La ictericia va ligada a un aumento de la bilirrubina, lo que provoca una coloración amarillenta de la piel y de la esclerótica de los ojos. Previo al nacimiento, la placenta es la encargada de eliminar la bilirrubina del bebé para ser procesada en el hígado de la madre. Tras el nacimiento es el hígado del bebé quien se encarga de la tarea, aunque a veces eso lleva su tiempo, razón por la que los niveles de bilirrubina del recién nacido suelen ser un poco elevados.

Causas de la ictericia

El nivel ligeramente alto de los neonatos es relativamente común, y se conoce como ictericia fisiológica. Suele aparecer entre el segundo y tercer día después del nacimiento y, por lo común, se resuelve sin problemas al cabo de unas dos semanas.

Otra forma relativamente común de ictericia es la que se debe a la leche materna, ya que esta contiene una sustancia que conlleva un incremento de la reutilización de la bilirrubina en los intestinos. Puede aparecer al cabo de una semana tras el nacimiento y durar un mes o más, aunque por lo general no es dañina.

La ictericia debido a la lactancia, en este caso relacionada por una alimentación insuficiente, suele aparecer también a la semana de vida y se estima que afecta entre el 5 y el 10% de los recién nacidos. No requiere tratamiento pero sí es posible que sea necesario interrumpir la lactancia materna y sustituirla por el biberón hasta que desaparezca la ictericia.

En otros casos la ictericia puede constituir una señal de alguna patología más grave, como una afección que incrementa el número de glóbulos rojos. Esta situación puede deberse a formas anormales de las células sanguíneas, incompatibilidades del grupo sanguíneo, lesiones del nacimiento, infecciones, transfusiones, nacimientos prematuros, deficiencia de piruvato cinasa o de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa o niveles altos de glóbulos rojos.

Otra de las causas que pueden ser graves tiene que ver con todo aquello que interfiera con la capacidad del organismo para procesar y eliminar la bilirrubina. En este sentido cabe destacar el herpes, la sífilis, el hipotiroidismo, la toxoplasmosis y la rubeola, todos ellos congénitos, la atresia biliar, el citomegalovirus, la fibrosis quística, la hepatitis neonatal, la hipoxia, el síndrome de Gilbert, la enfermedad de Gaucher o ciertos medicamentos, entre otros.

Síntomas de la ictericia

Como ya se ha mencionado, uno de los síntomas más característicos es el color amarillento que presenta la piel, una circunstancia que se aprecia mejor justo después de presionar con un dedo, y con suavidad, en la piel del bebé. Es más habitual que ese color amarillento se aprecie primero en la cara para ir bajando progresivamente al resto del cuerpo. Otros síntomas abarcan la orina de color oscuro o heces pálidas. Ocasionalmente, sobre todo cuando la ictericia es muy acusada, pueden aparecer otros síntomas como el cansancio extremo.

Tratamiento de la ictericia

Afortunadamente, para la mayor parte de los bebés afectados por ictericia, el tratamiento es innecesario. Conviene, eso sí, mantener al recién nacido bien hidratado, sea con leche materna o biberón. Alimentando al bebé con frecuencia se logrará que también sean frecuentes las deposiciones, circunstancia importante, ya que la bilirrubiba se elimina en parte a través de las heces.

En algunos casos se emplea un tipo de tratamiento denominado fototerapia, que consiste en unas luces azules cuya función consiste en ayudar a descomponer la bilirrubina en la piel.

Cuando la ictericia reviste una mayor gravedad se puede requerir la utilización de un procedimiento denominado exanguinotransfusión, reemplazando la sangre del bebé por plasma fresco.

En general puede decirse que la ictericia no constituye un problema grave y que acostumbra a resolverse por sí solo en una o dos semanas. También es importante saber que con el tratamiento adecuado, cuando este sea necesario, el pronóstico suele ser bastante favorable. Eso no quita que en algunos casos, poco comunes, puedan surgir complicaciones como la parálisis cerebral, daños cerebrales o sordera.

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