Talmut.

Lilith al no poder dar vida a sus hijas se emparejó con Asmodeo y juntos engendraron miles de demonios, los súcubos y los íncubos, para poder mantenerse vivos debían absorber la energía de los humanos, por lo que posteriormente se los asoció con los vampiros, y de ahí nace el mito que afirma que Lilith y Asmodeo son los padres de los vampiros.

Merlín al ser hijo de un demonio obtuvo sus extraordinarios poderes, pero por razones de su crianza no los utilizó a favor de su padre sino que se convirtió en el consejero del rey Arturo y su mano derecha.

Apariencia y leyendas del íncubo

Los íncubos son representados como apuestos hombres desnudos, en ocasiones con características demoníacas como ojos de serpiente o cuernos. Otras representaciones los muestran como horripilantes demonios con garras y piel escamosa, pues en la mayoría de los casos se decía que estos demonios atacaban a sus víctimas dormidas.

Las leyendas sobre íncubos son incontables alrededor del mundo, como el kelpie celta, que es una criatura marina con forma de caballo que en luna llena salía del agua con forma de humano para fornicar con mujeres.

En la amazonía del Ecuador se encuentra la leyenda del delfín rosado de río, estos animales que viven en la región se los considera hasta hoy en día como seres que podían tomar forma humana y copular con mujeres, la única forma de reconocerlos era el agujero en su cabeza que era la única parte que conservaba del delfín; a este se le adjudican todos los hijos sin padres de la región, aun en estos días se puede encontrar niños que se registran como hijos del delfín.

Los íncubos en la magia

La invocación de demonios es uno de los factores principales dentro de la mayoría de ritos mítico-mágicos, sobre todo en la magia negra o en ciertas ramas del druidismo, así como también para los hierofantes de Set.

La invocación de demonios sexuales era muy común dentro de los ritos mágicos sobre todo en la nigromancia y la magia negra, por ser espíritus menores su invocación era más fácil de controlar, por lo que su utilización era generalizada.

Los aquelarres de los sabatts en muchos ritos incluían relaciones sexuales y orgías para llamar el favor de los íncubos y los súcubos; comúnmente se los invocaba para hacer mal a otras personas, para debilitar al conjurado y en ciertos casos matarlos, o engendrar niños aptos para la brujería, demonios, o niños deformes para hacer sufrir a sus madres conjuradas.

Por lo que se comprende que en el medio evo se escondía o mataba a los niños que nacían con alguna malformación, síndrome de Down o retardo mental.