Italia se convirtió en tricampeona de la forma más inesperada, después de una primera fase mediocre en la que empató sus tres partidos. Su juego evolucionó después, hasta protagonizar contra Brasil en semifinales un precioso espectáculo. El de España, selección que fracasó con estrépito, fue un Mundial de polémicas. Y de juego violento. Maradona lo sufrió más que nadie a manos de Gentile.

Es difícil hablar de este Mundial sin mezclar sus dos elementos fundamentales: fútbol por un lado y polémica por el otro. Italia fue la selección que mejor supo moverse entre ambos y por eso se llevó el trofeo.

Y eso que inició el Mundial con una primera fase muy mala. Tres empates en tres partidos y sólo dos goles a favor. Camerún pudo eliminar a Italia, pero sólo logró empatar a uno en el partido en el que se decidió todo.

Marcaje violento y expulsión de Maradona

En la segunda fase, Italia ofreció sus dos caras. Logró vencer a Argentina gracias a un violento y salvaje marcaje de Gentile sobre Maradona, que acudía a su primer mundial. Después de veinte faltas sin que el italiano viera siquiera una tarjeta amarilla, el astro argentino respondió y fue expulsado. El partido acabó 2-1.

Pero todo cambió en el bellísimo encuentro ante Brasil, a la que derrotó por 3-2, con tres tantos de Rossi, quien al final sería máximo goleador del Mundial. En semifinales, Italia se desquitó del 0-0 ante Polonia en la primera fase y venció con suficiencia, 2-0. Otros dos goles de Rossi.

La rabia de Tardelli

En la final Italia pasó por encima de la República Federal de Alemania. El 3-1 definitivo hizo justicia. Para la historia quedó la celebración cargada de rabia de Tardelli en el segundo gol o las efusivas reacciones en el palco del primer ministro italiano, Sandro Pertini.

Los alemanes llegaron a esa final con mucha polémica. En la primera fase, y tras su sorprendente derrota ante Argelia, pactaron con Austria el resultado del último partido. Con el 1-0, ambos clasificados. Los africanos, después de un gran torneo, pidieron la descalificación de ambos. Clamaban en el desierto.

En semifinales, los alemanes eliminaron a Francia en un espléndido partido. Los penaltis decidieron el 3-3 con el que se llegó al final de la prórroga y ahí ganaron los teutones, que remontaron en el tiempo extra el 3-1 que alcanzaron los galos.

La salvajada de Schumacher

Este partido también el que vivió la escena más violenta. Con 1-1 en el marcador, el meta alemán Schumacher arrolló a Battiston sin posibilidad de llegar al balón, mandándole directamente al hospital. La salvajada que debió ser penalti y expulsión acabó un saque de puerta decretado por el árbitro holandés Corver.

Antes de esa semifinal, Alemania se deshizo de España. La selección anfitriona fracasó en un mundial que pensaba ganar. Tuvo un sorteo favorable, pero dilapidó su ventaja con un asombroso empate ante Honduras y una derrota ante Irlanda del Norte.

España tuvo ayuda arbitral

España sólo venció a Yugoslavia, y lo hizo tras empatar gracias a un penalti que se produjo fuera del área y que el árbitro mandó repetir cuando López Ufarte lo falló.

De jugar contra Francia y Austria, España pasó a enfrentarse contra Inglaterra y Alemania. Una mala preparación del equipo y un fútbol poco propicio para la base de jugadores de la Real Sociedad bicampeona de Liga, fueron claves en este histórico fracaso.

Francia y Brasil, quizá las mejores

Francia y Brasil fueron quizá las mejores selecciones. Los galos acabaron como el equipo más goleador, con 16 tantos, y hasta diez de sus jugadores marcaron al menos uno. El Brasil de Zico sólo cedió ante Italia y eso le costó caer incluso antes de las semifinales.

El de España fue el primer mundial que reunió a 24 selecciones, lo que provocó la presencia de algunos combinados exóticos. El Salvador pasó a la historia por encajar la mayor goleada: 10-1 ante Hungría. De entre las selecciones grandes, sólo Holanda falló en la clasificación.

Zoff, el más longevo en una final

El capitán italiano que recogió la copa de campeón fue su portero, Dino Zoff. A sus 40 años y 133 días se convirtió en el jugador más longevo en disputar una final. En esta edición también jugó el más joven de la historia, el norirlandés Norman Whiteside, que se enfrentó a Yugoslavia con 17 años y 41 días.

La polémica más recordada sucedió en la primera fase, cuando Francia anotó el 4-1 ante Kuwait. Sus jugadores pensaron que el juego estaba detenido y el presidente de la federación de aquel país, el jeque Fahad, saltó al campo y exigió que se anulara el gol. El árbitro soviético Stupar le hizo caso y Francia estuvo a punto de retirarse.