El humanismo buscó fomentar la cultura y la educación a partir de las humanidades y de la lectura de los clásicos grecolatinos. Esta vocación humanista se hallaba signada por la preocupación pedagógica de adoctrinar al hombre sobre el arte de vivir y de pensar. El principal objeto del artista fue la belleza y no los fines didácticos. Lo intelectual, lo artístico y la disposición a la acción constituyeron los cánones del hombre renacentista. En el ámbito literario, los humanistas fomentaron el cultivo del latín clásico, pero a su vez defendieron el empleo de lenguas vernáculas como vehículo de expresión literaria.

Los humanistas del Renacimiento se plantearon una serie de problemas, reflexiones, críticas y réplicas que tuvieron como objetivo el creer y actuar en un mundo que estaba ante sus ojos y más allá. Buscaron, como dijo Lucie Febvre en el libro El problema de la incredulidad (La religión de Rabelais) “…disolver la lógica, la psicología y la física escolásticas y restablecer en sus derechos dentro del alma humana no sólo la verdad (…) sino también la virtud y la perfección adquiridas por el hombre y labradas por él a su medida (…) era proclamar y afirmar el valor absoluto de la naturaleza y de la humanidad”.

Humanistas, cristianismo y Reforma

Si bien el cúmulo de ideas y reflexiones de los humanistas logró romper con los parámetros de aquella época, no por ello podemos asegurar que se levantaron y rivalizaron con la religión cristiana, esto debido a que su inspiración estaba empapada por el cristianismo, aun cuando los teólogos de la Iglesia católica y los guardianes de la ortodoxia los considerasen sospechosos. Sin embargo, este movimiento humanista le abrió paso a la Reforma, quien criticaba el absolutismo de la jerarquía, los interdictos promulgados por la Iglesia, la difícil comprensión de la liturgia, la degradación del sacerdocio, la indebida injerencia de los papas en los asuntos gubernamentales y la sumisión que estos exigían en materia de fe.

Los trabajos de los humanistas Johannes Reuchlin y Erasmo de Rotterdam, inculcaron en las mentalidades ilustradas la idea de una revisión de las doctrinas y normas que imperaban en materia religiosa, mientras que el resto de la sociedad era influida por medio de panfletos y escritos que satirizaban y criticaban a la Iglesia y a los monjes.

Aunado a esto, se extiende por Europa la tesis de Martín Lutero, que combate la autoridad papal y las doctrinas eclesiásticas, trayendo como consecuencia violentos ataques entre seguidores y retractores, influyendo incluso en algunos católicos ortodoxos.

Por los motivos que fuesen: económicos, políticos o religiosos, la doctrina luterana logró conmover a la población y trastocó las bases de la Iglesia católica, extendiendo considerablemente el protestantismo en Europa. En países como Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania y el norte de los países bajos triunfó completamente la Reforma.

Ginebra y el reformismo francés

El reformismo francés es difícil de estudiar y analizar debido a que en Francia no existía un sistema único de ideas reformistas, como sí ocurría en los países antes mencionados y, en general, permanecían adeptos al catolicismo. Sin embargo, fueron muchos los protestantes franceses que huyeron a Ginebra y muchos los intelectuales que fueron perseguidos o acusados de herejía.

Es de hacer notar que Ginebra fue el lugar predilecto de los protestantes franceses, ya que se veían favorecidos por la posición geográfica, por el idioma y por las condiciones religiosas, esto debido a que Juan Calvino y Guillaume Farel habían instituido allí una república bajo un sistema o régimen teocrático.

Sin embargo, Ginebra no fue siempre el paraíso de los protestantes, debido a la posición extremista o más bien intransigente que adoptó Calvino. La iglesia católica no fue la única que busco mantener a toda costa sus estructuras religiosas, no fue la única en perseguir, también entre los protestantes fueron muchos los perseguidos por disidente y herejes.