De pocos personajes históricos relevantes (o sumamente relevantes, como sería el caso de Hitler) se posee tanta información como del que fue el führer alemán del Tercer Reich. Tan solo cabría, para cerciorarse de ello, comparar los datos que se conservan de Julio César, Alejandro Magno, e incluso de un relativamente reciente Napoleón, para caer en la cuenta de que, de ninguno de todos ellos, se tiene una imagen fiable, ni aun en pintura (sí del general corso), ni mucho menos en foto.

De Hitler se conservan metros y metros de discursos, eventos varios, desfiles, reuniones “familiares” (tanto como podrían serlo en el caso de Hitler), películas archiconocidas- El Triunfo de la Voluntad y Olympia, de Leni Riefenstahl-, biografías de personas cercanas, y por fin, un documento de suma importancia: su autobiografía Mein Kampf (mi lucha).

Lamentablemente, para bucear en su infancia hemos de ceñirnos a lo que el dictador, austríaco de nacimiento, quiere contarnos. Nadie más parece saber nada de un personaje que, muy probablemente, pasó inadvertido en la escuela. Algunos recuerdos de profesores y correligionarios han pervivido, pero poco o nada nos dicen del carácter del pequeño Adolf, que con todo, ya debía estar perfilando su apasionante personalidad.

El pintor nacionalista alemán-austríaco

Llama la atención el escaso hincapié que se hace a la nacionalidad original de Hitler, que no era alemán, pero que en su autobiografía se define como un nacionalista “popular” alemán, en oposición a los nacionalistas “dinásticos”.

Esto debe entenderse en cuanto que Hitler hablaba alemán y nació en la frontera de Austria con los teutones. Es decir: su patriotismo se debe a su lengua, cultura y probablemente la “raza”. Al menos tal como Hitler la concebía.

Malos tratos paternos y origen del antisemitismo

Se ha comentado mucho la circunstancia de que su progenitor, Alois Hitler, le propinara asiduamente castigos corporales, y se ha querido ver en ello la razón de su profundo odio a los judíos, por considerar que Hitler podría haber sabido de una hipotética descendencia hebrea de Alois.

No cabe duda que es una teoría un tanto simplista, y más cuando se habla de alguien tan complejo como Hitler.

Otros motivos, como que el médico de su madre moribunda fue judío, al cual podría haber culpado de su muerte, están completamente descartados, ya que Hitler siempre le estuvo muy agradecido e incluso, según algunas fuentes, podría haberle salvado la vida.

El nacionalismo como dogma de fe

La razón más probable acerca de su antijudaísmo son sus profundos sentimientos nacionalistas, interpretados por él a modo de raza germánica, más que como país, como prueba que él mismo se considerase un alemán con un insondable odio al estado austríaco y a los Habsburgo. Luego su nacionalismo es, por encima de todo, racial.

El joven Hitler aspirante a artista

Sabida es también la inclinación a la pintura que dominaba a Adolf Hitler. De hecho, es la primera opción con que ganarse el pan cuando a la muerte de su progenitor la vida le empuja a ello.

También, en las continuas negativas por parte del profesorado de la Academia de Bellas Artes de Viena, se ha visto la cuna de su desprecio por el arte moderno y por la gente con estudios en general. Lo cierto es que Hitler fue conminado por el profesorado a intentar entrar en una escuela de arquitectura, rama para la cual parecía estar sensiblemente dotado.

Mas adelante, Hitler se ganaría unas magras hogazas de pan pintando acuarelas y vendiéndolas por las calles de Viena, ciudad que le repugnaba, según él mismo escribe, por su mezcla racial y cultural.

El amigo August Kubizek

Antes de ello, mientras residía en Linz con su madre, según cuenta el único amigo conocido en la vida de Hitler, este ya era un notable nacionalista (todavía no nacionalsocialista).

Kubizek relata que una noche Hitler salió conmocionado del teatro una vez visionada una ópera de Wagner, aireando enardecido que él sería quien un día despertaría a la patria alemana de su letargo.

Kubizek no pudo ocultar su sorpresa, ya que siempre había pensado que su amigo quería ser artista.

Queda patente que Hitler era una persona extremadamente difícil y compleja, poco inclinada a desvelar todos los misterios de su insondable personalidad, ni tan siquiera a sus amigos más cercanos, que a pesar de convivir con él, jamás llegaron a conocerle tanto como el mundo lo haría pocos años después en la segunda contienda mundial.