Cuando se habla de deseo sexual cada persona habla en función de su vivencia personal. La experiencia demuestra que la vivencia propia de lo que es el deseo sexual es diferente de unas personas a otras y también se experimenta diferente en hombres y mujeres.

El deseo es la primera fase de la respuesta sexual humana, seguida de la excitación, meseta, orgasmo y resolución. Para que dos personas quieran mantener relaciones sexuales deben desearlo, pero esto puede suceder de maneras diferentes.

El principio de la relación amorosa: torbellino de emociones

La mayoría de las personas han estado enamoradas al menos una vez en su vida. El estado de enamoramiento es algo tremendamente estudiado, debido a las características físicas y psicológicas que se producen en los enamorados.

No hay que olvidar que el enamoramiento es un estado transitorio, que dará paso a una relación madura, o a una ruptura debido a que “la magia se ha acabado”.

Durante esta primera fase de las relaciones amorosas, el deseo sexual está muy presente. Los amantes se desean a todas horas y en todas las circunstancias. El número de relaciones sexuales suele ser alto o muy alto, ya que los amantes necesitan estar unidos el mayor tiempo posible.

Esta unión sexual produce uno de los mayores placeres que las personas pueden experimentar.

Durante esta primera fase, los miembros de la pareja se perciben deseables físicamente, emocionalmente, a través de la vista, del olfato, del gusto….cualquier cosa que tenga que ver con la persona amada puede producir deseo o excitación sexual.

Después de la tormenta llega la calma: el placer de la estabilidad

Quienes son capaces de superar el enamoramiento de forma madura pasarán a tener una relación de pareja estable. En este tipo de relación la “fantasía” deja paso a la “realidad” de la vida cotidiana.

Ahora los amantes tendrán problemas y circunstancias a las que hacer frente, cuyo amor no será suficiente para salir airoso.

En esta fase, también cobran relevancia los problemas individuales de cada miembro, ya sean de trabajo, familiares, de salud, etcétera.

Es aquí donde el deseo sexual disminuye necesariamente. La estabilidad y rutina en la pareja producen un descenso del deseo.

Diferencias entre hombres y mujeres

El deseo sexual se experimenta de forma diferente en hombres y mujeres, una vez pasada la fase de enamoramiento.

Para las mujeres, el deseo o las ganas de tener relaciones sexuales con su pareja implican un componente más emocional que físico. Es decir, las mujeres quieren tener sexo porque quieren “intimar” con su pareja. El deseo fisiológico del principio de la relación aparece con muy poca frecuencia.

En los hombres, el deseo sexual también cambia a medida que la relación avanza, pero sigue teniendo ese componente fisiológico en gran medida.

Esto hace que para las mujeres cualquier cosa que interfiera en la buena relación de pareja o factor estresante en su vida cotidiana, puede hacer disminuir su deseo de forma notable, ya que tendrá menos ganas de intimar emocionalmente con su pareja.

En el caso de los hombres, factores como el estrés en el trabajo, problemas de salud o autoestima, o problemas con la pareja, suelen estar frecuentemente relacionados con su falta de deseo.

Mujeres poco deseadas

Cuando es la mujer quien tiene poco deseo sexual, el hombre es quien se “acopla” a dicha situación, siendo él quien suele incitar a las relaciones sexuales y ella rechazando en muchos casos.

Los hombres parecen haberse acostumbrado a esto. Las mujeres alegan su derecho a decir que no. Hasta aquí todo “bien”. Pero, ¿qué pasa cuando es el hombre quien desea menos? En estos casos, la mujer se siente tremendamente responsable de la situación.

Es peor para la pareja que el hombre desee menos. Esto no debería ser así, debido a la igualdad de género, pero la realidad indica que las mujeres cuyas parejas tiene falta de deseo sexual lo viven mucho peor que los hombres cuyas mujeres no desean tener relaciones.

Las razones suelen ser varias. La principal sería la falsa creencia de que los hombres siempre están dispuestos a hacer el amor, piensan en el sexo la mayor parte del tiempo y casi cualquier mujer puede resultarles deseable. Esto puede ser así en algunos casos, pero no en todos. Los hombres también son influenciables por las circunstancias externas, las cuales pueden mermar su deseo.

En estos casos, las mujeres suelen atribuirse falta de atractivo físico, la creencia de que su pareja tiene una amante o que la relación está acabada. Si esto no se habla, la mujer puede caer en una dinámica autodestructiva de pensamientos negativos y conductas poco adaptativas para sí misma y para la pareja.

Es muy importante para la pareja, sea quien sea el que menos desea, que hablen del tema y busquen ayuda profesional si fuera necesario.