Los primeros grafitti sobre sexualidad no aparecieron en la Grecia antigua sino hace 35 mil años. El hombre del paleolítico ya pintaba vulvas enormes en sus cuevas, como las de Castanet, en Francia, y otros no tan antiguos como los de la cueva de Tito en Asturias, España. Y hace unos 28 mil años se talló el consolador más antiguo, un pene finamente pulido en piedra.

La literatura sexual más antigua data de 5000 años atrás y fue escrita por los chinos, pero el texto que se lleva el máximo honor es el Kamasutra, el compendio de arte amatorio más célebre de todos los tiempos que incluye más de mil posturas sexuales y nombres provocativos, como ‘la boa salvaje’, ‘la vara de bambú, ‘el cangrejo’, entre otros.

Las mejores y más espectaculares muestras de arte erótico están impresas en las paredes y muros antiguos. La más compleja muestra de erotismo de este tipo se encuentra en los templos hindúes y data del siglo IX a.d.C. y el siglo XIII d.C. Las miles de figuras en alto relieve hechas con finura y detalle presentan todas las formas imaginables de posturas sexuales y coitales con personas y animales.

La belleza griega y las prostitutas

Poco conocido en los griegos era su veneración por la perfección matemática del cuerpo femenino. A tal punto llevaron este pasatiempo que los hombres hacían desvestir a sus esposas delante de los amigos sólo por el puro placer de la contemplación, para luego gozar de la fama de poseer a una mujer con medidas perfectas.

Así mismo, los griegos tenían un afecto especial por las prostitutas, las famosas hetairas y las prostitutas de la calle o ‘lobas’. Las hetairas combinaban el placer intelectual con el erótico, mientras que las ‘lobas’ debían inscribir en la suela de sus zapatos la palabra ‘sígueme’, debido a la competencia. Las apreciaban tanto que en sus lápidas le honraban con orgullo sus virtudes en la cama.

Incesto romano y vulvas depiladas

Los romanos heredaron algunas costumbres sexuales de los griegos, pero no se limitaron a la contemplación y usaron el erotismo como arma de poder y conquista militar, tanto así que llegaron al incesto. El caso más famoso ni siquiera fue penalizado y le sucedió al emperador Calígula (12 a.d.C. a 41 d.C.) que se casó con su hermana Agripina, quien a su vez tuvo relaciones con uno de sus hijos y con el tiempo tuvieron al célebre emperador Nerón.

Los romanos también apreciaban los atributos femeninos, aunque sin la rigidez aritmética de los griegos. Una de las cosas que más atraía a un romano era los brazos de la mujer, que debían ser rellenitos y níveos. El apetito romano por las carnes voluptuosas y blancas no se limitaba a los brazos sino a la misma vulva, que debía ser lampiña como la palma de la mano, y para ello las mujeres acudían a un ‘alipilarius’, un especialista en vello púbico.

El voyeurismo también estuvo presente en la sexualidad de la antigua roma. El emperador Tiberio (14 a 37 d.C) ha sido considerado el mayor voyeur de la historia. Todavía en su ancianidad contrataba parejas heterosexuales que eran previamente entrenadas por expertos en todas las acrobacias sexuales para ser vistas por él desde un lugar secreto.

Otro gesto viril de los romanos para afianzar el poderío era llevarse la mano derecha a los testículos al prestar juramento o en presencia de una mujer desconocida. Y para terminar con la relación de los romanos entre poder y sexo, vale recordar al primer emperador Augusto, que también anciano y para demostrar su vitalidad como gobernante gozaba desflorando vírgenes que le proporcionaban sus fieles desde todo el imperio.

Un papa que grava a las prostitutas y los más insaciables

Se sabe que desde la edad Media, el Estado y la Iglesia cobran impuestos a la prostitución. Pero quien llevó este asunto al extremo fue el papa Celemente II durante si corto papado de 1046 a 1047: toda prostituta al morir debía entregar la mitad de su herencia a la iglesia.

Y, ¿quiénes fueron los personajes más activos sexualmente? La emperatriz de Rusia Catalina la Grande (1729-1796) mantuvo una sofocada vida sexual con 21 amantes por lo menos seis veces al día, hasta su muerte. Y entre los hombres, el rey árabe Ibn Saud (1880-1953) es el más sexual. Inició su actividad sexual a los 11 años y disfrutó de tres mujeres distintas cada noche hasta cumplir sus 72 años, lo que destrona al actor Warren Beatty, que en fecha reciente aceptó haber llevado a la cama a más de 12 mil mujeres.