Cuando se trata de identificar un cadáver, la odontología forense es la herramienta más útil para determinar la identidad del individuo a quien pertenecen los restos cuando se carece de identificación. Si no existen registros odontológicos o éstos dan resultados negativos, el antropólogo forense sólo tiene los restos humanos y pruebas colaterales (objetos y vestiduras encontradas con el cuerpo) para hacer su trabajo.

Identificación

En España, a partir de la promulgación de la Ley de Memoria Histórica, han proliferado trabajos de exhumación de cuerpos en fosas comunes para su identificación. En estos casos, las pruebas de ADN son la herramienta más útil –aunque costosa- para la identificación de restos si se tiene material genético con el que contrastar las muestras recuperadas.

Pero en el caso de investigaciones criminales, la identificación es más compleja y a veces, si no existe denuncia de desaparición de personas con rasgos similares a los estudiados, imposible. En cualquier caso, la peritación forense tiene que cumplir tres condiciones básicas para ser admitida como prueba:

  1. Que la teoría científica sea reconocida como válida por la comunidad científica.
  2. Que las pruebas sean fiables.
  3. Que hayan sido aplicadas adecuadamente.

Raza, edad, sexo

La presencia de restos blandos facilita la identificación. En este artículo, se aborda la identificación de restos en procesos muy avanzados próximos a la esqueletización o esqueletizados. El proceso de putrefacción de un cuerpo consta de cuatro fases:

  1. Cromática: aparición de zonas que presentan color verdoso.
  2. Enfisematosa: acumulación de gases.
  3. Colicuativa: licuación de partes blandas.
  4. Esqueletización: fase final y más prolongada hasta la pérdida completa de partes blandas.
Ante la ausencia de piel, la determinación de la raza se basa en estudios poblacionales que indican diferencias óseas entre los diferentes grupos étnicos. Así, el negroide presenta aberturas nasales anchas e inversión pronunciada en el área media posterior de la mandíbula; amerindios y asiáticos, proyección hacia delante de las mejillas; los caucásicos, rostro angosto, barbilla pronunciada y retención de la sutura metódica o frontal entre los dos hemisferios del cráneo, desde la nariz hasta la sutura sagital localizada en la bóveda del cráneo entre los dos huesos parietales.

El sexo es la variable más fácil de determinar si los huesos pélvicos se encuentran en buen estado gracias a la diferencia morfológica entre ambos sexos, más pronunciada a partir de los 18 años. Otras diferencias son el mayor tamaño craneal en el hombre por encima de las aberturas de los ojos y presencia de marcas musculares más pronunciadas.

La dificultad de estimar la edad con precisión aumenta en restos de edad adulta. En restos infantiles son varios los indicadores que sirven para la datación de la edad: desarrollo de los dientes deciduos (dentición infantil) y permanentes, desarrollo óseo, tamaño craneal. En adultos, hasta los 20-25 años, período en el que culminan las uniones epifisiales en los huesos largos, el estado de dichas uniones indican la edad del individuo con cierta precisión. Un método muy utilizado es el de Greulich y Pyle que establece la edad en función de la maduración de los huesos del carpo de la mano izquierda.

Si los restos son de edad más adulta, la degeneración ósea, cambios artríticos en la columna vertebral, osificación de huesos largos, atrición (desgaste) dental y articular y estudios radiológicos y microscópicos sirven para estimar la edad aproximada del individuo.

Datación del óbito

Los estudios poblacionales sirven a la antropología forense para la reconstrucción osteobiográfica e identificación de los rasgos del fallecido. Edad, sexo y raza es parte de la osteobiografía, pero además la peritación forense tiene como objetivo último determinar cuándo y cómo se produjo el óbito.

Como hemos referido anteriormente, el estado de los cuerpos ayuda a esclarecer cuándo murió un individuo. La putrefacción depende tanto de factores exógenos (ambientales) como endógenos (bacterias intestinales) que pueden acelerar o retardar el proceso de autolisis celular. El enterramiento supone retardar el proceso de esqueletización ya que se resguarda el cadáver de determinados factores exógenos. Si se produce en ambientes secos y cálidos, puede incluso producirse la momificación, lo que dificulta la datación de la muerte aunque favorece el estudio de las causas de la misma. Otro proceso que puede surgir de forma natural es la adipocira, la hidrólisis de tejido graso en jabones (saponificación) y la transformación de las partes blandas en sustancia plástica que mantiene la forma exterior de los órganos. Suele ocurrir en ambientes húmedos y ausencia de aire. En definitiva, salvo cuando ocurre momificación o adipocira espontáneas, el grado de putrefacción determina la datación.

Causa de la muerte

Ante la ausencia de partes blandas, saber cómo murió la persona a la que pertenecen los restos requiere un estudio radiológico y microscópico que revele traumatismos o heridas de arma blanca o de bala. El estudio de restos de cabello también sirve para analizar la presencia de agentes tóxicos, venenosos o drogas. Si aparecen evidencias de muerte violenta, determinar el tratamiento premortem y postmortem dado a la victima por parte del victimario puede servir de ayuda al criminalista o criminólogo en sus respectivas peritaciones, como así mismo toman importancia las evidencias obtenidas en la investigación de campo.