El estreno de la décima edición de la feria MADRID DEARTE en el Palacio de Congresos de Madrid -Pº de la Castellana, 99- ha tenido menos relevancia mediática que el lanzamiento de su hermana mayor, ARCO, que cumple ya su trigésimo aniversario. Sin embargo la calidad de la obra expuesta en DEARTE no le ha ido a la zaga al anual encuentro de las grandes galerías españolas y ofrece sobre la macromuestra la nada despreciable ventaja de una localización céntrica, frente al estadio Santiago Bernabéu. DEARTE, junto a ARCO, ART MADRID y otros eventos coetáneos, convierte durante unos días a Madrid en capital global del arte contemporáneo.

Galerías y tecnología

Poquito pero bueno, ese parece ser el mensaje que quieren lanzar todos los expositores ante una crisis que se ceba con artistas y merchantes, y cada vez más las galerías españolas apuestan por la calidad y por la tecnología. Raro será el creador que no tenga ya su propia web, e incluso existen galerías virtuales como las ya clásicas María Pestana o Arteinformado. Lo que nadie sabe es si realmente funciona el mercado a través de la gran red, y consultados varios galeristas, nos han expresado serias pero quizá no desinteresadas dudas. En cambio todos coinciden en que es un excelente y económico medio para dar a conocer globalmente sus obras.

Un ambiente cordial

De entrada hay que subrayar lo simpáticas que resultan estas inauguraciones tempranas a las siete de la tarde en que los amigos y familiares de los expositores —gente joven— tienen que llevar a sus hijos pequeños, recién rescatados de la guardería. No se puede concebir nada tan estético y reconfortante como el espectáculo de los chiquillos disecándolo todo con unos ojos cargados de curiosidad, bajo la constante admonición de los padres: “Se mira pero no se toca”.

Todavía mejor, la ausencia de aperitivos, piscolabis o "vino español" le ahorra al espectador la triste visión de los gorrones de galería, esas pirañas de convite con los que tropiezas en cada acto social de Madrid, que ni miran, ni compran, ni acompañan y sólo se marchan cuando han liquidado la última partícula de queso o de jamón.

Presidió la inauguración Javier Rojo, presidente del Senado. Los discursos fueron brevísimos, lo que añadió encanto a la convocatoria. Han recibido sendos premios la maestra Elena Asíns y el joven mallorquín Toni Font, que combina el trazo sobre collage y fotografía.

Destaquemos, de entrada, la variada y excelente selección de la Casa de Velázquez, un notable expositor de artistas sorianos y una muy interesante representación de la gran colección de Eugenio Arias, el barbero de Picasso, cuya exposición permanente en Buitrago de Lozoya constituye uno de esos museos raros y curiosos de los que trataba Gustavo Ordoño.

Siempre resulta injusto hablar de unos artistas en detrimento de otros, pero el espectador no puede dejar de subrayar qué maestros le han llamado más la atención, y por qué motivo.

Pintura

Empecemos con la pintura. Antonio Calleja nos da una idea de lo que será el arte en el siglo XXXI cuando los paisajes naturales del hombre sean galaxias y planetas hoy ignotos. El ucraniano Evdokim Perevalsky ha conseguido crearse un estilo propio. Lo más llamativo de su obra son sus ciudades colgadas entre Cuenca y Babilonia, visión coherente de la inflexión urbana: una blanda termitera a punto de derrumbarse, derritiéndose como helados al sol de la playa. Un clásico como Miguel Ángel Elices practica una línea cubista suave, muy atractiva y con un raro dominio del colorido.

Escultura

La escultura ha sido la gran privilegiada por esta muestra. En Julián Ortiz podemos apreciar una estilización de humanoides casi alienígenas que sufren una deformación cargada de significado. Jesús Curiá ofrece unos motivos reiterados pero nunca idénticos: atletas de bronce, suavemente estilizados, prisioneros de una ganga mineral o metálica. El conjunto resulta particularmente estético.

Casto Solano ha realizado una vindicación feminista: una niña desnuda tiene sobre sus rodillas un libro con tres palabras, Liberté, Egalité, Fraternité. Frente a ella, un remedo enano de torero grotesco de cuya cabeza sale una botella de vino conectada por una cadena a un gran receptáculo sexual. Frente al torero, otro libro abierto, con una sola palabra, Légalité. Debajo del torero, frente a la niña, libros auténticos de filosofía que hablan de la libertad del alma. El perfecto acabado de la obra de Solano redime la obviedad del discurso. Sin duda la obra pretendía ser llamativa, y desde luego, lo ha conseguido.

En escultura también se pueden admirar los trabajos de un joven maestro como Pablo Tardáguila. Repite con enorme talento su personal plasmación de la famosa cabeza de Venus boticelliana cuyas guedejas han hecho soñar veinte generaciones, prolongando la cabellera en una original minerva; es menos un tributo a Afrodita que a Atenea o al poder de las amazonas. También ofrece uno de sus motivos preferidos, un oso, asomándose ante un deshielo inminente.

Fotografía

No puede haber feria de arte que no tenga en cuenta a los maestros españoles de la fotografía, larga tradición en la que se ilustraran genios como Juan Pando o en la que destacan a nivel mundial naturalistas de la categoría de Daniel Beltrá. En esta exposición tenemos que mencionar un seductor trabajo fotográfico del maestrísimo José Antonio Rojo, en el que surge un iceberg austral difuminado, o las sarmentosas retículas del soriano Jesús Muñoz, con sus poderosos contrastes.

Vidrio

Finalmente destaquemos la originalidad y belleza de los trabajos en vidrio de Ángela Teunissen, que domina como pocos la tradición cristalera que han inmortalizado a través de los siglos las grandes casas de Francia, Bohemia y Venecia.

En conclusión, podemos decir que DEARTE ofrece un panorama vital del arte contemporáneo en España, y que el único lamento del visitante consistirá en no disponer de la cuenta corriente suficiente para llevarse la mitad de las obras expuestas. Y eso que los precios, son muy razonables.