Sábado noche. A medida que se va llenando la sala, unos 15 minutos antes de empezar la función, dos de los cuatro actores invitan al público a participar del Karaoke que hay en escena. Los espectadores se entusiasman. Suben varios. Una chica muy gorda se convierte en la más sexy y hermosa cantando sobre el escenario. Un chico muy femenino sube con dos chicas que le hacen de coro, monta un número con una canción de Mecano que recibe las ovaciones de toda la sala ya llena hasta la última butaca.

Qué ambiente. Este cronista se pregunta si semejante público tan contento y enfervorizado soportará una obra de teatro a partir del momento en que se apagan las luces, se ruega que se apaguen los móviles, y empieza una función sorprendente, divertida y emocionante. Y sí, el público se adapta: ríe, calla y aplaude según se produzcan los teatrales acontecimientos.

La tristeza alegre, la alegría mansa, la hermandad a veces...

Todos los ingredientes del sainete español: arquetipos populares, lenguaje cotidiano, música y canciones... esta vez en un Karaoke triste y a la vez chispeante, con el sentido del humor de los supervivientes de cada día en cualquier calle de cualquier ciudad, con los toques españoles característicos de gente entrañable.

La alegría mansa, dulce, que no se apoya en ridiculizar al otro ni en meterse con el extranjero, aunque esta vez "un chino" haya abandonado a una preciosa muchacha, dejándola llena de deudas; tal y como se plantea podría ser también el vecino de enfrente, sólo que "el chino" tiene más show, más artículos de cotillón, de carnaval, de luces y risas.

Y la hermandad en el lugar donde a nadie se conoce pero uno puede ser uno mismo con sus miserias, confesarse, cantar su canción preferida hasta hartarse y de pronto encontrar el amor. Con todos estos elementos ya se hacían comedias populares a comienzos del siglo XX. Arniches el más grande, pero también otros autores importantes que luego se fundieron en la canción española. Historias de un Karaoke tiene color y vida propia, divierte y emociona, no arroba en un final fácil, la risa es contagiosa y también un tanto amarga: es comedia popular de la buena interpretada por un elenco de primera.

Un equipo de cuatro actores que parecen amigos de toda la vida

Historias de un Karaoke en sábado noche. La sala se va llenando. El escenario a telón descubierto: el Karaoke del título y dos de sus actores invitando a subir y cantar como si fuese un Karaoke de verdad. Y del público surgen interesados de ambos sexos y cantan y bailan sin rubor alguno, desprejuiciados y libres. El público también entregado por completo.

Al rato cambio de luces, comienza la función. Cuatro personajes se presentan, cada uno con una soledad traumitazada diferente, se conocen y tratan en el Karaoke donde cantan "su" canción y desahogan sus obsesiones, también entrecruzan su necesidad de amar y ser amados y algunos lo consiguen.

Juanjo Artero y Elisa Matilla, los más veteranos, componen con maestría personajes atípicos en su carrera: él víctima de un TOC (trastorno obsesivo compulsivo), y ella una pobre chica abandonada; él un divorciado, ella soltera, los dos sin dinero y martirizados, con capacidad para reírse muy poco de sí mismos hasta que aprenden a convivir tras una sesión amorosa en el cuarto de baño: una sesión irresistible que marcará sus vidas.

Pepa Rus y Ángel Pardo interpretan muy bien personajes menos atractivos que, sin embargo, van ganando a medida que transcurre la acción, hasta conquistar a los espectadores con la misma fuerza, la misma sinceridad y la misma chispa humorística. Cada uno una canción y entre todos la definitiva. Entre risas y emociones muy sentidas se llega a un final donde la desgracia se mastica despacio, como si la posible felicidad fuera nada más y nada menos que momentos robados al azar, prestados por un destino implacable.

Alfonso Barajas, un gran escenógrafo

Con un texto estupendo, ingenioso y con mucho ritmo, escrito por Antonio Albert y el director Juan Luis Iborra, muy bien dosificado en su puesta en escena, el espectáculo cobra dinamismo y encanto como buen heredero de aquellos sainetes magistrales de la tradición popular.

Ayuda mucho el contexto creado por un gran escenógrafo, Alfonso Barajas, quien ha creado en el bastante reducido espacio del Bellas Artes un gran ambiente donde cabe todo: lo cutre del decrépito Karaoke, la alegría proveniente de la calle —con repentinas piernas a través de un ventanal no percibido al comienzo—, y un cuarto de baño con pared transparente que da un juego vitalista y significativo a la comedia. Todo esto, eso sí, con el baño de luz magistral de Juanjo Llorens.

Historias de un Karaoke, hasta el 8 de enero de 2012 en el Teatro Bellas Artes de Madrid. Una comedia dramática vigorosa, muy bien interpretada por un reparto que transmite mucha simpatía muy bien recibida desde que se entra a la sala y todos son invitados a cantar durante un rato. Luego los personajes se ocuparán de "Libre" de Nino Bravo o de "Yo soy aquel" de Raphael: dos temas que como todas las canciones de la función tienen la versión musical de David San José, un músico de éxito creciente, hijo de Víctor Manuel y Ana Belén.