Actualmente, se tienen evidencias fiables sobre prácticas homosexuales en la Mesopotamia Antigua desde el Período Protodinástico Sumerio hasta la destrucción del Templo de Jerusalén por Nabucodonosor II (586 a.C.). Algo tan natural -la homosexualidad- como la vida misma, que acompaña al ser humano desde sus orígenes y que, aunque nunca hubieran sido halladas evidencias sobre su existencia pretérita, seguiría siendo un hecho indudable.

El interés por la homosexualidad en aquellas épocas viene de la necesidad de explicarla como fenómeno histórico y antropológico, máxime cuando los homosexuales parecen haber cumplido una papel de suma importancia en el mundo mesopotámico, y que, lejos de estar mal vistos, pudieron haber gozado de cierta alta posición social.

Homosexualidad sagrada

Aparte de la homosexualidad más típica, la profana, desde el 3000 a.C. aprox., se constata en el ambiente político-religioso (templos y palacios) la presencia de cierta tipología de sacerdotes músicos y cantores, los assinu (“hombres-útero”), interpretados tradicionalmente como travestidos, homosexuales o castrados, o sea hombres de sexualidad ambigua o indefinida, que participaban de dos naturalezas (masculina y femenina) al unísono.

Los assinu entonaban cánticos funerarios como plañideras tras la defunción de alguna importante personalidad (como un rey), o bien himnos solemnes durante ciertas festividades. Las evidencias de participación de assinu en los grandes rituales son especialmente abundantes en el culto de Inanna (la Ishtar acadia-babilonia, luego Afrodita griega), apareciendo caracterizados como bailarines travestidos, peinados y engalanados como mujeres.

Por entonces la homosexualidad era entendida como una tendencia sexual normal y corriente, ni perseguida ni proscrita legalmente. Más aún, está incluso presente en los ciclos literarios mitológicos mesopotámicos, por ejemplo, en la Epopeya de Gilgamesh, en donde se describe una relación sexual entre Gilgamesh y su rival –luego convertido en amigo–, Enkidu.

Estos sacerdotes travestís, relacionados con la música y el culto a deidades femeninas lunares como Inanna/Ishtar, fueron entendidos por numerosos historiadores como homosexuales o eunucos; algo lógico teniendo en cuenta la constatada importancia que han tenido, históricamente, los castrados en diversas sociedades como China, la Turquía otomana o el mundo helenístico, como funcionarios, custodios de lugares sagrados (harenes), intelectuales palaciegos e incluso –los más hábiles– como gobernadores y militares de alto rango. Hoy día, sin ir más lejos, en el Islam son precisamente eunucos los custodios de ciertos espacios sacrosantos en La Meca y Medina.

En Mesopotamia los eunucos, efectivamente, solían desempeñar cargos públicos de notable importancia social, religiosa y política, como atestiguan los textos legales –ciertos decretos mesoasirios sobre la dirección de los harenes–, y lingüísticamente en el término semítico para designarlos: sha-reshi, “el cabecilla" o "primero".

Por otro lado, el afeminamiento que se atribuye a determinados sacerdotes sumerios como los gala y kur-gar-ra, o los acadios assinnu, kalû y kurgarrû, todos relacionados con los cánticos ceremoniales, éxtasis proféticos y trances adivinatorios -durante los cuales se pudieron ejecutar actos de autoemasculación (castración) ritual, como símbolo de devoción o rito iniciático-, induce a pensar que se tratara realmente de eunucos.

Junto a la supuesta prostitución sagrada femenina, de sacerdotisas consagradas a una deidad en cuyo beneficio venderían sus cuerpos, se ha propuesto una variante masculina de la misma, ejercida por eunucos o travestidos. No obstante, al menos respecto a la prostitución sagrada femenina, se debe advertir que nunca existió realmente, y si lo hizo, no según nuestra concepción actual. La misma hipótesis –una posible prostitución sagrada masculina– ha sido planteada por diversos autores, basándose en la otrora habitual preeminencia de eunucos en los altos puestos gubernamentales o religiosos (administrativos, militares,...), aparejada eventualmente a roles de amantes-consejeros de príncipes y reyes (baste citar a Bagoas con Alejandro Magno).

Entre dos mundos

En los presagios sumerios Shumma Alu aparecen citados los assinu del siguiente modo: “si un hombre mantiene relaciones sexuales con un assinnu, quedará libre de desgracias". Lo curioso es la consideración del sexo con seres cuasi-andróginos (¿quizá hermafroditas?) como un "talismán", algo quizás debido a que, en un contexto patriarcal, las mujeres fueran demonizadas, vistas como “fuente de desgracias del varón”. Pero eso no explica tal creencia en el carácter protector del homosexual.

Quizá la explicación haya que buscarla en el poema Descenso de Ishtar, en donde un assinnu llamado Asushunamir (“De aparición resplandeciente») es enviado por Ea para rescatar a Ishtar de los Infiernos. Que fuera elegido precisamente un assinnu por un dios como Ea para la misión, y que parezca además gozar del poder de regresar vivo del inframundo, posiblemente se deba a alguna atribución de cualidades mágicas a tales personas, tal vez derivadas de su misma naturaleza "entre dos mundos" (masculino-femenino) y a su interpretación paralela como "existencia dual" entre la Tierra y el plano espiritual.

En Sumeria, el sacerdote gala era el equivalente al assinnu acadio-babilonio, miembro del templo, músico que acompañaba sus plegarias con un balag (arpa) y empleaba un dialecto denominado eme-sal, que parece coincidir con una “lengua de mujeres” (genderlect, habla específica de un género), exclusivamente utilizada por féminas. Otros datos interesantes sobre su afeminamiento derivan de su mismo nombre, homófono de otro término, gal-la, "vulva", y de su peculiar ortografía, USH.KU, legible también como GISH-DUR, literalmente "falo–ano".

A modo de conclusión

No obstante, algunas referencias sobre estos personajes harían dudar de su homosexualidad, pues a veces son descritos como padres cabezas de familia y casados con mujeres. Esto, que parece una paradoja a priori, no es nada extraño: los hijos podrían ser adoptados, exactamente igual que hacían las sacerdotisas naditu en Acadia, las cuales tenían prohibido parir hijos pero no su adopción ni el casarse (aunque respetando siempre su voto de castidad). Probablemente, la misma situación fue valida para assinnu y gala.

Pese a toda evidencia sobre la importancia de los eunucos, homosexuales y travestidos en los cultos mesopotámicos, de lo que no hay prueba alguna es de su supuesta relación con forma alguna de prostitución, ni sagrada ni profana. Tal suposición errónea se basa en los mismos prejuicios y ficciones gestadas, siglos después, por autores grecolatinos (Heródoto, Estrabón,...) y judeocristianos, empeñados sistemáticamente en degradar a las religiones precedentes, presentándolas intencionadamente como demoníacas, bárbaras y aberrantes.