
- Hotel Punta Grande - Maduroman
Son, como quien dice, cuatro paredes. Cuatro paredes que durante unos días se convierten en un hogar. En una casa. En tu casa. Y esa casa, ese hotel (reciente o antiguo) puede ser, desde, desde del Punta Grande del Hierro, que menos grande es de todo a una cueva donde alojarse. Son unas vacaciones originales en la naturaleza (en España o fuera), con los hoteles más originales del mundo y, de paso, con encanto.
Por eso, un hotel puede, simplemente, limitarse a ser una habitación limpia; un lugar atento y un poquito acogedor, o lo que es lo mismo, cuatro paredes. Pero también puede ser algo más. Puede tener un pequeño "extra", un "plus" que le dote de una esencia, de un carácter que le haga distinto, que le convierta en un lugar especial, en un sitio del mundo con encanto, en un hotel original y curioso que haga las vacaciones originales.
Pero, claro, encontrar un sitio así no es nada fácil. Es más bien complicado. La diferencia entre "curioso hotel" y "antro extravagante" es mínima. Sutil e incluso imperceptible. Depende del carácter de cada viajero, de las expectativas que se tengan del lugar y las ganas que tenga cada uno de arriesgar y probar cosas diferentes. El turismo, como casi todo hoy en día, es una sociedad tan organizada como amplia, tan enorme como concreta que se expande alrededor del mundo. De ahí, que gracias a esa organización (y a la red) podamos seleccionar algunos hoteles con encanto, unas habitaciones que sean una foto más del álbum del verano.
El hotel más pequeño del mundo: el Punta Grande de la canaria Isla de El Hierro
El hotel Punta Grande es de todo, menos grande. Es acogedor (algo que suele indicar unas dimensiones más bien escasas) y el paraje donde está ubicado es, simplemente, una pequeña joya. Perdido en la isla de El Hierro, que ya de por sí invita a perderse, el Hotel Punta Grande es una pequeña isla de alojamiento en la mitad de un paraje volcánico. Tiene cuatro habitaciones dobles (de 70 euros mínimo por noche) y ya. Pero las que tiene, esas cuatro, están ubicadas en la mitad de un pequeño embarcadero de roca que cambia cada día a base de golpe de mar.
Esta decorado con las cosas que son del mar pero que el mar no quiere: desde ojos de buey a cartas marinas pasando por un traje de buzo. Pero tiene algo más. Tiene el honor de ser el hotel más pequeño del mundo y, aún así, tiene algo más. Tiene una habitación, la número 2, que permite al viajero sentarse en el balcón y, mientras tanto, pescar o, al menos, intentarlo. Y ese es el detalle, el placer de pescar con caña o sin ella un pedacito de mar desde el balcón de tu habitación.
Hoshi Ryokan, el hotel más antiguo del mundo
Japón es un país de contrastes. Cuna de la modernidad y de la tradición, oximorón en si mismo, en el país del sol naciente todo sorprende. El hotel Hoshi Ryokan tiene, ante todo, el honor de ser el hotel más antiguo del mundo. Fue construido en el año 717 antes de Cristo y, después de lo llovido, aún está en pie y funcionando.
El Hoshi Ryokan tiene, por tanto, el encanto de saber que por dónde tú pisas ya ha pisado la historia. Además, a ese pasado eterno se le une el relato y la leyenda que documentan su fundación: A medio camino entre la leyenda y la realidad, el hotel fue fundado junto a unas termas que, al parecer, se creían milagrosas. Un maestro budista así lo entendió y, con buenas palabras, pidió a un discípulo suyo que construyera allí una especie de "spa" prehistórico en el que atender al viajero.
Garyo Houshi, que así se llamaba el discípulo, terminó la obra y, desde entonces, su familia regenta el hotel. Es modelo, a la vez, de tradición y disciplina empresarial. Todo, con sus respectivas reformas, sigue más o menos igual. Adaptado a unos tiempos que vuelan pero no le afectan, el spa sigue en funcionamiento y, quizá, lo más novedoso desde su fundación sea el precio: una noche en el Hoshi Ryokan cuesta unos 300 euros.
Hoteles cueva - Del Hotel Cuevas de Almanzora al Yunak Evleyr en la Capadocia turca
Es, simplemente, una forma diferente de hospedarse. ¿Para qué buscar construcciones imperiales o cuidadas si la propia naturaleza ya nos las proporciona? Los hoteles cueva responden a esa necesidad. Cuevas excavadas en la roca, prehistóricas o más modernas, que lo mismo da. Un ejemplo sería el Hotel Cuevas de Almanzora, en la granadina localidad de Guadix. Creadas (o más bien habitadas) desde el siglo XVI, las cuevas están totalmente rehabilitadas y permiten al viajero pasar una noche, o varias, en un lugar que está considerado como el mayor asentamiento de cuevas de Europa.
El otro caso, mucho más espectacular, está en la Capadocia turca, una zona que vive, respira y rezuma piedra. Los asentamientos de los cristianos perseguidos en los siglos IV y V han convertido a toda esta zona de Turquía en un inmenso "gruyere" de piedra, en un lugar en el que la mirada aún puede encontrarse con cosas olvidadas desde hace siglos. Allí se sitúa el hotel Yunak Evleyr. Escavado en esa piedra tan consistente como moldeable, el hotel ofrece la posibilidad de hospedarse en el mismo lugar en el que, durante siglos, muchas poblaciones y etnias se han ocultado. Un lugar que quiso hacerse invisible a los ojos del mundo para terminar por ser admirado. Siempre, eso sí, que se paguen los 85 dólares de la habitación (o los 110 de la habitación simple) y, de paso, se cuente con un guía experimentado.
