Los errores que se producen en el habla o en la escritura de la lengua tienen identidad, cada uno tiene su nombre y, a veces, no son tan fáciles de identificar.

Neologismo (“neo” = nuevo, “logos” = lenguaje)

Es toda palabra incorporada al español, sin otro fundamento que la “moda” de su utilización en el lenguaje general; muchas veces usada en lugar de vocablos equivalentes a los que ya existían.

  • Ejemplos: educacionista, por educativo; carenciado, por careciente; calefaccionado por climatizado.

Barbarismo (“barbarós” = extranjero)

Se llama así a toda escritura o pronunciación defectuosa de palabras, giros o expresiones, tal como les sucede a las personas extranjeras, que no dominan un idioma.

  • Ejemplos: cónyugue, por cónyuge; bajo ningún punto de vista, por desde ningún punto de vista.

Extranjerismo

Es toda palabra de origen extranjero que, en muchos casos, tiene su equivalente en español; en otros, ya han sido castellanizados y si bien se siguen considerando extranjerismos, por lo menos han sido adaptados a la grafía y pronunciación de la lengua española.

Existen algunos extranjerismos que ni siguiera tiene un equivalente válido en castellano y otros que ya forman parte del lenguaje coloquial de todos los días.

  • Ejemplos: cassette, por casete; stress, por estrés; rol, por papel.

Vulgarismo (“vulgus” = populacho, muchedumbre)

Es la expresión propia del vulgo o gente poco instruida, que generalmente se introduce en la conversación de gente más o menos culta por descuido.

  • Ejemplos: lo que haiga, por lo que haya; agarrelón, por agárrenlo; la carie por la caries.

Arcaismo (“arkhaidós” = antiguo)

Es la voz, frase o manera de expresarse anticuadas, debido a que son formas que han dejado de usarse o han sido reemplazadas por otras modernas.

  • Ejemplos: fierro, por hierro; asegún, por según.

Redundancia (“redundare” = abundar)

Es uno de los errores más frecuentes y consta de la repetición innecesaria de conceptos, con distintas palabras.

  • Ejemplos: hace unos años atrás, por hace unos años; volvemos a reiterar, por reiteramos; eso hay que preverlo de antemano, por eso hay que preverlo.

Ultracorrección o hipercorrección

Consiste en el agregado de una o más letras en una palabra, creyendo estar pronunciando correctamente. Es un error que se advierte cuando una persona quiere demostrar un nivel cultural que no posee.

  • Ejemplos: toraxica, por torácica; bacalado, por bacalao; aficción, por afición.

Impropiedad

Es la falta de propiedad en el uso de las palabras, o sea, utilizarlas en un sentido que no tienen y que el uso común les ha adjudicado. Son términos que existen, pero con un significado diferente del que la gente supone.

  • Ejemplos: desapercibido, por inadvertido; enervar, por excitar o irritar; onomástico, por cumpleaños.

Solecismo (de Soli, ciudad turca donde se hablaba mal el griego)

Es una falta contra la sintaxis que puede ser de concordancia, de orden, de construcción, de régimen.

  • Ejemplos: sentarse en la mesa, por sentarse a la mesa; varones y mujeres trabajadoras, por varones y mujeres trabajadores.

Anfibología (“anfibos” = ambiguo, “logos” = palabra)

Así se llama a la expresión que puede interpretarse de dos maneras distintas. Conviene evitarla en la conversación, para no ser mal entendido por el interlocutor.

  • Ejemplos: ayer te vi con anteojos (¿quién llevaba los anteojos puestos?), la madre observaba a su hijo llorando (¿quién lloraba?), ella siempre dice la verdad desnuda (¿es una chica sincera o le gusta exhibir sus atributos físicos?).

Monotonía (“monos” = único; “tonos” = sonido)

Consta del empleo, dentro de una misma oración o párrafo, de los mismos vocablos, giros o construcciones.

  • Ejemplos: pero este hotel tiene que tener lo que tienen todos los hoteles que tienen calefacción.
Las muletillas forman parte de la familia de la monotonía, las cuales son tan frecuentes como innecesarias.

Ejemplos: bueno, digamos, ¿no es cierto?, ¿viste?

El idioma crece y evoluciona día tras día. Pues bien, nadie pretende impedir ese crecimiento haciendo cumplir estrictas normas lingüísticas, pero de ahí a propiciar expresiones desconociendo las reglas elementales que rigen el idioma español, hay un largo trecho.