La tradición minera está profundamente arraigada y vinculada a los orígenes del Estado y la Ciudad de Chihuahua, al norte de México. La muestra es precisamente la historia de la fundación de la Ciudad de Chihuahua, en 1709, bajo el nombre de Real de Minas de San Francisco de Cuéllar, por parte del gobernador español de Nueva Vizcaya, Antonio Deza y Ulloa. Fue el ilustre gobernador quien se dispuso a encontrar un nuevo Real de Minas para las explotaciones de Santa Eulalia, dado que la ubicación de estas en la Sierra Tarahumara, impedía el crecimiento y desarrollo del asentamiento.

De ese modo, Deza y Ulloa convocó a dieciséis notables de la región, entre los que había sacerdotes, comerciantes y hombres de negocios, quienes votaron sobre si se debían radicar en la sierra o en el valle que forman la confluencia de los ríos Chuviscar y Sacramento. Las votaciones quedaron empatadas, ocho a ocho, entre una y otra opción, por lo que el gobernador, utilizando su voto de calidad, optó por la segunda, lo que conllevó en nacimiento de la actual ciudad, aunque bajo otro nombre.

Se erigió como Villa, en 1718, con el nombre de San Felipe el Real de Chihuahua y como Ciudad, ya solo como Chihuahua, en 1823. En 1864 fue capital de México bajo el gobierno de Benito Juárez durante la guerra de intervención francesa, y, posteriormente, Francisco Villa reclutó en esta ciudad a los miembros de la famosa División del Norte.

Origen de la palabra Chihuahua

Se conocen cinco acepciones, cuatro que proceden de la tarahumara y una náhuatl. La primera de ellas es Lugar de fábricas, por la gran cantidad de haciendas que se establecieron en el siglo XVIII alrededor de las minas, aunque esta definición no contempla que ese era el nombre primitivo de Santa Eulalia antes de la fundación de Chihuahua y de la existencia de fábricas, que además es una palabra que no tiene definición en lengua tarahumara.

Otra es Junto a dos aguas, llegando a esa conclusión desgranando la palabra Chihuahua en “Chi”, lugar, “hua”, agua y “hua” agua, en alusión a los ríos Chuviscar y Sacramento que se unen en las proximidades de la capital. Esta conclusión no podría tener un origen tarahumara, ya que en ese dialecto la traducción de Dos aguas sería “ocuabahuiqui”, que no guarda similitud con la palabra Chihuahua.

Lugar de la Piedra Agujereada, es el significado que se le atribuye a Guaguachí o Guaguachiqui, pueblo del municipio de Guachochi, al invertir las sílabas que lo forman. Esta acepción estaría referida a la ventana que presenta en su parte alta el Cerro del Coronel. Sin embargo en dialecto tarahumara piedra es “rehéque” y agujereada “ehuárame”, palabras cuya fusión no permite construir ni Guaguachi ni Chihuahua.

Costalería o saquería. Sería una derivación de “chihuahuira” o “chihuáhuara”, palabras que usan los indios para referirse a una bolsa de cuero o talega, en la que guardan pinole o vituallas para sus viajes.

El posible origen náhuatl

Así seco o arenoso: Félix Ramos y Duarte en su diccionario de curiosidades Históricas editado en 1899 afirma que Chihuahua es probablemente una palabra de origen nahua que se descompone de "Xi", así, y de "cuahua", síncope de "cuahuacqui", seco o cosa seca o arenosa. En la revista "Chihuahua" editada en 1909 por la Librería de Bouret se dice "...por lo que toca a la etimología de la palabra Chihuahua, es dudosa, se ha supuesto que puede tener parentesco con el nombre "chichilticalli" que se halla en las viejas crónicas y también se supone derivada del náhuatl, pudiendo ser una corrupción de "Xicuahua" y que significaría lugar árido o lugar arenoso".

Por estos motivos, sería en Aquiles Serdán (Santa Eulalia) en donde debería buscarse el accidente geográfico que dio origen al nombre de Chihuahua, tomando en cuenta la regla de los naturales sobre el particular. Además en el estado Existen otros lugares habitados de origen nahua como Almoloya, Atotonilco, Huizopa, Jacal, Mezcal, Tepehuaje, Biznaga, Peyote, Chácate, Petatlán y otras más.

Leyendas mineras de Chihuahua

Alrededor del pasado minero de Chihuahua han surgido muchas leyendas, muchas de ellas centradas en el conocido como Cerro Grande, en la capital. Una de estas leyendas cuenta la historia de dos conquistadores españoles que se dedicaron a la extracción de metales preciosos, quienes incitados por los espíritus indios que protegían aquel territorio, les llevaron a robar 300 kilos de oro, el cual escondieron en el cerro bajo una gran piedra. Cuando se disponían a volver a la ciudad se percataron de que una patrulla se disponía a detenerlos, por lo que intentaron descender por el lado más escarpado, lo que les llevó a despeñarse, sin que nunca se hallaran sus cuerpos. De ese modo, cuenta la leyenda que los espíritus de esos dos españoles protegen a los ladrones que se refugian en el Cerro Grande.