El deseo sexual puede considerarse como la primera de las fases de la respuesta sexual humana.

Los primeros estudios sobre sexualidad masculina y femenina, realizados por Masters y Johnson, pusieron de manifiesto la existencia de cuatro fases de respuesta sexual donde no incluyeron la fase de deseo. Estas cuatro fases eran las siguientes: excitación, meseta, orgasmo y resolución.

Masters y Johnson fueron los primeros investigadores en sexualidad con sujetos reales en laboratorio. Posteriormente, Helen S. Kaplan, fue quien añadió una fase previa a la excitación: la fase de deseo.

La mayoría de los terapeutas sexuales consideran necesaria esta fase para que comience la excitación sexual.

Deseo sexual inhibido

Es necesario hacer una distinción entre deseo sexual hipoactivo y deseo sexual inhibido. El primero hace referencia a un bajo deseo sexual producido por causas desconocidas u orgánicas y, por lo tanto, que tienen que ver con el estado biológico del cuerpo. El segundo hace referencia al bajo deseo sexual producido por causas psicológicas o sociales y tiene que ver con elementos de índole psíquico o social.

Hay que tener en cuenta que la falta de deseo se da cuando la persona lo percibe como conflictivo, es decir, la carencia de deseo sexual, le produce malestar.

Cuestión de hormonas

La testosterona es la hormona más relacionada con el deseo sexual. Esta hormona interviene en el aumento de frecuencia de erecciones nocturnas en los hombres.

Hombres con déficit de testosterona, tienen menos deseo y menos erecciones nocturnas. Experimentos realizados con animales ponen de manifiesto el aumento de intentos de cópula después de la administración de ciertas dosis de testosterona.

En el caso del macho humano, el deseo está sujeto a un mecanismo mucho más complejo, teniendo que ver también con factores psíquicos. Es decir, aunque la testosterona secretada por el hombre sea alta, puede que el mecanismo de deseo esté bloqueado por otros factores.

Problema psicológico y modelo social

Existen múltiples factores psicológicos que pueden influir en el deseo sexual del hombre.

En primer lugar, las ideas negativas sobre el sexo debido a experiencias frustrantes pueden influir en la inhibición del deseo.

El modelo socio-sexual aprendido tiene notable influencia, puesto que determinados modelos transmiten la creencia errónea de que el hombre debe estar siempre disponible para el acto sexual. Puede ocurrir que si el hombre no siente esa necesidad irrefrenable de mantener relaciones sexuales como se supone que debe ser, se sienta mal psicológica y emocionalmente, con la consiguiente disminución del deseo.

La calidad en la relación de pareja también tiene una gran influencia en el deseo sexual. Si la pareja tiene demasiados conflictos que sus miembros no saben resolver, producirá frustraciones, reduciendo así el deseo.

Estrés, gran enemigo de la sexualidad

Por último, el factor más influyente en la disminución del deseo sexual en el hombre es el estrés. El cansancio físico y mental asociado a determinadas circunstancias de vida pone de manifiesto una supresión del deseo que puede ser de duración variable.

Las presiones familiares, el trabajo, el mantenimiento de una economía familiar, y otras cuestiones, pueden hacer que el hombre se sienta “agotado” ante tanta demanda. Las consecuencias pueden ser la disminución de ganas para mantener relaciones sexuales.

No obstante, los estados de estrés o ansiedad no suponen necesariamente la existencia de problemas sexuales.

Respuesta femenina ante la caída del deseo sexual de la pareja

Muchas mujeres reaccionan extremadamente mal ante la disminución del deseo sexual de su pareja. Las primeras hipótesis que suelen barajar las mujeres son: la infidelidad y la falta de atracción física hacia ellas.

La mujer puede sentirse emocionalmente herida, puesto que suelen relacionar la falta de deseo de su pareja con la idea de “ya lo le atraigo sexualmente” o “no soy atractiva para los hombres”.

Otro caso más extremo es la idea de que su pareja puede tener una amante con la cual está saciando su deseo.

El deber del hombre será informar a su pareja sobre las causas de su falta de deseo, asumiéndolas como algo natural, que puede ser superado.

La falta del deseo sexual

La falta de deseo sexual en el hombre es cada vez más frecuente debido a las presiones familiares, económicas y laborales.

El principal problema es que al hombre aún no se le permite “no tener deseo”, puesto que el modelo socio-sexual que existe en la sociedad actual todavía percibe al hombre como un ser plenamente disponible ante la demanda sexual de la mujer.