El gran Aristóteles (384-322 a. C.) construyó un sistema filosófico alejado del idealismo y dualismo de su maestro Platón. Sin embargo, en su teoría del primer motor, postuló una realidad superior, eterna e inmutable, reconciliándose con la filosofía platónica e introduciendo incongruencias en su sistema filosófico, que perdurarían también en aquellos filósofos que, como Tomás de Aquino, siguieron su legado.

Dios o el primer motor como solución a un problema teórico

Aristóteles explicó el movimiento mediante los conceptos de acto y potencia. Una semilla es un acto, pero también es un árbol en potencia. El paso de la semilla al árbol es la actualización de la potencia que existía en dicha semilla, y explica el proceso de cambio. El acto es anterior a la potencia, puesto que para que algo cambie requiere una causa en acto que actualice su potencia. Pero si todo lo que experimenta movimiento o cambio requiere ser movido por otro agente incurrimos en una progresión al infinito de causas y efectos, lo cual contradice al sentido común. Aristóteles encontró la solución al problema en el siguiente argumento:

  1. Todo lo que se mueve es movido por otro.
  2. No es posible una serie infinita de seres movientes que son movidos por otros.
  3. Luego existe un ser que mueve sin ser movido.
Nació así el concepto de primer motor, un ser que es acto puro, puesto que de poseer potencia necesitaría de otro ser anterior a él que lo actualizara. Si es puro acto, es también inmaterial y eterno. Aristóteles se refirió a él como a Dios. El motor inmóvil fue una solución a un problema mecanicista, aunque Aristóteles le atribuyó cualidades humanas: es pensamiento puro que se piensa a sí mismo y es, además, feliz. El filósofo consideraba la vida contemplativa, entregada al pensamiento, la vida más feliz, por tanto, la forma de vivir de Dios era la felicidad absoluta. Dios es, además, bueno y perfecto, y mueve el mundo porque su naturaleza es deseable a todas las cosas. Todo el universo se siente atraído por él. Aunque esto puede extrañar a un lector moderno, eros y philía, en la antigüedad, no eran solo pasiones humanas, sino fuerzas cósmicas.

La lógica inversa entre la vida de Dios y la de los mortales

Existe, sin embargo, una incoherencia notable tras la teoría del primer motor. El problema, indicado por Jacques Derrida en su libro Políticas de la amistad, surge cuando se comparan los atributos de Dios con la teoría de la amistad desarrollada en la ética aristotélica. Para Aristóteles, la amistad se basa en el amor (philía), concepto que comprendía en la Grecia antigua mayores acepciones que hoy, incluyendo los sentimientos entre amigos, padres e hijos, etc. Además, sus fronteras con el eros, que solía connotar atracción o deseo sexual, no se encontraban, sin embargo, claramente delimitadas.

Aristóteles pensaba que era mejor amar que ser amado. El amante siempre desea el bien al ser que ama, es consciente del sentimiento que por él profesa y, por tanto, es un ser activo. Por esa razón, aristóteles relacionó la acción de amar con el concepto de acto. Por el contrario, el ser amado puede ser egoísta y no ser consciente de que alguien le ama. No tiene ni siquiera que estar vivo, puede estar muerto o ser un objeto inanimado, como demuestra el amor que sienten los enviudados por el fallecido o el amplio abanico de fetichismos existentes. Así, el ser amado es eminentemente pasivo y, por consiguiente, está relacionado con la potencia. El problema reside en que Dios, según esto, estaría del lado del ser amado. Sería el más pasivo de los seres, puesto que mueve el universo por ser lo más deseable. Pero si el primer motor es un ser pasivo, no puede ser acto puro. Tampoco sería necesariamente bueno y perfecto, puesto que si el amante es más digno que el amado, la dignidad del mundo sería superior a la del primer motor.

La única forma de eludir la paradoja es suponer que el universo funciona de forma diferente en el caso de Dios y en el de los mortales. Pero evidentemente, esta incongruencia es una consecuencia imprevista por Aristóteles.

El problema de la teología aristotélica en Santo Tomás

Tomás de Aquino tomó la demostración de la necesidad del motor inmóvil de Aristóteles como la primera de las cinco vías para la demostración de la existencia de Dios. En el resto de argumentos, también se hace notar la influencia aristotélica. Así, la segunda vía reza así:

  1. Consta a los sentidos que en el mundo hay un orden causa-efecto.
  2. No es posible que algo sea causa de sí mismo (todo tiene su causa en otra cosa).
  3. No es posible una serie ilimitada de causas y efectos.
  4. Luego existe una causa incausada y es Dios.
Aunque han existido refutaciones falaces a la segunda vía, existen otras válidas. Como por ejemplo, la de Bertrand Russell: si, como dice el paso 3, no es razonable creer que el mundo sea una cadena causal infinita y no creada ¿por qué debería parecernos más sensato pensar que Dios es un ser incausado como afirma el paso 4? Según Russell, "si puede haber algo sin causa, igual puede ser el mundo que Dios".

La importancia de la filosofía de Aristóteles y su legado intelectual

Hablar de incongruencias en el filósofo que inventó la lógica podría parecer casi un sacrilegio. Huelga decir que a pesar de los problemas planteados, Aristóteles es uno de los más grandes y coherentes filósofos, y su legado es absolutamente imprescindible para la historia de la filosofía.